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  Alerta sin precedente sobre la deuda de Estados Unidos

  El lunes pasado la agencia de notación financiera Standard & Poor's mencionó la posibilidad de reducir de "estable" a "negativa" la perspectiva de evolución de la deuda estadounidense de largo plazo, que por ahora goza de la nota más alta posible.

Miércoles 20 de abril de 2011| por Sylvain Cypel

¿Qué efecto tendrá el disparo de advertencia lanzado por la agencia de notación financiera Standard & Poor's? Al mencionar, el lunes pasado, la posibilidad de reducir de "estable" a "negativa" la perspectiva de evolución de la deuda estadounidense de largo plazo -que por ahora goza de la nota AAA, la más alta posible-, la agencia no descarta una próxima degradación: "Hay una posibilidad sobre tres de que ocurra en dos o tres años."

Esta no es solamente la primera vez en la historia que se considera tal reducción, sino que Estados Unidos es el único estado importante que dispone de la nota AAA y está amenazado con la posibilidad de que se ponga a juicio la capacidad de su economía para cumplir con sus compromisos financieros. Para justificar su decisión, S&P presenta dos argumentos.

El primero sigue al emitido recientemente por el Fondo Monetario Internacional: con un déficit presupuestal cercano al 11% de su producto interno bruto, Estados Unidos ha tardado en emprender el saneamiento de su deuda, lastrando su capacidad de lograrlo "antes de varios años".

El segundo es que la probabilidad de que persista el desacuerdo entre la Casa Blanca y su oposición mayoritaria en la cámara de representantes, podría obstaculizar la puesta en marcha de soluciones de largo plazo antes de 2013, lo que refuerza la amenaza de degradación de la notación de la deuda estadounidense.

S&P, no obstante, subraya que Washington dispone de una "liquidez financiera externa sin equivalente", es decir, el dólar se mantiene como divisa de referencia y Estados Unidos es el único que puede echar a andar la imprenta de billetes para pagar sus deudas.

El tema de inmediato fue objeto de inflamados debates en los medios financieros y políticos, en los que los especialistas difieren respecto del alcance del anuncio. Dean Baker, presidente del Centro de Investigaciones de Economía Política en Washington, se irritó de que los mercado puedan otorgarle todavía el menor crédito a las agencias que "presentan un saldo terrible, después de que hasta el último minuto antes de su quiebra, les otorgaban la máxima nota a los títulos de las deudas subprimas y a empresas como Enron, Lehman Brothers y Bear Stearns". Por su parte, el premio Nobel de economía Paul Krugman, consideró que el asunto "no es para tanto".

Sin embargo, Wall Street terminó a la baja, con 1,14%, pues este anuncio surgió de manera inesperada por numerosos analistas que olvidaron que tanto S&P como la agencia Moody's habían hecho sonar la voz de alarma desde mediados de enero. El anuncio constituye una "gigantesca señal de advertencia", consideró Peter Boockvar, estratega de la firma de inversiones Miller Tabak. Por su parte, para el consejo de inversiones Capital Economics, "nadie puede darse por sorprendido al enterarse de que las finanzas públicas estadounidenses siguen una trayectoria insostenible".

La subsecretaria de la Tesorería, Mary Miller, le reprochó a S&P "subestimar la capacidad de los dirigentes estadounidenses para ponerse de acuerdo en la forma de remontar los difíciles desafíos financieros". La Casa Blanca, en efecto, dice estar convencida de que podrá llegarse a un compromiso con la oposición republicana sobre un plan de largo plazo para reducir el déficit a menos de 2% del PIB, pues las divergencias no son tanto en el monto de los ahorros por hacer (entre 4 y 4.4 billones de dólares de 10 a 12 años) sino sobre el método que debe regirlos.

La Casa Blanca también les ha pedido a los republicanos que no condicionen a factores globales la elevación del tope de la deuda (actualmente de 14.3 billones de dólares), que debe hacerse antes de mediados de mayo, para evitar poner en peligro la capacidad de autofinanciarse del estado, eventualidad que para los demócratas constituiría una "catástrofe".

A estas dos cuestiones, los republicanos oponen un rechazo absoluto, que ahora sienten reforzado por el anuncio de S&P. Su líder en la Cámara, Eric Cantor, exhortó al congreso a "dejar de aumentar ciegamente el límite de la deuda". Para aprobar la elevación de su tope, los republicanos exigen enormes recortes en el presupuesto social. Los representantes republicanos votaron un proyecto que recortaría 5.8 billones de dólares en el tren de vida del estado en un decenio (4.4 billones en disminución de gastos y 1.4 billones en reducción de ingresos fiscales). Este proyecto, no obstante, no tiene ninguna posibilidad de ser adoptado, pues los demócratas dominan el Senado, pero es un buen indicador del estado de ánimo que domina al partido republicano.

Este, no obstante, empieza a dividirse. El senador de Oklahoma Tom Coburn exhortó a los dos campos a ponerse de acuerdo, "mientras podemos controlar nuestro destino". Es decir, mientras no se degrade la notación de la deuda de Estados Unidos. Para Edouard Tétreau consultor activo en Estados Unidos y autor de "Veinte billones de dólares", una obra sobre la deuda estadounidense, "la alarma de S&P le viene a punto a Barack Obama. Le permite decir que el problema es serio y que debe ser tratado seriamente, sin demagogia, pues de ello depende la credibilidad de Estados Unidos en los mercados".

En cambio, pronostica, una consecuencia posible de la iniciativa de S&P podría ser el alza de las tasas de interés, pues los inversionistas exigirían una mayor remuneración para prevenirse de los riesgos. Estados Unidos "entraría en un círculo vicioso de deslizamiento: mientras sean bajas las tasas de interés, se puede soportar relativamente la carga de la deuda. Cuando aumentan, nos encontramos con una carga más pesada. Obama lo sabe y va a tratar de imponerle su plan al Congreso".

El argumento del Presidente estadounidense, con la mira puesta en la elección presidencial de noviembre de 2012, es conocido de antemano: si continúan rechazando todo compromiso, los republicanos serán acusados de aumentar, por motivos ideológicos, el servicio de una deuda que ellos pretenden reducir de manera radical. Los mercados, dicen los demócratas, se han pronunciado claramente por la unidad nacional.

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