
Miércoles 18 de noviembre de 2009| por Claudio Avendao *
El trabajo de los periodistas no sólo depende de las habilidades profesionales y las condiciones de la organización, el nutriente básico es la información oportuna y de calidad para generar esa representación de la realidad que llamamos noticia. Muchos factores en la cotidianeidad inciden en el producto que reciben los ciudadanos. Sobre estos aspectos hay un notorio desconocimiento. He trabajado en talleres de formación en medios, con docentes y estudiantes de distintos sectores socioeconómicos. Ahí he comprobado los preconceptos e ideas erróneas sobre las prácticas de producción medial que tienen y que atentan contra el desarrollo de públicos autónomos y críticos. No se puede criticar lo que se desconoce.
Aunque no fue concebido para la educación de medios, el VI Barómetro de Acceso a la Información (ver aquí), impulsado por la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales, la Fundación de la Prensa y Adimark GfK, es un buen estudio para comprender el backstage del trabajo periodístico. Se aplica un cuestionario a periodistas de medios para captar la percepción sobre las dimensiones del tema central: acceso a la información.
Un primer dato positivo: 63,5% cree que ha mejorado el acceso a la información, superior al obtenido en 2008 (45,3%) y 2007 (42,6%). Es un avance, pero revisemos algunos datos reveladores. Los mecanismos más efectivos y frecuentes de acceso son las llamadas telefónicas a autoridades (66%) y los contactos personales informales (57,8%), ambas instancias de contacto directo. Tal vez por eso escuchamos que somos un-pequeño-país-en-que-nos-conocemos-todos. Esto delata el tipo de lazos y cercanía/lejanía del trabajo informativo con organizaciones relacionadas a su quehacer.
Una tendencia que crece es la utilización de información de "empresas de comunicación y asesores", la frecuencia de uso en 2007 fue de 25%; 2008, 29%; y en 2009 bajó a 24%. Sin embargo, el trabajo diario está poblado de dificultades, la no respuesta a llamadas telefónicas es la primera, con 42% (2008, 19% y 2007, 32%); segundo, las instrucciones a subalternos para no hablar con la prensa subió a 33% (2008, 31% y 2007, 32%). El off the record, que en 2009 llega a 33%, el año pasado tuvo 31% y en 2007, 30%. Se observa un cambio drástico en las tres primeras menciones: no contestar llamadas pasó al primer lugar y el off the record, que ocupó el primer puesto el año pasado, se desplazó al tercero.
¿Qué papel ha jugado la Ley de Transparencia? Un 35% califica con nota 6 a 7 este nuevo mecanismo, no obstante 37% la califica con notas de 1 a 4. En Santiago y en los medios escritos los mecanismos de esta ley son mejor valorados. Quizás la cercanía con las fuentes en regiones explique su menor valoración.
Respecto de la percepción sobre las instituciones, las mejores cinco evaluadas son Onemi (se incluye por primera vez), Investigaciones, Banco Central, Contraloría y Ministerio Público. Un cambio respecto al año pasado es su mayor heterogeneidad. En 2008 cuatro de las cinco instituciones estaban relacionadas con la administración de justicia. Ahora la tendencia son los bajos lugares que obtienen las empresas de servicio público. Las cuatro últimas corresponden a este rubro, dos son del Estado (EFE y servicios de salud pública) y dos privadas (telecomunicaciones y gas).
Aunque el Barómetro está más enfocado en las instituciones que manejan información pública y que son de eventual interés de los ciudadanos, las vidas de las personas están muy ligadas a las organizaciones propias del mercado. Sería interesante disponer en futuros barómetros de la percepción de los periodistas sobre el acceso a la información de empresas privadas. Hay especificidades que hacen que esta información pueda tener un carácter estratégico y reservado, en especial por la competencia, pero identificar aquellos aspectos que se relacionan con lo noticioso y su impacto en las personas, ayudaría a formar una visión más global y comprensiva del trabajo medial.
La transparencia es un valor creciente, que debería involucrar a todos los sectores de la sociedad. Es un hecho que en el mundo empresarial se ha avanzado, pero ignoramos qué piensan los periodistas al respecto.
Por tratarse de un año de elecciones, se incluyó la valoración sobre la labor comunicacional de los comandos presidenciales. El ranking ubica primero a Marco Enríquez-Ominami, luego a Jorge Arrate, Sebastián Piñera y Eduardo Frei. Lo que más se valora del primero es la buena disposición y la entrega oportuna de información. ¿Ésos no deberían ser atributos que marquen el trabajo de los cuatro aspirantes a la Presidencia? ¿Cómo nos explicamos que el comando de Frei tenga puntuaciones de alrededor de 20% en disposición, confiabilidad y entrega oportuna de información y los comandos de Piñera y Arrate estén bajo 50%? ¿No debería ser éste el mínimo en una época en que la política y sobre todo las elecciones están fuertemente mediatizadas
* Director magíster internacional en Comunicación Universidad Diego Portales