
Jueves 11 de marzo de 2010| por Martn Romero E. / La Nacin
"Esto representa el reconocimiento de casi 20 años de reforma democrática y de políticas económicas sólidas". Con estas palabras al diario español "El País" de España, el mexicano Ángel Gurría, secretario general de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico -OCDE-, se refería al ingreso de Chile a esa entidad considerada un verdadero "club" de países desarrollados.
Y es que la economía nacional desde la asunción de Patricio Aylwin en 1990, se distanció de las políticas económicas de marcado acento neoliberal para adoptar un rumbo que supo conjugar un sostenido crecimiento con desarrollo social.
Así lo demuestran todos los índices macroeconómicos más importantes. Salvo en 1999 y el año pasado -producto de dos crisis económicas- Chile mantuvo un alto crecimiento económico, superando incluso la esquiva barrera de los dos dígitos en los años 1992 (12,3%) y en 1995 (10,6%).
Entre 1990 y 1998 Chile creció a un promedio de un 7,7%; cifra a todas luces superior a la alcanzada durante todo el período dictatorial (1973-1989) en el que el PIB sólo se empinó a un 3,2%.
Si bien estos porcentajes sufrieron un traspié tras la crisis asiática (1998-1999), lo cierto es que ya entre 2002 y 2006 el país crecía nuevamente a un 5% promedio.
Y esto lo hizo, incluso, a pesar de las cuatro grandes crisis económicas que tuvo que enfrentar durante su administración: la derivada de la Guerra del Golfo (1990); el "Tequilazo" (1994); la asiática y la última del ciclo 2008-2009.
Chile no solamente ganó un mayor PIB sino que también una mayor prosperidad a partir de las cifras positivas, en relación a las administraciones anteriores, en sectores como las exportaciones, inversión, ahorro, inflación y consumo.
EMPLEO
Estas cifras traspasan el ámbito de la macroeconomía, para situarse en el ámbito de las necesidades reales de las personas más pobres de la población.
En el caso del empleo, a finales del 2009 y después de ochos meses marcados por los coletazos de la crisis económica mundial donde la desocupación no bajó del 10%, los números volvieron a estabilizarse. En diciembre llegó al 8,6% llegando así a un 9,7% promedio anual, alto pero a la baja, siguiendo la tendencia de un solo dígito en los gobiernos de la Concertación.
En los años posteriores a la crisis asiática -entre 2000 y 2005- los números superaron levemente el 10% para entrar nuevamente en un ciclo de mayor dinamismo con un desempleo que alcanzó cifras bajas (como por ejemplo el 7,1% del 2007).
Así en el período comprendido entre 1990 y 1998 las administraciones concertacionistas tuvieron en promedio un desempleo del 5,8%. Tarea notable considerando que durante los años de la dictadura promedió un 17,3%. Esto sin dudas gracias a dos fenómenos: el aumento de la incorporación femenina al mundo laboral y del empleo asalariado.
SALARIOS
En este ámbito, los gobiernos de la Concertación han realizado un verdadero trabajo de reconstrucción. En los años de Pinochet, que destruyó al movimiento obrero y su representación política (significativa hasta 1973), los salarios reales alcanzaban menos del 70% del nivel que tenían antes del golpe del 11 de septiembre.
Tras la llegada de la Concertación estas cifras cambiaron de manera vertiginosa, tanto que a diciembre de 2006 los salarios reales eran un 20% superior a los de principios de los setenta.
GASTO SOCIAL
La inversión en salud, educación, vivienda, previsión y los servicios sociales básicos ha aumentado de forma explosiva desde 1990. Sólo hasta el 2000 este tipo de gasto había crecido en un 112,4% desde 1989.
De hecho para el presupuesto de este año el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, dispuso que este gasto se elevará a un 5,8% lo que corrobora la importancia que la protección social ha tenido para su gestión (y en general para los gobiernos de la Concertación).