
Miércoles 26 de enero de 2011
Crossley era el cerebro detrás de la firma británica ACS Law. Esta organización era contratada por víctimas de descargas ilegales, es decir, los titulares de los derechos de autor. ¿Qué es lo que hacía Andrew? Buscaba a quienes bajaban y subían contenido protegido para luego mandarles un mail frente al que tenían dos opciones: Pagar una multa o irse a juicio. Miel sobre hojuelas para Andrew, hasta septiembre del año pasado en que se filtraron todos estos mails.
Nadie sabe cómo, pero de pronto los torrents estaban a reventar con los datos personales de todos quienes fueron amenazados por descargar películas. El archivo se empezó a propagar como un virus, o como un pequeño Wikileaks, mientras que hordas de internautas anónimos buscaban entre los mails a famosos o conocidos.
Según la BBC, fueron 8.000 personas las que quedaron expuestas. Inmediatamente se empezaron a quejar por la poca preocupación de este leguleyo por la privacidad de sus datos, ya que casos sensibles como la descarga de películas porno -una enorme mayoría- quedaban a la luz.
La tortilla se le dio vuelta a Crossley, quien en seguida fue acosado por intimidaciones, cyberbullying y constantes alegatos de quienes alguna vez estuvieron recibiendo sus amenazas judiciales.
Hablando de lo cual, es precisamente en un juicio cuando Crossley estalló y decidió largarse, dejando a todos con la boca abierta, informó el diario El País. Resulta que la defensa expresó que todos los que estaban siendo demandados por ACS Law podrían hacer lo mismo con la firma, ya que no estaba claro la forma en la que conseguía los mails y, peor aún ¿Cómo sabía que tal persona descargaba porno? Ningún proveedor de internet quiso responsabilizarse.
Pero esta no es la principal razón de la dimisión. Andrew expresó en la corte que tenía los nervios de punta debido a que había recibido numerosos insultos y burlas. También mencionó bombas y amenazas de muerte.
Es fácil imaginar que los demandados suspiraron de alivio. Quizás también esbozaron una sonrisa, no comparable con la de aquellos que filtraron y distribuyeron los mails.