"Dios es un sádico"
Levantando polvo, el Premio Nobel de literatura viaja por el antiguo testamento en “Caín”, donde estudia al asesino bíblico, la figura del hacedor y la toxicidad de las religiones. “Los católicos no leen la Biblia, ¿quién va a leerse eso? Se quedan con la palabra del cura el domingo”, dice el portugués.
Caín, nada menos, es el protagonista de la nueva novela de José Saramago (Azinhaga, 1922), que acaba de publicar Alfaguara. El pasado fin de semana, Saramago y su esposa, Pilar del Río, asistieron al festival Escritaria, en la localidad de Penafiel, cerca de Oporto, que se transformó para homenajear al escritor: grupos de teatro callejero daban vida a sus personajes, postits gigantes recordaban frases suyas y el rostro de Saramago aparecía, entre severo y apacible, en los escaparates de todas las tiendas.
-La novela “Caín” no es solamente la historia de este personaje sino que usted le hace viajar por el Antiguo Testamento. ¿Cómo le vino la idea de reescribir episodios bíblicos, cosa que no hacía desde “El evangelio según Jesucristo”, un libro de 1991?
-No soy un escritor de temas religiosos, pero eso no significa que la religión no me interese. ¿Cómo podría no interesarme algo que ha hecho de nosotros las personas que somos? Aunque no seamos creyentes, la religión está en el aire, la respiramos. No se puede ignorar. “En memorial del convento” (1982) ya se hace una crítica no tanto a Dios, como aquí, sino a la santa Iglesia católica, apostólica y romana. La reacción de Aníbal Cavaco Silva, entonces primer ministro, a “El Evangelio según Jesucristo”, como sabe, me hizo abandonar mi país. Caín me ha interesado desde hace muchísimos años, le iba dando vueltas en la cabeza, pero quizá antes no poseía la madurez necesaria para enfrentarme a este tema.
-Caín mata a Abel, pero aquí entendemos un poco más por qué lo hizo.
-Es muy fácil condenar a Caín por fratricidio y yo tampoco lo absuelvo, que quede claro. Lo que hago es poner una parte de la culpa en Dios: Él, que todo lo sabe, podría haber evitado eso. Su responsabilidad es que cuando los dos hermanos le ofrecen los productos de su trabajo, Caín, al ser agricultor, le ofrece verduras, y Abel, como es ganadero, le regala carne. Dios queda encantado con la grasa del cordero ardiendo en la hoguera... y desprecia las ofrendas de Caín. ¿Qué clase de dios es este que, para enaltecer a uno, desprecia a otro, de una manera tan provocadora? Caín es humillado por Dios, y mata a su hermano porque no puede matar a Dios, que es lo que quisiera.
-También hay otras descripciones de gran violencia.
-Sí, pero ahí sí que no he necesitado añadir nada a la violencia que se encontraba en los textos bíblicos de origen. Quizá he ridiculizado algunas situaciones, como cuando Abraham va a matar a su hijo...
-Sí, al final no es Dios quien salva a la criatura...
-Bueno, Dios envía en el último instante a un ángel a detener el ímpetu asesino del fiel Abraham, pero el ángel llega tarde porque sufre una avería en el ala derecha. Aparte de esa chapuza, su Dios no es demasiado omnipotente, incluso llega a exclamar: “Ser dios no es tan fácil como creéis”. Si nosotros fuéramos infalibles e inmaculados, habríamos creado un Dios así. Pero los hombres hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés. Por eso es tan cruel, mala persona y vengativo. Dios y el demonio no están en el cielo ni en el infierno, están en nuestra cabeza. Primero creamos a Dios y luego nos esclavizamos a él.
-Aunque hay quejas de obispos en Portugal, ¿cree que la novela puede levantar tanta polémica como su evangelio... de 1991?
-Jamás lo hubiera dicho. Creía que a la Iglesia Católica no le iba a interesar entrar en este tema, en algo que, además, no es suyo, porque el Antiguo Testamento es el libro de los judíos. No me imaginaba que se pronunciaran con el libro todavía en el horno, que volvieran a desempolvar esos viejos odios e incomprensiones. Mire, los católicos no leen la Biblia, ¿quién va a leerse eso? Se quedan con la palabra del cura el domingo.
-El mensaje de la novela serían las consecuencias destructivas de creer en algo como Dios, ¿no?
-No me gusta nunca hablar de mensaje en literatura. El mensaje es el que cada lector pueda extraer, muy diferente en cada caso. Yo soy ateo y me siento incapaz, incluso haciendo un esfuerzo mental, de creer en Dios. Y, en mi caso, nunca he tenido ninguna duda sobre las consecuencias enormemente negativas y nefastas de la existencia de religiones, que inevitablemente se oponen las unas a las otras. Matar, matar, matar... eso es lo que han hecho a lo largo de la historia, no hay nada que añadir a su historial sangriento.
-Se ocupa también del episodio de Sodoma y Gomorra...
-Me interesaba el debate entre Abraham y Dios. El Señor quiere arrasar esas ciudades y Abraham, para salvar a los hombres de semejante destino trágico, le pide que no lo haga si encuentra cincuenta hombres justos en ellas. Dios acepta y se produce un regateo: y si hubiera 40 inocentes, y si 30, y si 20... al final, Dios le promete que no quemará Sodoma y Gomorra si hay en ellas diez personas inocentes, cierran ese acuerdo. Pero Dios quema las ciudades. Y Abraham se da cuenta de que había muchos más inocentes que diez: todos los niños. Dios es un sádico, es cruel, no es alguien de fiar.