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Jueves 23 de febrero de 2012| por Juan Costeau - foto: Agencia Uno
Los creativos de Chilevisión sabían que la fórmula no podía fallar: unir la imagen del fallecido ex animador, Felipe Camiroaga, junto al tema, “El Tiempo en las Bastillas” –cantado por Fernando Ubiergo-, popularizada en la serie, “Los 80”, era sinónimo de nostalgia y emoción. Y no fallaron.
Mientras el rostro del ex conductor permanecía inmóvil en las pantallas, el público reaccionaba rápido. Comenzó a corear su nombre con insistencia y fervor, como si recordaran esa marea humana que lo despidió de TVN en septiembre pasado.
Al igual que en la última Teletón, las cartas eran previsibles. La televisión chilena sabe que rindiendo tributo a Camiroaga genera un ambiente de inmediata complicidad con el público. Puede ser una treta sucia si se mira debajo del agua, pero en el negocio catódico todas las cuchufletas sirven para ganar.
Así como todos quedaron con la imagen y la lágrima atragantada por el recuerdo de Felipe Camiroaga, hubo cierta actitud incomprensible: la aparición de Millaray Viera, la hija de Gervasio y pareja de Alvaro López, el cantante de Los Bunkers, interpretando “Alma, corazón y pan”, original de su padre. No se sabe si ese homenaje era para Gervasio, Felipe Camiroaga o los estudiantes chilenos. Un momento curioso al que sumó Florcita Motuda, siempre dispuesto a poner la locura cuando la cordura se hace insostenible por sí mismo.
La lacrimógena obertura sirvió para que Eva Gómez y Rafael Araneda, los animadores del festival de Viña número 53, plasmaran un deja vú: se dijeron lo mismo que el año pasado. Esa escasa originalidad sirvió para que el trasandino Diego Torres abriera los fuegos. Con un pop edulcorado y falto de convicción, el argentino trató de imprimirle cierta frescura a su espectáculo con invitados estelares: la española Mala Rodríguez y el fallecido Luis Alberto Spinetta –interpretando “Muchacha Ojos de Papel”-. Torres –quien se llevó dos antorchas- pinta un cancionero sin demasiados riesgos, escaso en aventura e instrumentalmente poco dinámico. Fue un arranque a medias tintas, entre la tristeza fácil y una música descafeinada. Un festival previsible. Como casi siempre.