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Lunes 2 de enero de 2012| por Marco Antonio de la Parra
Año termocéfalo por excelencia, el 2011 será recordado agitando la calle, parado por manifestaciones, polarizado ideológicamente y como paradoja, sin confianza en ningún actor político. Las encuestas con que terminó el año pasado nos mostraron sin cabeza y con altísimos porcentajes de favoritismo futuro a figuras que hoy son apenas puro carisma. Ni Bachelet ni Golborne han hecho nada para ganar adeptos aparte de un pasado supuestamente glorioso, sin sustento programático, sin ideas, solamente imagen y nostalgia. Livianos como un paquete de cabritas, despiertan inquietud en su intenso glamour comparados con el rechazo tanto al gobierno como a la oposición donde poco falta para que haya encuestados que olviden si hay presidencia o congreso.
En este clima nos llega el voto voluntario y la inscripción automática que quizás impidan recalentamiento global de las ideologías pero están atascados por el sistema binominal que ojalá caiga lo antes posible pues ha deteriorado todo el sistema político, como lo demuestran tanto las encuestas como el estado de salud al interior de los conglomerados. Situación extraña que corona a una Camila Vallejo que ya es leyenda y que entra a una carrera política que puede ser muy interesante pero donde, ojalá, las reglas sean más claras y abiertas.
Preocupa de todas maneras que la descomposición del pensamiento arrase con las opciones existentes sin que emerja con fuerza alternativa alguna. El panorama ha terminado siendo desolador. No hay noticias políticas serias en la TV, no hay programas políticos profundos en pantalla o los que hay tienen sintonía bajísima, los bellos 80, tan atractivos como conmovedores, se meten en el recuerdo doloroso sin mostrar otras zonas de contraste de manera más aguda, más allá de la caricatura y me pregunto cómo ayudan o complican la lectura de la historia de tiempos presentes. ¿Cómo viene la mano? Las revoluciones se detienen con el verano y los nuevos líderes juveniles amenazan con más de lo mismo y, lamentablemente, los cambios en el gabinete no aseguran que el gobierno gane flexibilidad ni juego de cintura ni habilidad de muñeca.
Ideas no se ven claras por ninguna parte y seguramente sea hoy el bien más escaso, no sólo por aquí sino que en todo un planeta acosado por la crisis económica con tijeretazos en Europa y Estados Unidos y un endurecimiento previsible por estos lares donde toda las obras del gobierno actual son tapadas por la crisis de la educación que tiene para rato y el aumento de la delincuencia que parece ligado a un tema que involucra todo: este país cayó víctima del lucro y el lucro despierta las vocaciones y ambiciones y apaga las pasiones e interroga al sentido de la vida y por todas partes nos convierte en clientes o productos y las deudas piden ingresos para no vivir en números rojos.
¿Quiénes serán las figuras de opción política de fines del 2012? ¿Qué pasará después de un cambio radical como el que están sufriendo las leyes electorales? La incertidumbre, esta vez, suena exquisita y creativa. Como hace tiempo, no se puede predecir nada y hay que moverse con cuidado en un país que reabrió viejas heridas y las sumó a las herencias tortuosas del libre mercado al destapar las secuelas de un sistema que cree en el lucro como horizonte para todos pero donde es más fácil llegar por la deuda que por el esfuerzo y el ahorro. No sabemos cómo viene la mano. Es un largo y ardiente verano. El país está en llamas y espero eso no sea la metáfora de nada. Ojalá esta vez usemos la imaginación a la que hemos apelado tanto. Ojalá pensemos.