
Domingo 24 de enero de 2010| por Jon Henley / The Guardian
Muchas personas tienden a pensar que la adicción por el sexo en realidad no existe. No son solamente personas comunes, como aquellos de entre nosotros que sólo escuchamos sobre el tema cuando celebridades (como Tiger Woods) se internan en alguna clínica exclusiva, y que no podemos evitar preguntarnos, cuando la noticia se abre paso milagrosamente a los medios, cuánto de esto es un problema genuino y cuánto corresponde a unas relaciones públicas bien programadas y hábilmente ideadas. Es también algo que tienden a pensar muchos expertos en el campo de las adicciones. Demasiado sexo, dicen, ya sea físico o virtual, no equivale a una adicción. Los más radicales creen que la palabra "adicción" es solamente una etiqueta para describir una conducta que no corresponde a las normas de la sociedad. Los puristas aceptan que la "adicción" se refiera solamente a la ingestión de ciertas sustancias, como alcohol o drogas. Muchos clasifican el sexo excesivo como un desorden obsesivo-compulsivo y lo llaman en cambio "compulsión sexual". Otros sostienen que referir al fenómeno como una adicción socava la responsabilidad del individuo para su comportamiento. Otros, todavía, mantienen que es un mito, un subproducto de influencias culturales y de otro tipo.
SALVANDO EL MATRIMONIO
Nada de lo cual, por supuesto, ha detenido el desarrollo de una floreciente industria para tratar el desorden (si es que es un desorden).
El doctor Patrick Carnes, la principal figura en este campo y autor de media docena de libros sobre el tema (incluyendo el seminal "Fuera de las sombras: Para entender la adicción sexual"), dirige el programa de adicción sexual Gentle Path en Hattiesburg, Mississippi, donde el deportista más rico del mundo, Tiger Woods está, según se informa, gastando seis meses (y 60.000 dólares) en un intento por salvar su matrimonio y, se imagina uno, sus auspiciadores, tras las revelaciones de que podría haber tenido relaciones con hasta una docena de mujeres.
Su tratamiento, especialmente hecho a su medida, incluye aparentemente un compromiso de permanecer célibe durante la duración del curso, así como consultas siquiátricas, terapias conductuales, trabajos de trauma, "asesoría para prevención de recaídas" y sesiones individuales de reducción de la vergüenza y de "fijación de límites sexuales". Hay también arte, ejercicios y clases de yoga, al igual que un "día de revelación" de resonancia apocalíptica en que Woods tendrá que relatarle a su esposa Elin todos sus encuentros extramaritales.
Carnes, quien no sólo ha obtenido muchos premios, sino que vio bautizar con su nombre el premio anual de la Sociedad Estadounidense para el Avance de la Salud Sexual (el Carnes Award), cree absolutamente que la adicción sexual existe. "¿Soy yo un adicto al sexo?", pregunta invitante de su sitio web. "Evalúe su conducta con nuestro examen online". Las preguntas van desde "¿Es en el sexo casi todo lo que usted piensa?", hasta "¿Ha recurrido usted a prostitutas y escoltas para satisfacer sus necesidades sexuales?" y otras. Carnes cree que entre 3% y 6% de la población de Estados Unidos sufre de adicción sexual, hasta el punto en que han terminado perdiendo oportunidades de carrera (27%), parejas (40%) e incluso la voluntad de vivir (17%).
DENOMINADORES COMUNES
¿Es usted entonces adicto (a) al sexo? Las señales de advertencia, según Carnes, incluyen: sentir que su conducta está fuera de control; saber que puede haber consecuencias graves si usted continúa; querer y tratar de parar lo que se está haciendo pero sentirse incapaz de hacerlo, pese a saber las consecuencias; necesitar más y más sexo para sentir la misma satisfacción; gastar una cantidad cada vez mayor de tiempo planificando, teniendo y recuperándose del sexo; y descuidando otras áreas importantes de su vida a favor del sexo.
Paula Hall coincide en su mayor parte. Esta sicoterapeuta sexual británica trata cada año hasta a 70 personas por adicción sexual (casi exclusivamente hombres heterosexuales; hay muy pocos datos sobre las mujeres con adicción sexual y tampoco sobre las personas gay). Dice que "lo primero que hay que entender sobre la adicción sexual es que no se trata de tener una alta actividad sexual, tampoco de ningún tipo particular de actividad sexual. El tema es su relación con el sexo: si usted lo usa consistentemente como una manera de alterar su estado de ánimo; si se convierte en el mecanismo primario para enfrentar las dificultades que está tendiendo en su vida. Por supuesto, nada de esto importa si usted no está violando la ley o arriesgando su salud. Muchas personas buscan en el sexo un alivio. Lo que importa es si ésta es la única fuente de alivio que usted tiene y si tiene consecuencias dañinas". Las personas a las que Hall ve por adicción sexual proviene de todos los sectores de la vida y sus adicciones toman muchas formas, desde uso excesivo de pornografía hasta masturbación compulsiva mediante fetiches, sexo de alto riesgo, sexo pagado, sexo por internet y relaciones múltiples. Pero hay algunos denominadores comunes. Dice que la oportunidad juega una papel importante. Muchos, también, han sufrido algún tipo de abuso en su infancia, que "les ha causado problemas para modular y regular sus emociones". (Las investigaciones de Carnes sugieren que hasta el 81% de sus pacientes en estado avanzado de recuperación dijeron haber sido abusados cuando niños, mientras 72% informaron de otros abusos físicos y 97% abusos emocionales).
UN JUICIO DE VALOR
Hall dice que la pornografía por internet "es la cocaína crack de la adicción sexual". ( ) Muchos pasan raudamente de mirar pornografía a buscar encuentro sexuales en la vida real. Tina Grigoriu, sicóloga que habitualmente trata casos de adicción sexual, concuerda en que ese comportamiento es generalmente "una manifestación de cuando las personas no tienen los recursos sicológicos para manejar sus vidas". Y cree que la mejor manera de tratarlo es con un programa clásico antiadicción, como el desarrollado originalmente por Alcohólicos Anónimos.
Existen varios de estos grupos en Estados Unidos, incluyendo Sexaholics Anonymous, Sex and Love Addicts Anonymous, Sexual Compulsives Anonymous y Sex Addicts Anonymous. Otros expertos no están tan convencidos. "No hay duda de que hay problemas aceptados en torno de una conducta sexual apropiada", dice el siquiatra Cosmo
Hallstrom. "Algunos prácticas son aceptables, otras no lo son. A menudo es un juicio de valor. Todo el concepto de la adicción sexual proviene del mundo de Alcohólicos Anónimos. Había adicciones al alcohol, a las drogas, luego al ejercicio y al trabajo; y agregaron el sexo. Ese estilo de tratamiento está ciertamente en boga en este momento, pero hay otros enfoques. Las drogas antitestosterona tienen un beneficio demostrado, aunque no están muy de moda. La terapia conductual cognitiva estándar, el enfoque sicológico que busca problemas subyacentes, puede funcionar. También un tratamiento sicoanalítico, para ver de qué manera las experiencias de infancia podrían estar afectando la conducta adulta".
LO GRAVE ES CUANDO TE PILLAN
Pero algunos profesionales son escépticos respecto del supuesto alcance de la "adicción" sexual. El profesor Mark Griffiths, de la Universidad de Nottingham-Trent y especialista en adicción conductual, dice que está seguro de que "cualquier comportamiento puede ser potencialmente adictivo", en el sentido de que "se convierte en la cosa más importante en la vida de las personas; la gente compromete por ello sus relaciones, sus empleos, sus familias; la gente lo utiliza para volarse y para obtener alivio". Dice que nos hacemos adictos a esas conductas "para una recompensa constante, fisiológica, sicológica, social y financiera". Pero dice que todo es una cuestión de contexto: "Un entusiasmo sano suma a la vida; una adicción le resta. Si usted es una persona soltera de 23 años de edad y es un trabajólico, es probablemente una buena cosa. Si usted tiene 38 y está casado con dos hijos, probablemente no lo es. La pregunta es: ¿hasta qué punto impacta esta conducta negativamente en su vida? Y si bien creo que hay personas para las que el sexo es la cosa más importante de sus vidas, y que existen adictos sexuales genuinos con problemas muy serios pienso que exageramos grandemente su número". Griffiths cree que la gran mayoría de la gente que se interna en clínicas para adicción sexual o que buscan otros tratamientos para lo que ven como una adicción al sexo, están simplemente "usando el término 'adicción' para justificar su adicción. Los sicólogos llaman a esto apropiación funcional. Se trata de buscar justificación mediante esta idea de que 'no podemos realmente ayudarnos solos'". Y en el caso de las celebridades de alto perfil supuestamente adictas al sexo, "se encontraban simplemente en una posición en la que estaban probablemente siendo bombardeados con ofertas y sucumbieron. Pero ¿cuántas personas no harían lo mismo si tuvieran la oportunidad? Se convierte en problema sólo cuando te descubren, cuando se corre peligro de dañar tu imagen de marca. Mire, yo probablemente tuve demasiado sexo cuando era estudiante. Pero no causó ningún problema al resto de mi vida. No conozco mucho sobre Tiger Woods, pero si no lo hubieran pillado, dudo que se vería a sí mismo como un 'adicto al sexo'".
Y no habría presumiblemente una clínica dispuesta a cobrarle 60.000 dólares a cambio de una cura.
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