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Jueves 22 de octubre de 2009| por Rodrigo Mundaca
Es un lugar común decir que quedan pocos días para la elección presidencial, que esta elección puede ser la más reñida de todas las que anteriormente se desarrollaron en Chile. Pero la elección también marca un hito en la sociedad chilena, básicamente por la irrupción de un tercer candidato, Marco Enríquez-Ominami, quien desafió todos los pronósticos, todas las encuestas y vaticinios, y se ha instalado como alguien capaz de desestabilizar el duopolio Concertación-Alianza.
Hay quienes majaderamente han intentado invisibilizar su candidatura, han utilizado todas las tribunas posibles para menoscabar una candidatura que se ha posicionado como la forma más concreta de rechazo al statu quo. Escalona es el estandarte mayor de la defensa del orden establecido y sancionado por los mismos que durante 20 años han profitado del Estado.
Es evidente el pánico instalado en la Concertación, prueba de ello son los puerta a puerta del inefable ministro de Hacienda, y el desembarco de ministros de la administración Bachelet en el comando de Frei.
Colusión es un pacto que acuerdan dos o más personas a fin de perjudicar a un tercero, un pacto que atenta contra la libre competencia, una práctica monopólica que busca salvaguardar el interés de unos pocos por sobre las mayorías. Es necesario preguntar si existe colusión entre funcionarios públicos y el comando de Frei, en circunstancias que el servicio público constituye el brazo ejecutor del Estado.
El sentido ético del servicio público es el bien común, lo que implica que lo social debe primar sobre lo individual. Pero funcionarios públicos intentan con su conducta confundir a los ciudadanos, establecer verdades absolutas a favor de la candidatura de Frei, por sobre los intereses y necesidades de todos.
Andrés Velasco ha sostenido que en su calidad de ciudadano en domingo tiene derecho a apoyar a su candidato, prescinde de su investidura ministerial y se pone al servicio del candidato oficialista. Es curiosa esta figura, en particular cuando los miembros del Ejecutivo son funcionarios de confianza del Presidente, cuya función es velar por el bien común, más aún cuando son autoridades designadas.
Lo que ha sucedido es colusión política que busca favorecer a un candidatos, pero no a cualquiera, sino que quien con su impronta garantizará la mantención del gatopardismo, la pervivencia de un modelo que ha consagrado la desigualdad. El mismo que privatizó las sanitarias, donó sus joyas para la eufemística reconstrucción nacional comandada por el dictador más feroz de la historia de Chile, es quien con mano artera salvó a Pinochet de la justicia internacional.
Rodrigo Mundaca