
Miércoles 22 de septiembre de 2010| por Cristina Espinoza / La Nacin
"Es muy posible que el próximo Nobel chileno sea un astrónomo", confía Mario Hamuy, director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. Las cifras sobre la productividad de la disciplina en el país parecen darle la razón.
Hoy, la astronomía es, según el Programa de Información Científica de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), la disciplina más productiva del país. Entre 2003 y 2010 ha registrado 3.147 publicaciones internacionales ISI, el 11% de la productividad nacional, seguido por el 5% que logran los papers de medicina.
Mónica Rubio, directora del Programa de Astronomía de Conicyt, afirma que anualmente se publican entre 150 y 200 investigaciones de autores nacionales, el área científica con mayor nivel de producción por científico. "Los astrónomos chilenos, que trabajan en entidades chilenas, son más productivos que la media mundial. En promedio, tienen tres publicaciones al año, por encima de la media internacional, que es un poco menor a 2 (1.8-1.7)", dice. "Los astrónomos de países más desarrollados que tienen el 90% (de uso de los telescopios) no parecen ser tan eficientes. La astronomía chilena es muy prestigiada en el extranjero", dice Rubio.
José Maza, astrónomo de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999, asegura que muchas veces las investigaciones chilenas superan el 10% que debieran lograr de acuerdo al tiempo de uso de instrumentos. "Ellos tienen más tiempo y más gente, pero nuestras publicaciones son tan o más citadas que las de ellos. Estamos haciendo buen uso de las posibilidades", dice.
Mario Hamuy -uno de los científicos más citados del país-, asegura que las publicaciones nacionales son un 40% más citadas que el promedio mundial. "Tenemos resultados de buena calidad, avalados por nuestros pares internacionales", afirma. Eso demuestra, dice Hamuy, que el tiempo de utilización en los telescopios se ha aprovechado. El especialista encabeza el comité que administra el tiempo de uso de los telescopios donde cada año llegan cerca de 200 propuestas, tiempo que supera en dos o tres veces el disponible, "lo que significa que hay competencia y eso garantiza su buen uso".
CARENCIAS
Pero aún faltan investigadores para aprovechar las oportunidades que brindan los mejores telescopios instalados en el país. Hoy son cerca de 100 astrónomos -60 contratados- que si bien hacen que la competencia sea difícil, no cubren todas las áreas de la disciplina. "Se necesita, al menos, el doble de investigadores que hay contratados", dice Dante Minniti, astrónomo de la Universidad Católica.
"Para que crezca el número de astrónomos, debe aumentar el interés de las universidades por tener grupos de investigación", dice Maza, en especial en universidades del norte.
"Falta entrenar más gente, las universidades privadas podrían ayudar. Que se abran a tener profesores, que también podrían hacer clases de física y matemáticas", sugiere Andrés Escala, uno de los investigadores más jóvenes de la Universidad de Chile y cuya teoría sobre los agujeros negros supermasivos fue publicada en Nature.
Escala asegura que si bien no es necesario que Chile construya sus propios telescopios, sí es necesario que se invierta más en la tecnología que esos instrumentos necesitan, para además de aportar el terreno, podamos venderles la tecnología.
Una mayor cantidad de científicos podría hacer que algún día los chilenos pudieran cubrir todas las áreas de la astronomía o que pudieran conformarse equipos con científicos netamente nacionales, lo que hasta el momento no se puede hacer. "Falta hacer grandes equipos para ser competitivos", dice Escala. Y aunque lograr grupos nacionales no es de suma importancia, pues la astronomía es colaborativa y los grupos incluyen la participación de investigadores de varios países, sería "un desafío tremendo para la astronomía local liderar un proyecto en que sólo participaran astrónomos chilenos", dice Rubio.
"El acceso a los telescopios es un recurso tan importante como el cobre y da para más. Chile tiene una oportunidad histórica de hacer mucho más todavía, no sólo en ciencia, sino también en la construcción de instrumentación tecnológica", dice Wolfgang Gieren, astrónomo de la Universidad de Concepción.
Por ello, Hamuy apela a que el Estado invierta en un instituto de estudios avanzados de astrofísica, que costaría cerca de 5 millones de dólares al año. "Es una apuesta que va a producir muchos descubrimientos de primera, hechos por chilenos y que va a mejorar la imagen del país. Chile va a ser productor de conocimiento, no sólo de madera, salmones y vino", dice.
EXTRANJEROS NACIONALES
De ser una nación que sólo tenía observatorios cerca de la capital, Chile se transformó en potencia gracias a las regiones del norte.
El mérito se lo lleva Federico Rutllant, un astrofísico español nacionalizado chileno, que siendo director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) en 1959 logró convencer a una delegación estadounidense de que el mejor lugar para instalar un telescopio en el hemisferio sur era Chile, cuando ni siquiera lo habían considerado. Así, el observatorio internacional de la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía (AURA) comenzó a operar en Cerro Tololo en 1967 y desde entonces los cielos chilenos son considerados en todas las propuestas internacionales.
Un año antes, la Universidad de Chile había abierto la carrera de Astronomía, para aprovechar las ventajas que la instalación del observatorio tendría para el país y José Maza fue parte de esa primera generación.
Hasta el 2000, en Chile había sólo 30 investigadores contratados, sólo en los últimos diez años la cifra se duplicó, gracias a la llegada de los instrumentos internacionales y a que más universidades se atrevieron a invertir en investigación. Hoy siete instituciones tienen departamentos de astronomía, donde la incorporación de investigadores extranjeros ha sido fundamental.
Wolfgang Gieren, astrónomo alemán, vino a La Silla en 1974, pero hace 20 años regresó para quedarse, primero como investigador en la Universidad Católica y luego en la de Concepción, donde ayudó a levantar el Departamento de la disciplina en la institución. "Chile es claramente el país ideal para mi profesión", dice. En la actualidad, el departamento cuenta con siete astrónomos y diez investigadores posdoctorales.
Como él, Minniti, astrónomo investigador de la Universidad Católica, también llegó a Chile hace 12 años. "Esto es como la capital del mundo para la astronomía", dice el investigador argentino, activo gestor del Centro de Astroingeniería de la UC.
"Somos polo de atracción para extranjeros y chilenos que quieren volver", dice Andrés Meza, director de Astronomía de la Universidad Andrés Bello (UNAB), la primera universidad privada no tradicional en abrir la carrera.
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Uso de los telescopios El 10% del tiempo de todos los instrumentos internacionales que se instalen en Chile es cedido en exclusiva para los científicos nacionales (independiente de su nacionalidad, pero que trabajen en instituciones chilenas). |