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Jueves 25 de febrero de 2010| por Sergio Benavides T./ La Nacin
Fue uno de los primeros en llegar al grupo cuando todavía se llamaban Cadillacs 57. Mario "Spike" Siperman coquetea a ratos con el silencio, toma aire y luego confiesa estar "realmente emocionado con la despedida".
Incluso su hija más pequeña (de siete años) lo verá, en este adiós, por primera vez sobre un escenario.
La banda y el efecto familia serán tónicas del último concierto. Varios vendrán con sus hijos, aunque (en lo estrictamente doméstico) las clases comienzan el lunes en Argentina, por lo que otros prefirieron dejar a los nenes en casa.
Pero el adiós va y "El tío", "Spiker" o simplemente "Spike" (así lo bautizaron en la cofradía que aseguran ser "más hermanos que antes"), asegura que no hay claridad para otra vuelta. Sin embargo, "creo que lo haremos cuando tengamos nuevas canciones y nueva música, por lo que pienso que esto puede demorar bastante", dice.
Recapitulando, el hombre de las teclas no duda que el disco fundamental de esta historia que comenzó en 1985 es "El León". Hoy recuerda este año y medio de reencuentro asegurando que esta despedida "nos hará parar pero no nos vamos a separar".
-El concierto del Club Hípico y el de Arena Santiago fueron distintos. ¿Cómo ves hoy a la banda?
-Hay un montón de emociones que están en juego. De verdad que el show del domingo es el último show de acá a algunos años. En todo este año y medio (casi dos) en que nos volvimos a encontrar, lo hicimos en el sentido completo de lo que es la palabra encontrarse, que no es sólo juntarse, sino que volver a recuperar un montón de sentimientos entre nosotros, una amistad de muchos años. El plan original era reencontrarnos y parar, y así será.
-Como dice la canción Ahora 'son más hermanos que antes' ¿o el desgaste los volvió a reventar?
-Mucho más. Nos vemos menos, pero recuperamos las raíces internas de nuestra amistad. Ahora somos personas entre 44 y 46 años. Y ya no vamos a comer, a discotecas, ni estamos todo el día juntos como cuando teníamos 20 años. Pero no fue una gira de nostalgia ni de melancolía, hay una mirada hacia adelante. Por eso hicimos dos discos.
-¿Por qué no dejaron esas canciones viejas en estado natural?
-Fue para juntarnos. Y cuando lo hicimos rápidamente ensayamos las canciones que están más en la memoria de todos.
LA REUNIÓN
Los preencuentros fueron varios. Una canción para el tributo a Calamaro, la sorpresiva aparición en el programa de radio del bajista Flavio Cianciarulo, y otros encuentros más caseros y no musicales.
Una reunión que se pavimentó de a poco, con el cuidado que requiere recuperar afectos que alguna vez se abollaron. Siperman aboga por el retorno a lo natural, hecho que este domingo los hará tocar canciones como "Estoy harto de verte con otros".
En lo personal, se define como un tecladista de banda, que su evolución personal tiene necesariamente que ver con lo que le sucede al grupo, "el crecimiento no es necesariamente mover los dedos mejor o tocar mejor, también es actualizarse y ver las nuevas tecnologías. Una mezcla".
-¿Por qué te fuiste el 2001?
-Ahí sí hubo un desgaste. Cuando estás cansado las cosas pequeñas las conviertes en cosas gigantes que van tomando dimensión. Ahora, por lo años de descanso, aprendimos a pasar los problemas por un tamiz, y si hay un problema grande, que no tome otra dimensión que la real.
-¿Pero son complicaciones con lo estrictamente musical o con las personalidades?
-Con todo. Hoy no se da. Con la distancia se logra ver lo que cada uno tiene para dar y convivir con eso. Lo mejor de una banda con muchos músicos es la variedad de lo que cada uno pueda aportar con lo que uno es.
-En ese espíritu de grupo hay varios nombres que ya no están arriba del escenario. La muerte de Toto Roblat (percusionista) claramente influyó incluso en los discos nuevos ("La luz del ritmo", "El arte de la elegancia"), pero también hay otros como Aníbal Rigozzi (que se subió en Arena) y Naco Goldfinger. ¿Qué pasó?
-Aníbal se transformó en nuestro manager, es uno de nuestros hermanos y es uno más de nosotros por más que no toque la guitarra. Luciano Giugno sigue presente, es un amigo entrañable. El propio Sergio Rotman no estuvo algunos años y hoy es un pilar. La gente va y viene. Ahora Toto es un pilar del reencuentro, nos hermanó, nos emociona hablar de él y lo recordamos todo el tiempo. Luego de pasar el duelo lo recordamos con mucha risa, con historias. En esta etapa de Los Cadillacs estamos los más de "espíritu Cadillacs". Casi como una logia.
-Más allá de la tocata del Festival el sábado, es especial que el último concierto de esta etapa sea en el Teatro Caupolicán, considerando que fueron muchas las tocatas que hicieron ahí.
-Lo del Festival es simple: nos pareció divertido. Vicentico estuvo ahí y nos contó que era divertido. Por eso lo hacemos. Lo otro, es la despedida que será emocionante, no triste, y muy placentera. En Chile crecimos en ese teatro cuando se llamaba Monumental. No lo planeamos, pero son esas coincidencias que toman una dimensión más grande y producen un efecto en nuestras emociones. Todavía se me eriza la piel en el momento en que en "Matador" se nombra a Víctor Jara. La gente lo grita de manera increíble, y el domingo veremos qué pasa.