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  "NayNay" y "Angel a martillazos": dos buenas sorpresas

  Dos montajes hace poco en el circuito, distintos en temas y formatos, tienen algo en común: en su sentido escénico conectan la palpitante realidad y sus bordes de extrema dureza, con los sueños que, a veces, son mucho más sólidos que la existencia cotidiana.

Viernes 1 de abril de 2011| por Leopoldo Pulgar Ibarra

"NayNay, el tejer de la vida" (en la imagen) nace del corazón. Es una obra que palpita sobre el escenario, movida por una marejada tan cálida y profunda, que lleva al espectador a la extensa frontera de lo originario.

Con la dirección de la joven María Lorena Figueroa y la dramaturgia de Mariela Córdova, que se basó en la leyenda escrita por María Inés Vega, "El origen del huitral o telar mapuche", más el uso de marionetas de madera, este montaje se convierte en un hermoso rito de humanidad.

La obra habla de una sequía que azota a un pueblo y de ciertos padres ancestrales que le entregan a NayNay la misión de salvarlo, un destino que la joven cumplirá, pese a los obstáculos, dejando que sus hábiles manos tejan la lana colorida, dando paso al nacimiento del telar.

Lana, madera, ramas y otros productos naturales son usados en la estructura de la escenografía móvil de la obra. A su vez, los protagonistas -marionetas de sujeción directa- adquieren vida a través de la manipulación a la vista que hace el elenco (Andrea Contreras, Margarita Monsalve, Simón Salzmann, Patricia Raths) sobre estos cuerpos de madera, aparentemente inanimados e inexpresivos.

El montaje transcurre en tres espacios escénicos, cada uno con un diseño y una calidez humana y familiar. El relato da cuenta de la adolescencia de NayNay, la estrictez del padre y de la relación de hombres y mujeres con los mitos y la divinidad. Habla de respetos, certezas, obligaciones y dudas de cada personaje. Una mezcla de ingenuidad, credulidad y convicciones.

Quizás el mayor mérito de este montaje es haber logrado un ritmo que sugiere la narración oral, esa tradición que va de boca en boca a través de una cadencia pausada, serena, pero sólida y creíble, con el importante soporte musical de Marcelo Peña. Equivale a ese hablar de conciencia a conciencia que acompaña la acción vital, esta vez, al interior de un espacio de armonía conflictiva entre todos y con todos.

En este segundo montaje de la compañía Teatro Artico (elenco formado en la Escuela Internacional del Gesto y la Imagen La Mancha) se advierte un notorio avance en la apropiación de la técnica siempre difícil y compleja de las marionetas. Pero el gran paso que dan la directora y el grupo radica en la plena identificación con el instrumento escénico que utiliza y, especialmente, en la capacidad de ofrecer un trabajo teatral joven, maduro y atractivo. Porque saben de lo que hablan y aman lo que saben y dicen.

(Sala "Jorge Díaz". Pedro de Valdivia 1509. F: 420 7288. Sá. 19.00; do., 12.00 y 19.00. $ 3.000 y $ 2.000 (Do. niños $ 1.000).

"ÁNGEL A MARTILLAZOS"

Desde el título esta obra relaciona con violencia lo suave y delicado con la realidad más brutal, en zonas vulnerables y marginadas de una comuna de Santiago. Y no es raro, ya que se inspira en la crónica policial, el famoso caso Rojo, ocurrido el 2008, ese de la madre condenada a presidio perpetuo por matar a martillazos a uno de sus hijos y dejar con graves secuelas neurológicas al mayor de 15 años de edad, interpretada por Paola Volpato.

Amor, celos y pasiones desenfrenadas maniobran en el trasfondo de este montaje. Y el síndrome de Medea como explicación fácil: reaccionar por celos y venganza, matando a los hijos.

Sobre la idea inicial de Francisco Krebs, también director del montaje, el dramaturgo Pablo Paredes habría transformado el hecho criminal en una reflexión exclusiva sobre el futuro si no fuera por el retorno a escenas previas que llevan al fatal desenlace.

En realidad, en este relato escénico todo está consumado y resuelto, justo la oportunidad para que Pablo, el hijo mayor sobreviviente, reconstruya a fragmentos partes de este triste episodio. Su deseo es juntarse con su hermano y no siempre tiene claridad qué o cómo tiene que hacerlo. Esteban, de siete años, vestido con alas de ángel, lo visita a menudo, en una relación filial tierna que se manifiesta sencilla y delicada.

La obra se aleja de toda truculencia policial. Nunca exacerba la violencia ni entrega un relato con muchos detalles. Más bien alude a estados de conciencia: momentos de lucidez, búsqueda de verdad y hermandad más allá del tiempo y del espacio, en los niños; expresiones de cansancio, dudas, incertidumbres descontroladas, cobardías, indecisiones, aspiracionismo social, en los adultos.

Refresca este panorama La Rancherita, el vértice del triángulo amoroso que motivó los celos y el crimen de los niños. La actriz Loreto Lustig la interpreta con sensualidad, cantando en vivo rítmicas canciones mexicanas.

La escenografía (diseño de Andrés Lagos) y lo que sugiere como espacio escénico es muy atractivo en este montaje. Interesante en su sencillez y sorpresiva en su despliegue: un murallón blanco con simétricas cuadrículas negras que sugiere un espacio indefinible, neutro, terrenal y celestial, tal vez, aparentemente plano. Sin embargo, al empujar de adentro hacia fuera ciertos sectores, surge un camarote, una puerta o una escala. Muy bien logrado.

"Angel a martillazos" equivale a una primera aproximación a un suceso de naturaleza muy compleja que impactó a la sociedad. Su principal valor está en apropiarse de aspectos relevantes de realidad nacional, que van más allá del crimen, sentirlos como necesidad, buscar allí los personajes que requiere el teatro y proponer una mirada inicial en pleno desarrollo.

(Sala Finis Terrae. Pedro de Valdivia 1509. F: 8 923 4352. Ju., vi. y sá., 21.00; do., 20.30. $ 3.000 y $ 2.000).

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