
Jueves 11 de marzo de 2010| por Paulina Basso / Carolina Pezoa / La Nacin
La Presidenta Michelle Bachelet fue despedida con aplausos y gestos de aprecio de sus colegas, finalizada la II Cumbre de América Latina y el Caribe, cuyo telón de fondo fue la Riviera Maya, México. Un reconocimiento a la gestión de este tipo habría sido impensado hace dos décadas, cuando Chile terminaba el período dictatorial que lo aisló del mundo.
Revertir el lastre de 17 años de régimen militar fue objetivo asumido por el gobierno Patricio Aylwin. Eso incluyó posicionar al país en la comunidad internacional.
A 20 años, es claro el afiatamiento, sobre todo hemisférico, donde la diplomacia chilena ha cumplido papeles de primera línea en la defensa de la democracia, promoción del comercio y refuerzo de la integración.
En materia económica, el país es plataforma de atracción de capitales extranjeros hacia el continente gracias a tratados de libre comercio (TLC), suscritos a lo largo y ancho del orbe. Las medidas anticrisis aplicados por el Ministerio de Hacienda le valieron el reconocimiento de las potencias, que vieron en los resguardos chilenos una forma de salir de la hecatombe.
En definitiva es, como comentan allende sus fronteras, todo un ejemplo para el barrio. El camino, sin embargo, no ha estado exento de obstáculos y controversias.
RECONSTRUYENDO LOS CIMIENTOS
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| Los lazos con la región fueron siempre una prioridad para la Concertación. En Santiago se organizó la Asamblea General de la OEA en 1991. |
Quien ganara las elecciones del 14 de diciembre 1989 tendría el desafío de reinsertar al país en el concierto internacional. El gran número de países objetores del trato a los derechos humanos, la libertad de expresión y los asuntos humanitarios efectuados entre 1973 y 1988, trababan cualquier debut en las ligas mayores.
Como sea, en el gobierno de Aylwin se logró la incorporación de Chile al Grupo de Río, mismo organismo del cual la Presidenta Bachelet recibió la titularidad pro témpore el 23 de febrero pasado.
Se puso énfasis en recuperar el diálogo con Estados Unidos, empañado por el asesinato en Washington DC del ex ministro de Relaciones Exteriores y ministro de Defensa Nacional del Presidente Salvador Allende, Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976, además de una serie de disputas por las violaciones de los derechos humanos, venta de armas y conflictos con sectores del Congreso estadounidense.
Ya en la administración de Aylwin se inició la normalización de los vínculos con la Casa Blanca, el cual tendría un hito vital cuando en el gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006) se firma el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambos países.
Claro que paralelamente la diplomacia democrática chilena abría otras puertas. Durante la primera administración concertacionista, se produjo la reanudación de relaciones con Cuba a nivel consular, hito que marcó la senda para finalmente materializar el vínculo a nivel de embajadas durante el mandato de Eduardo Frei. Eso formaba parte del restablecimiento de los lazos normales con todas las naciones del hemisferio.
En tanto, los esfuerzos chilenos para congraciarse con sus vecinos dieron al país la posibilidad de ser el anfitrión en junio de 1991 de la XXI Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Otra de las medidas de reinserción fue la integración como miembro activo del Parlamento Latinoamericano (Parlatino), actualmente dirigido por el senador chileno Jorge Pizarro. También se enfatizó la generación de acuerdos comerciales (ver infografía).
A pesar de los esfuerzos diplomáticos de la época, la disputa territorial con Argentina por la Laguna del Desierto marcó un episodio negro en la política exterior.
MATERIZALICIÓN COMERCIAL
Con el recambio gubernamental de Aylwin a Frei, la política exterior chilena entró en una nueva etapa, cuya principal característica sería la materialización de las negociaciones para posicionar a Chile en la esfera comercial.
La administración de Eduardo Frei Ruiz-Tagle inició el "proceso de los acuerdos comerciales y todo lo que significó fortalecer la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon) como un instrumento de negociación internacional", señala el director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes.
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| La gestión económica concertacionista tuvo un gran impulso con el ingreso a la APEC y la participación del Presidente Eduardo Frei en la cumbre de Bogor, Indonesia, en 1994. |
Durante ese mandato, el país afianzó la política del regionalismo abierto -referida al libre flujo de comercio, capital, trabajo y conocimientos-, donde la entrada al Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC) en la cumbre de Bogor, en noviembre de 1994, puede ser considerada uno de sus principales hitos.
Asimismo, la firma del TLC con México supone un trampolín para la asignatura de un sinnúmero de acuerdos que, con el tiempo, convertirán a Chile "en el país que más acuerdos comerciales ha firmado en el mundo (ver infografía)", destaca Fuentes.
En la arena diplomática, el 7 de abril de 1995 es cuando se concreta, finalmente, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Chile y Cuba, con el "deseo de desarrollar sus vínculos de amistad sobre la base de los principios de la igualdad de derechos, respeto de la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de otros estados y demás principios contenidos en la Carta de Naciones Unidas". Desde entonces, Santiago y La Habana han incrementado sus nexos en todas las áreas. Por cierto, fue Michelle Bachelet la Mandataria que concretó una visita a la isla que Aylwin, Frei y Lagos evitaron.
En 1996 Chile consigue otro avance en el concierto internacional al ocupar un puesto como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) por un período de dos años; previamente había ocupado dicho sitial entre 1952-1953 y 1961-1962.
Mas la bienaventuranza del período Frei se vio sacudida a partir de los primeros días de octubre de 1998, cuando Augusto Pinochet viaja a Londres en su calidad de senador vitalicio y es intervenido en The London Clinic. El juez español Baltasar Garzón, al enterarse de la presencia del general (R) Pinochet en la capital británica, emite una orden internacional de búsqueda y captura en su contra.
A partir de su detención, comienza una larga serie de gestiones para su liberación, bajo la firme convicción de que era en Chile donde Pinochet debía ser juzgado. Finalmente, en marzo de 2000, el ministro del Interior británico, Jack Straw, liberó a Pinochet, quien falleció el 10 de diciembre de 2006 sin haber enfrentado a la justicia.
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| El no de Lagos: Las directas presiones de Washington no evitaron que el Presidente Lagos se opusiera a la invasión de Irak. |
ÉXITOS E INDEPENDENCIA
El nuevo siglo se inició bajo el liderazgo de Ricardo Lagos (2000-2006), cuya "gestión fue muy importante en reinsertar no sólo política, sino que comercialmente" a Chile en la arena internacional, destaca el analista Walter Sánchez.
El hito en la materia fue el Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea (UE), firmado por la entonces canciller Soledad Alvear, el 18 de noviembre de 2002, en Bruselas.
Un hecho que también marcó el mandato del Lagos fue el no chileno a la invasión de Irak en 2003, cuando el país nuevamente era miembro no permanente del Consejo de Seguridad. Ello, pese a las presiones ejercidas directamente por el Presidente estadounidense George W. Bush (2000-2009), para que se cambiara el voto, en momentos en que aún se negociaba el TLC.
El tiempo daría la razón a Chile, pues se descubrió que la existencia de armas de destrucción masiva fue sólo una excusa para derrocar a Sadam Hussein. Y, a pesar de temores, el TLC fue firmado el 6 de junio de 2003.
Mención aparte merece la designación de José Miguel Insulza como secretario general de la OEA en 2005, considerado uno de los principales logros de la política exterior chilena y su reinserción en la arena internacional. Sobre todo, porque fueron múltiples y arduas las negociaciones que se requirieron para contar con los votos necesarios.
CONSOLIDACIÓN
El cuarto gobierno de la Concertación, bajo la dirección de Michelle Bachelet, tuvo "un acento asociado a la consolidación" del proceso de inserción económica y política, además de haber jugado "un rol de intermediaria entre la izquierda radical latinoamericana y EEUU, en un intento de fortalecer la alianza progresista en la región", enfatiza Claudio Fuentes.
Entre los logros de la administración saliente está la participación en la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Brasilia en mayo de 2008, donde los líderes del subcontinente suscribieron el Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). En esa misma ocasión se le solicitó a la Presidenta chilena asumir la presidencia pro témpore del naciente organismo, luego de que Colombia decidiera dar un paso al lado debido a las desavenencias con Ecuador y Venezuela, a raíz del bombardeo de un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
La vigorización económica vino acompañada de un premio que parecía muy lejano en 1990: el ingreso, en diciembre de 2009, a la selecta Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Durante este período, además, Chile realizó un intenso trabajo para fortalecer los vínculos multilaterales y bilaterales, lo que permitió mejorar sus relaciones con Argentina y Bolivia, aunque con Perú queda pendiente un enfrentamiento en el tribunal de La Haya (ver recuadro).
LOGROS Y DEUDAS
A juicio del analista Claudio Fuentes, en estas dos décadas "el gran logro (de la Concertación) fue insertar a Chile en el contexto internacional después de 17 años de dictadura. Segundo, aumentar su influencia regional e internacional. Y, finalmente, el posicionarse en agencias clave", de la maquinaria diplomática y económica con la que funciona el orbe. Su evaluación es compartida por Walter Sánchez, quien destaca, además, el "hincapié puesto en toda la estrategia de medidas que incrementaran la confianza mutua en áreas como la diplomacia militar, la seguridad humana, DDHH", entre otros.
En cuanto a las deudas, Fuentes precisa que "aún está pendiente la modernización del Ministerio de Relaciones Exteriores; (la búsqueda) de la integración temática, fundamental para una estrategia de inserción internacional definitiva; y, finalmente, el enfatizar otras dimensiones que no sean las estrictamente económicas (en las acciones) de la Cancillería".

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EL PRIMER CANCILLER El eslogan del primer gobierno de la Concertación en materia internacional fue la reinserción, tarea designada a quien fuera el generalísimo de la campaña presidencial de Patricio Aylwin y timonel de la Concertación en la misma época, el radical Enrique Silva Cimma, quien en 1984, junto al histórico líder de la Democracia Cristiana, abrió por primera vez la posibilidad de utilizar la institucionalidad existente para enfrentarse al régimen militar. Ya a esas alturas, el abogado y ex contralor de la República (1958-1967) no sólo se había ganado el respeto de sus correligionarios, sino que también de sus adversarios políticos. En los '80 fue una de las figuras que trabajó arduamente por la cohesión de la Alianza Democrática y el regreso pacífico a la democracia, siendo uno de quienes participaron en las negociaciones con los militares en las que se pactó el plebiscito del 30 de julio de 1989, donde se aprobó la reforma constitucional a la Carta Magna (1980), que redujo las disposiciones autoritarias implementadas por la dictadura. Su reputación de hombre de consenso -pese a ser un fuerte retractor de la "política de consensos"- y su total sintonía con los lineamientos gubernamentales de Aylwin (tanto hacia el exterior como hacia la misma Concertación), le valieron la obtención del cargo. Aunque a los pocos meses de la asunción de Aylwin el tema del restablecimiento de los lazos con Cuba pasó a manos de Belisario Velasco y Enrique Correa -subsecretario del Interior y ministro secretario general de Gobierno, respectivamente-, Silva Cimma fue el encargado de plantearle en 1990 al gobierno de La Habana las tres condiciones de Santiago: el cese total a los grupos subversivos en la región, la liberación del chileno Juan Carlos Parado Araya, acusado de espionaje; y la devolución de un depósito del Estado de Chile, congelado por el Ejecutivo cubano en septiembre de 1973. El temple del ministro también fue clave para resolver el impasse con la Alemania reunificada, a raíz del refugio dado en calidad de huésped en la embajada chilena en Moscú al ex Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana (RDA), Erich Honecker, y su familia, a partir del 11 de diciembre de 1991. Chile se negaría a entregar al ex gobernante sin antes que las autoridades alemanas presentaran cargos en su contra. Siete meses después, el líder caído deja la legación diplomática, sin que antes Chile hubiese agotado todas instancias para garantizarle un juicio justo. Aunque comparado con los ministros que le precedieron en la cartera la conducción de Silva Cimma pareciera ser la más tímida, en la práctica fue la que sentó las bases para el éxito posterior obtenido por Chile en la escena internacional. |
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AVANCES Y RETROCESOS La relación de Chile con Argentina, Bolivia y Perú, siempre ha sido un capítulo especial de la política exterior, por las implicancias y sinsabores históricos que existen. Con Argentina tres episodios han marcado estos últimos 20 años: la disputa por la Laguna del Desierto (que finalizó con la pérdida del territorio); por Campos de Hielo Sur (aún en desarrollo); y la crisis energética por el gas. Esta último data de 2004, cuando el gobierno trasandino comenzó a recortar los envíos del combustible hacia Chile, cuyo resultado fue la desestabilización del sistema energético chileno y el esporádico desabastecimiento de los hogares y la industria. Dado que el suministro fue decayendo con el tiempo, el gobierno chileno comenzó a buscar alternativas. Finalmente, Argentina cerró la llave en 2009. En cuanto a Bolivia, las relaciones han mejorado considerablemente desde que Evo Morales asumió la Presidencia. En julio de 2006, las administraciones de Morales y Bachelet históricamente definen una agenda de 13 puntos, donde se discute, entre otros asuntos, la petición boliviana de salida al mar. Con Perú, en cambio, las cosas han ido de mal en peor. Sobre todo desde que en 2000 la Cancillería peruana declara su desconocimiento de los tratados de delimitación fronteriza con Chile. La polémica por la extensión unilateral del límite marítimo peruano se encuentra en el Tribunal Internacional de La Haya, hasta donde fue trasladada a petición de Lima en 2008. Esta semana Chile presentó una contramemoria a la presentada por Perú, para defender los límites actuales fijados en las actas de demarcación de 1930. |