
Domingo 3 de octubre de 2010| por Daro Zambra B.
Mauricio Cárdenas puede mirar a Latinoamérica desde dentro, pero también desde afuera. Fue ministro de Transportes de Colombia y hoy está a cargo del Instituto para América Latina del Brookings Institution, uno de los centros de pensamientos más influyentes de los Estados Unidos y que tiene una orientación de centro. "Calidad. Independencia. Impacto", es el lema de esta organización.
Cárdenas estuvo la semana pasada en Chile, donde participó en un encuentro con investigadores de Cieplan, think tank con el cual el Brookings Institution tiene una alianza estratégica, ya que ambos son parte de una red de centros de estudios con una orientación similar. "Tenemos una muy buena y estrecha relación. Con algunos de los investigadores de Cieplan tengo una cercanía especial con Patricio Meller y Alejandro Foxley", cuenta el profesional.
Con ambos -y también otros expertos- debatió el viernes de la semana pasada en Santiago, acerca principalmente del rumbo poscrisis que están tomando las economías de América Latina, que, a juicio de Cárdenas, debe evitar la complacencia de saber que los países del continente se recuperaron de la crisis internacional. "En este momento es muy fácil olvidarse de los problemas que tenemos, que son muchos y están latentes. Más bien hay que aprovechar este buen momento para no cruzarnos de brazos y no bajar la guardia. Es un momento para decir que hay una oportunidad y más recursos y tenemos que aprovecharlos para resolver problemas de muchos años".
A juicio de Cárdenas, el panorama en América Latina es bueno, "a excepción de Venezuela, que es un país que está en grandes problemas. Más que mejorar está empeorando. Su problema más grave es la economía, que está en una fase de caída muy fuerte. Cuando Latinoamérica está recuperándose, Venezuela está cayendo, porque sus políticas no han dado buenos resultados. La gente puede estar de acuerdo o no con Hugo Chávez en el plano político, pero lo que es incuestionable es que el manejo económico no le está funcionando, porque ha ignorado ciertos principios básicos del manejo de la economía y ha tratado de improvisar, dejando un poco de lado lecciones aprendidas que le han rentado muchísimo a América Latina en el pasado, pero a las que Venezuela ha hecho oídos sordos".
-¿Cómo ha sido la recuperación de la crisis en el resto de los países del continente?
-La estrella ha sido Brasil, con un crecimiento espectacular en este año. Ya está mejor que lo que estaba antes de la crisis. Ha alcanzado nuevas cumbres en términos de producción, empleo y confianza de los consumidores.
-¿Son sólidas las bases de ese crecimiento?
-Son bases sólidas, pero también hay riesgos, los que están asociados a que es un país que ha crecido mucho, pero que no ha hecho suficiente en su infraestructura. La inversión pública en Brasil es sorprendentemente baja frente a, por ejemplo, lo que recauda en impuestos. Es un país que vive un poco más que en función del gasto. Tiene espacio para crecer, pero para poder hacer esa inversión tiene que realizar un planteamiento muy grande en el gasto, porque el grueso de ese gasto se va a consumo y a transferencias y no a inversión. Ese es un cuello de botella que rápidamente te empieza a apretar y en la medida que empieza a hacerlo, la economía no puede seguir creciendo al ritmo en que va, porque genera inflación.
-¿De qué manera ese buen momento de Brasil puede permear al resto de América Latina?
-El buen momento de Brasil irriga mucho al resto del continente. Hay países que se benefician directamente como Argentina, porque el mercado brasileño es muy importante para ellos, sobre todo para su producción industrial. Hay otros países que se benefician un poco más indirectamente, y es que no hay duda de que Brasil es el país estrella de la región y los mercados de capitales internacionales se forman una opinión sobre Latinoamérica muy guiados por lo que suceda sobre ahí. Para muchos inversionistas es el punto de entrada a la región.
-¿El resto de los países está con una recuperación más moderada que la de Brasil?
-Es más moderada, excepto México, que también repuntó muy rápidamente, pero eso será más flor de un día, porque no tiene tantas bases estructurales para mantener ese crecimiento. Hay tres países que van en una categoría y con movimientos muy parecidos, que son Chile, Perú y Colombia. Están recuperándose, pero todavía no han alcanzado el nivel que tenían antes de la crisis.
-¿Pero van hacia allá o necesitan un impulso mayor?
-Van hacia allá, llegan solos, no hay que empujarlos mucho ni hacer grandes reformas. De los tres, el que está un poco más rezagado es Colombia, porque se le ha sumado el problema de Venezuela. Así como para Argentina el tener a Brasil creciendo a 8% es una bendición, para Colombia tener a Venezuela cayendo al 4% es un gran problema, porque es el principal mercado para los productos de la industria colombiana.
-En general, el panorama de América Latina es auspicioso. ¿Cuáles son los mayores riesgos para sus economías?
-Su principal problema es que ya no habrá exuberancia, se acabó. El gran auge que tuvimos hacia 2006-2007 con el alto precio de los commodities no se va a repetir. Todo esto depende de lo que está pasando en China, donde hay un proceso de urbanización muy acelerado, que junto con la urbanización de las ciudades está generando la demanda por estos commodities, como cobre, hierro, acero y petróleo. Pero la evidencia internacional es que llega un punto donde el nivel de ingreso puede seguir subiendo, pero ya no aumenta proporcionalmente la demanda por materias primas. La gente pasa más bien a consumir servicios, que no requieren tanta materia prima. Los modelos estiman que en cinco años China llega a ese nivel de ingreso en el que ya se suaviza, se modera, se vuelve más plana la curva de demanda por productos básicos. Entonces, a América Latina le quedan cinco años de gloria.
-Y después de esa exuberancia, ¿qué viene?
-Vamos a tener que volver a pensar en los sectores que hemos tenido un poco olvidados, que son la manufactura, la industria, la agricultura . Por eso a mí me preocupa tanto esto de la sobrevaluación de nuestras monedas, porque se sabe que cuando la China termine su proceso de transformación, nosotros nos preguntaremos qué vamos a exportar y puede que en esta fase algunas industrias hayan desaparecido y ya sea tarde. Hay países que no han aceptado la tesis de que hay que dejar que la fuerza del mercado se expresen y las monedas se aprecien y se reevalúen. Hay bancos centrales que han sido más fuertes en la decisión de evitar la reevaluación. Brasil, por ejemplo, ha tratado de evitar que su moneda se aprecie, acumulando muchas reservas internacionales.
-¿Qué países están más preparados para enfrentar el fin del boom de la demanda china?
-Hay dos países que están haciendo bien las cosas, que son Chile y Brasil. Chile es consciente de ese problema que se viene más adelante, de que es muy dependiente del cobre y por eso ha dicho que invertirá más en tecnología e innovación. Por otro lado, su infraestructura está mejor. Sabe que se necesita mayor cantidad de recursos públicos en generar ese conocimiento y esa innovación que nos permitirá llegar a productos más sofisticados con mayor valor agregado.
-Finalmente, su diagnóstico es que América Latina salió más o menos ilesa de la crisis internacional.
-Salió muy bien, excepto los países pequeños. Cuando hablamos de América Latina tendemos a generalizar, pero quedan muchos otros países además de los mencionados. A Centroamérica y el Caribe no le ha ido bien. Entonces, podemos hablar que hay dos Latinoamérica, y yo diría que tres, si pensamos que Venezuela es una categoría aparte, donde todo es fuera de lo normal.
-¿En qué estado se encuentra esa otra América Latina?
-Tiene un cordón umbilical muy fuerte con EEUU, que depende mucho de su comercio, de las remesas de los inmigrantes que están allá y del turismo, que es esencialmente de ese país. Entonces, Centroamérica y el Caribe están muy aproblemadas porque también hay mucho narcotráfico, como sucede en Guatemala, Honduras y Nicaragua. Los problemas aparecerán más graves en estos países, porque son estados más débiles y no pueden enfrentar problemas de narcotráfico como lo puede hacer el Estado mexicano. //LND