
Miércoles 23 de junio de 2010| por PHILIP BOWRING
DOS de las razones del giro de China hacia una tasa de cambio ligeramente flexible son obvias: la presión externa previa a la reunión del G-20 de esta semana y la necesidad de estimular la demanda doméstica y refrenar la inflación. Pero hay una tercera razón: el deseo de China de no ser vista como frustrando los intentos del Este asiático de cooperación monetaria orientada a la eventual creación de un Fondo Monetario Asiático.
Esas iniciativas han sido fuertemente promovidas por Japón y Corea con el apoyo de la mayoría de los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (Asean). Pero China ha sido una anomalía, apoyando por una parte retóricamente estas iniciativas y teniendo, por otra, políticas económicas que no calzan con las de los otros grandes protagonistas de la región.
Las recientes perturbaciones en tierras europeas han centrado las mentes del Este asiático en dos temas. Primero, la vulnerabilidad de esas naciones con economías muy abiertas a los flujos internacionales de capital de corto plazo. El won coreano, el baht tailandés y el dólar de Singapur se hicieron más volátiles y tendieron a apreciarse, colocándolos en una desventaja competitiva respecto de China. Corea e Indonesia impusieron recientemente algunas restricciones en los movimientos de dinero de corto plazo. Segundo, como lo ha mostrado Europa, el alineamiento monetario sin prudencia fiscal y coordinación es una receta para el caos.
No hay un equivalente asiático del euro y no lo habrá en el futuro previsible. Sin embargo, el año pasado los países asiáticos implicados acordaron un fondo multilateral de 120 mil millones de dólares para estabilización monetaria respaldado por dos elementos significativos. Primero, el sistema de votación otorgó un poder igual (28,4%) a Japón y China, dando a Corea, como de costumbre, más peso del que merece (14,7%). Los diez miembros de la Asean comparten 28,4%, con el mismo peso para Indonesia, Tailandia, Malasia y Singapur.
Coordinación monetaria
Aunque estos pesos se sustentan más en la política que en la economía, la idea de una unidad de contabilización del Este asiático basada en ellos está siendo impulsada por algunos banqueros y economistas en la avanzada de la cooperación regional. Como mínimo, serviría como una referencia útil que mostraría hasta dónde se ha desalineado una divisa en relación al peso promediado de las otras. Si se aplica este referente a los últimos doce meses, mostraría que la mayoría de las divisas se han apreciado y que el yuan chino ha caído. De allí que China necesite que su divisa suba para evitar que cree desarmonía regional.
Segundo, la Asean más China, Japón y Corea dieron también un paso importante hacia la vigilancia mutua. El grupo de trece miembros acordó establecer una oficina de investigaciones macroeconómicas en Singapur. Se espera que se pronuncie sobre políticas nacionales y regionales, así como sobre temas globales que afecten la estabilidad financiera. Esto podría resultar siendo inofensivo, pero su misma creación por países ultra sensibles a las críticas externas es significativa.
Beijing está claramente preocupado de que las posiciones japonesas y coreanas en temas financieros estén quitándole la iniciativa en cooperación regional a China, país que ha estado a la cabeza de la promoción de pactos comerciales. Pero ése será el caso mientras China insista en jugar según reglas diferentes, incluida una divisa pegada. Queda por verse si el comercio regional y la cooperación financiera se desarrollan aún más o quedan estancados en las piedras de la rivalidad chino-japonesa o en la desunión de la Asean.
Con todo, los avances en el Asia del Este tienen el desgraciado efecto colateral de aumentar la división entre el Asia del Este y Asia del Sur. Esta división está aumentando por tres razones. Primero, la falla de India en catalizar el libre comercio del Asia del Sur o en no desempeñar todavía un rol mayor en el comercio global. Segundo, Myanmar: debería ser un puente, literal y figurativamente, entre el Asia del Este y del Sur, pero su sistema enormemente disfuncional es una barrera. Tercero, aunque el comercio entre India y China ha estado creciendo rápidamente, las inquietudes indias respecto de los recursos de agua están aumentando en forma igualmente rápida.
Un nuevo informe del Strategic Foresight Group, un think tank de Mumbai, sugiere que el cambio climático provocará caídas de entre 10 y 30 por ciento en los flujos de los ríos de los Himalaya durante los próximos 40 años, mientras la demanda se incrementa y los recursos de aguas superficiales se van agotando. En teoría, esto podría incentivar la cooperación entre los aproximadamente 1,3 mil millones de personas que viven en las cuencas fluviales en ambos lados de los Himalaya. Pero en cambio hay crecientes sospechas en India, y particularmente en Bangladesh, de que los países que están corriente arriba, especialmente China, poseen las llaves de los flujos de los ríos y las usarán para ventajas estratégicas.
Mientras Europa declina y Estados Unidos se estanca, el potencial del Asia y sus líneas de falla se hacen más claramente definidos.