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  20 años de Concertación: Una experiencia inédita

Jueves 11 de marzo de 2010| por Opinin de senador Mariano Ruiz-Esquide

Hablar de la Concertación de Partidos por la Democracia a pocos días de la asunción de un gobierno de derecha, es referirse a una de las experiencias más notables en la historia de Chile.

Nace como una reacción ética a la más larga dictadura del país, que nos hizo perder la limpidez democrática en nuestro continente.

Por veinte años gobernó Chile con un resultado global que sólo puede compararse a los decenios del siglo XIX, a los movimientos sociales y políticos de los grandes cambios del siglo XX y a movimientos muy específicos de la historia del país. Sus resultados económicos y de desarrollo social son incomparables con las cifras de otros países latinoamericanos y su transición a la democracia fue difícil, incompleta aún, pero paradigmática para el mundo entero.

Su impronta profunda y su vigor democrático para gobernar le permitió 4 gobiernos democráticos. Al igual que en todos los grandes ciclos, la pregunta que debemos hacernos es si su derrota tuvo que ver con esta premisa esencial.

Chilenos sin dictadura

Veinte años puede ser un tiempo breve en la historia de un país, pero es una eternidad en la vida de un hombre o una mujer y es una generación completa en términos demográficos o sociales. Dicho de otra manera todos aquellos chilenos de hasta 20 años no vivieron la dictadura. Todos aquellos de hasta 30 años tampoco tuvieron noción real de la carencia de libertad. Sólo los mayores de 38 años tienen un recuerdo racional del proceso de cambio democrático. Si profundizamos un poco más este enfoque sólo entre 40 y 55 años se tiene una real visión de un Chile libre, pero también se tiene conciencia de las expectativas creadas de una mezcla de libertad, democracia, desarrollo intelectual, participación, crecimiento económico y conciencia de igualdad de oportunidades económicas.

Alejamiento del origen

En esta manera de ver la Concertación a la hora de su derrota ¿Hubo desculturización en cuanto se alejó de la relación virtuosa de su origen y propósito final? ¿Ha existido una incapacidad para crear en el pueblo de Chile una real conciencia de esa meta? ¿Fue esto lo que motivó la derrota o fue nuestra incapacidad de comprender los cambios creados por nuestras propias políticas? ¿O estas políticas no fueron las que nos propusimos al crear la Concertación? ¿ Fue tal vez excesiva nuestra intención de cambiar a Chile y no sólo algo menos ambicioso como era terminar con la dictadura? ¿O es que era imposible lo uno sin lo otro? ¿O es que el ímpetu de la libertad conquistada y los sucesos reprimidos nos llevaron a cambiar el mundo y al final fue el mundo el que nos cambió a nosotros? ¿Explicarían las respuestas el rechazo en las elecciones presidenciales? ¿O hay otras razones que deberíamos buscar para saber "el por qué" y remediar nuestros errores porque la lucha sigue para no retroceder en nuestra voluntad de hacer de Chile un país para todos y no sólo para algunos?

La pérdida de gobierno

Es un hecho político tan paradójico como ha sido la experiencia concertacionista y su pérdida del gobierno, habrá miles y miles de respuestas y todas serán ciertas, pero nunca tendremos la respuesta final si no consideramos -a mi juicio- 3 preguntas iniciales. Creo que, sólo a modo de ejemplo, muchas de las interrogantes fueron de nuestra responsabilidad o de nuestros errores o carencias. Otras fueron fruto de un modelo político que impidió -por apego justificado a la legalidad- gestar mayorías que permitieran romper los obstáculos constitucionales. Otro hecho innegable fue el entorno internacional y nacional que nos cortó las alas para una mayor audacia al momento de hacer los cambios: no fue lo mismo derrotar a la dictadura con mayoría relativa que haber derrocado la misma esencia del poder de Pinochet. No se trata de ser general después de la batalla sino de escudriñar nuestros propios compromisos a la luz del bien que queríamos para Chile en lo posible y en lo que nos fue dado.

Pero más allá de las atenuantes, debemos precisar sin ambages y someramente nuestras propias responsabilidades -no como simple catarsis- sino como ejercicio necesario para nuestra recuperación.

Nuestras responsabilidades son compartidas por todos sin excepción y en la medida de las posibilidades de actuar así como todos merecemos el reconocimiento de lo hecho.

La exigencia mayor de nuestra tarea debió ser la ética del comportamiento público y personal y no la cumplimos a cabalidad.

Soñamos y luchamos por eso contra Pinochet, por un cambio profundo y con sentido revolucionario de la sociedad chilena y de los paradigmas personales sin perjuicio de sentirnos orgullosos nos redujimos en exceso a la asistencialidad y los modelos económicos establecidos. No hago juicio de valor, sólo consigno un hecho objetivo.

Diferencia de ingresos

En la algarabía del triunfo creímos en la continuidad del poder desatendiendo las señales que se nos daban y la soberbia de muchos fue también causa de la derrota de todos. El ciudadano común lo percibió y nos castigó.

El crecimiento espectacular de Chile se vio empañado por la tremenda diferencia de ingresos -fruto del mismo crecimiento- pero que debimos morigerar y colocar su solución como una prioridad.

Los partidos perdimos el rumbo en medio del afán de sobrevivencia y el binominal nos transformó en enemigos y no en simples adversarios. Cada uno de ellos, a su vez, fueron incapaces de evitar éxodos, frutos de ambiciones personales u odios ancestrales.

El presiden-cialismo terminó confundiendo a sus personeros en su rol de mando. En vez de ser más compartido se transformó en un cierto autocratismo que irritó a muchos.

Sólo un diagnóstico correcto nos permitirá seguir siendo la esperanza de muchos que no creemos en la muerte de la Concertación ni en su capitis deminutio que algunos pronostican. De nuestra lucidez y generosidad, de nuestra voluntad de no ceder a la tentación de poder y de nuestro comportamiento ético y estoico dependerá su fuerza y su rol en el futuro. Lo he dicho y lo repito:

Con el pueblo y por el pueblo volveremos.

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