
Domingo 22 de noviembre de 2009| por Libio Prez
Viajó los más de 8 mil kilómetros que separan Washington de Santiago de Chile por unos pocos días, para cumplir con su compromiso de apoyar en terreno la campaña presidencial concertacionista de Eduardo Frei. Salió a las calles de Puente Alto y La Pintana a buscar votos como un ciudadano más, pese a su alta investidura en la Organización de Estados Americanos (OEA). En medio de su apretada agenda "campañera", el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, se dio tiempo para reflexionar sobre la crisis de Honduras y el estado de los conflictos en América Latina, que a diario le preocupan y observa desde su oficina en la capital de Estados Unidos.
Honduras, con certeza, ha estado en el centro de sus actividades y gestiones desde aquel 28 de junio, cuando el Presidente legítimo de ese país de América Central, Manuel Zelaya, fue sacado de su casa a punta de fusiles y enviado al exilio. "Ahí está en juego el precedente" que deja sentado lo que llama el "golpe correctivo", que depone a un gobernante por la fuerza para luego mitigarlo con el llamado inmediato a elecciones. "Eso no puede suceder", dice tajante, al explicar todo el esfuerzo que ha hecho la OEA, con él a la cabeza, para buscar una solución al conflicto.
No duda en responsabilizar al gobierno de facto que lidera Roberto Micheletti -quien esta semana anunció que se ausentará del poder hasta después de las elecciones- de incumplir el llamado Pacto de Tegucigalpa, según el cual debía conformarse un gobierno de unidad nacional y llevar al Congreso la decisión de reponer a Zelaya en el poder, todo eso antes de las elecciones programadas para el próximo domingo.
El calendario avanza inexorable, y si Zelaya no regresa al poder, Insulza estima que será muy difícil después de los comicios. Peor aún, avizora una potencial división de la comunidad internacional entre aquellos países que podrían validar la elección hondureña y aquellos que están por no reconocerlas. Aun así tiene alguna confianza en que es posible un acuerdo y que se reabra el diálogo.
Es más o menos lo mismo que espera -diálogo y acuerdo- en la región andina, donde cada cierto tiempo escala el conflicto entre Colombia y Venezuela. Una zona que se "calienta" por la acción guerrillera colombiana, por las bases militares pactadas entre Washington y Bogotá y por las arremetidas verbales del Presidente Hugo Chávez.
Del lío desatado por Perú y sus acusaciones a Chile por espionaje, ni hablar. "No, sobre eso no me pronuncio, salvo esperar que se imponga el diálogo y que nada entorpezca las relaciones entre ambos países", dice, para luego sumirse en el silencio.
-¿Se complicaron las cosas en Honduras?
-En estos momentos todo está en una situación de statu quo, porque -por distintas razones- la implementación del acuerdo que iban a verificar el ex Presidente Ricardo Lagos y la secretaria del Trabajo de EEUU, Hilda Solís, se frustró por una maniobra del señor Micheletti. Él envió una nota a un grupo de personas -entre ellas a Manuel Zelaya- pidiéndoles que le dieran nombres para un gabinete de unidad nacional; esa nunca fue la idea. Y luego siguió la decisión de Zelaya de declarar fracasado el diálogo. A partir de entonces se han sucedido muchas gestiones privadas para tratar de reponer el acuerdo, pero en estos momentos no hay nada firme. Hasta ahora las cosas siguen el curso fatal que lleva al 29 de noviembre, si es que no hay acuerdo previo.
-¿Y qué pasará si no hay acuerdo antes y se realizan las elecciones?
-En el caso de la OEA, algunos países las reconocerán y otros no, depende mucho de lo que pase el día de la elección. La suspensión de Honduras de la OEA sigue estando vigente, por lo tanto yo no puedo enviar una misión electoral. Muchos dicen que me he negado a enviar una misión; pero no me he negado. Honduras fue suspendida de la OEA el 4 de julio pasado, por lo que no corresponde enviar una misión electoral. La situación es muy incierta y espero que recapaciten las partes y podamos llegar a alguna fórmula para resolver los problemas.
-¿La OEA ya se retiró de Honduras?
-En este momento hay una misión en Tegucigalpa con Enrique Correa (el ex ministro chileno) y el embajador y ex candidato presidencial argentino José Octavio Bordón; ambos están realizando gestiones, pero hasta ahora no hay resultados.
-¿Cuál es su evaluación del papel que ha jugado EEUU en el acuerdo?
-Hay dos fases. En la primera promovimos juntos un entendimiento y la OEA es tan responsable como EEUU de su resultado, que se dio en el marco del llamado Acuerdo de San José, para lo cual fuimos con un grupo de cancilleres a inaugurar el diálogo y luego fuimos al amarre final.
-¿Y qué pasó?, EEUU deslizó que reconocería las elecciones y Zelaya reclama en su carta a Barack Obama que lo dejaron "a mitad de camino".
-Hubo una declaración de un embajador en el sentido que EEUU reconocería las elecciones a toda costa, pero eso no es así. EEUU todavía espera un gesto de las partes para darle curso al proceso; por lo tanto no hay nada criticable. No hubo un cambio de posición, como dijo el Presidente Zelaya, lo que hay es un incumplimiento de las partes, particularmente del señor Micheletti.
-Ian Kelly, del Departamento de Estado, dijo que EEUU no ha cambiado de postura, pero se aprecia que hay una mayor disposición de EEUU a reconocer el resultado de las elecciones.
-Es que no hay decisiones en los países. Hay algunos que dicen desde ya que no reconocerán las elecciones, ésa ha sido la posición de varios países de América del Sur como Argentina, Brasil, Venezuela y Chile, entre otros. Otros plantean que un juicio lo podrán emitir después de las elecciones. Hay una división potencial, algunos podrán reconocer y otros no; pero nadie dice que quiere declarar ahora que no serán reconocidas si hay un cambio sustantivo de la situación. Hay una diferencia de matices, pero aún no hay una división.
-Pero el acuerdo es que Zelaya debía ser reinstalado en el poder antes de las elecciones.
-Así es, que las elecciones se hacían previo cumplimiento del Acuerdo de Tegucigalpa, y eso no ha sucedido.
-Esta potencial división debilita aún más la posición de Zelaya.
-Había dos cosas fundamentales en el acuerdo, una era la formación de un gobierno de unidad nacional y la otra la decisión del Congreso sobre la reposición del presidente Zelaya. Esas dos cosas no se han cumplido. El Congreso no ha tomado una decisión y el gobierno de unidad nacional no se ha formado.
-Se hacen las elecciones el próximo domingo, ¿cómo nace el nuevo gobierno, es legítimo?
-Es que ése es el problema, es un gobierno que nace con la ilegalidad que le da origen y que lo contamina. Pero algo tendremos que hacer con Honduras, porque ya hemos aprendido en estos años que estas cosas hay que arreglarlas pronto. No podemos pasar con Honduras fuera de la OEA por 30 años, como pasó con Cuba, que lleva casi 40. Pero no me quiero poner en ese caso, porque creo que todavía se pueden arreglar las cosas.
-¿Cree que Zelaya puede regresar al poder?
-Vamos a ver qué pasa, pero tiene que ser antes de las elecciones, después será muy difícil.
-¿Cómo impacta el entrampamiento de Honduras en la OEA?
-No creo que sea negativo; todos tenemos claro que el conjunto de los países y la secretaría general hemos hecho todos los esfuerzos posibles para buscar una solución. Nadie podría decir que ha habido negligencia o que dejamos de hacer algo. Todo se ha hecho además con el consenso de todos. La suspensión de Honduras la votaron todos, en una votación nominal en la que todos levantaron la mano. No hay lamentaciones en la OEA por nuestra acción, puede haber diferencia de miradas, pero eso es razonable.
-Para la región, ¿qué se juega en Honduras?
-Ése es el otro problema. Para muchos presidentes latinoamericanos y para la mayor parte de los gobiernos, lo que se juega acá, más allá de Honduras, es un precedente. Es un tipo de "golpe correctivo", es decir, echo a un gobierno, pero llamo a elecciones. Eso no puede ocurrir. Mucha gente recuerda las dictaduras de seguridad nacional de los años 70 en América Latina y las guerras internas de los '80, pero se olvida que años antes hubo golpes de Estado en que derrocaban gobiernos para llamar a elecciones, no podemos volver atrás. Lo principal que se juega es el precedente.
-¿Usted comparte la idea de que el golpe de Honduras se inscribe también en un intento por frenar la corriente de gobiernos progresistas de la región?
-No creo, cada país es distinto, pero pone un toque de preocupación. Siendo cada país, cada gobierno y cada proceso distintos, todavía no hay estabilidad política en América Latina y eso genera tentaciones. No se trata sólo de la derecha, quiero decirlo con todas sus letras, también de todos los sectores hay tentaciones de imponer modelos por las vías no democráticas.//LND