
Miércoles 25 de enero de 2012| por Nación.cl
Felicita Pinto llega a las puertas del lujoso condominio donde trabaja como nana. Debe tomar un minibús a la casa de su patrón, pero el automóvil está atrasado, por lo que decide caminar. La detienen los guardias de seguridad y la obligan a devolverse a la puerta del recinto.
Con esa escena comienza un extenso artículo del periódico “The Huffington Post”, donde se describen los recientes episodios de discriminación a las nanas en Chile. A partir de este caso, dice el medio, comienza una profunda introspección al alma nacional, que ha llevado a activistas de los derechos humanos a reclamar por las bajos sueldos, las largas jornadas y la segregación que afecta a las empleadas domésticas.
En el artículo se citan los comentarios de Inés Pérez, propietaria del condominio “Algarrobal II”, sacados de contexto por el canal Chilevisión. Asimismo, se reconstruye la “performance” que no más de 20 personas vestidas de nana hicieron en las puertas del condominio el pasado domingo.
En fín, nada nuevo para el lector chileno, pero que al público gringo parece bastante lejano y propio de estas tierras al sur del Río Bravo, donde se repiten casos similares.
El artículo cita a Perú, donde las nanas no se pueden bañar en la playa hasta que sus patrones han abandonado el lugar, o México, donde las empleadas domésticas tienen prohibido sentarse en los restaurantes.