
Viernes 1 de enero de 2010
Por Cristina Espinoza
Tal como un test de embarazo, pero aplicado al agua. Esa es la idea de un grupo de investigadores de
En el mundo, más de 12 millones de personas mueren por problemas ligados al consumo de agua. En muchos sectores ni siquiera existe agua potable (en Chile cerca de 400 mil personas no tienen), por lo que la posibilidad de contagiarse con algún patógeno es alta.
Sobre todo en verano, las infecciones digestivas aumentan, principalmente por el relajo en las medidas de higiene y la dificultad de encontrar agua potable en ciertos lugares de veraneo. La recomendación
Por ello, el equipo de investigadores, liderados por el ingeniero civil, especialista en Ingeniería Sanitaria, Raúl Galindo, decidió crear una solución. Un prototipo de test de detección rápida de patógenos que determine, de manera casi inmediata, si el agua está contaminada, a través de un cambio de color (de azul a rojo).
Apoyados por un proyecto Fondef, la empresa de servicios de ingeniería, control de medio ambiente y análisis químico, Silob, y fondos de la universidad, el proyecto tiene un plazo de tres años para obtener los primeros resultados.
Emulando el sistema inmunológico
Según explica Raúl Galindo, académico del Departamento de Obras Civiles y Jefe de Proyecto, el sistema se basa en el desarrollo de un biosensor para la detección temprana de patógenos. Creando bio-membranas mímicas (o artificiales) de membranas celulares, las que contienen receptores extraídos genéticamente del sistema intestinal humano, será posible lograr que el agua cambie de color cuando esté contaminada.
"El cromóforo queda capturado por esta membrana, que bajo condiciones de no activación presenta una coloración azul, pero si se activa, se torna rojo", explica Galindo. Esto será posible incorporando un componente de la célula humana intestinal que actúe como reconocedor de los patógenos, "de manera análoga a como ocurre en el organismo humano para activar sus defensas en caso de presencia de agentes infecciosos", afirma el ingeniero.
El test aspira a detectar los patógenos causantes de las principales infecciones globales, aunque para identificar cuál de todas es la causante, será necesario un análisis en laboratorio.
"Disparamos una idea más general, no pensamos en una solución que detecte específicamente la especie, sino que diga si tiene o no contaminantes micro patogénicos en términos genéricos. Después, en un laboratorio, podremos chequear cuál patógeno específicamente está presente, pero la señal de alerta, la señal básica es esa: que la persona en el futuro sepa si puede consumir esa agua o no", sostiene.
Laboratorio de bolsillo
La idea del test es permitir que el usuario pueda manipularlo y trasladarlo fácilmente. Más aún, que se convierta en uno más de los elementos del botiquín.
"Hoy nadie puede hacer estas pruebas, porque significa seguir un protocolo de detección. Sacar agua, tomar la muestra y llevarla a un laboratorio es muy caro e involucra además un proceso que la persona normal no hace. Pero con un aparato de estas características, creemos que lo hará", asegura Galindo.
Esperan que la prueba determine en no más de cuatro horas si el agua está contaminada. A futuro, piensan este prototipo como una plataforma unida a un sistema de teledetección, geo-referenciación y transferencia a distancia, con el objetivo de vincularlo con programas internacionales de salud.
Actualmente, el equipo ya cuenta con membranas, que están siendo analizadas en busca de las que necesitan para el test. En paralelo, trabajan en la célula reconocedora del intestino humano, para luego integrar ambas.