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  Dakarización

  No podemos operar con mapas mentales rígidos y esencialistas para entender las transformaciones culturales, esperando que los otros continúen estáticos y rígidos. Esto es más una visión egótica y reaccionaria.

Miércoles 13 de enero de 2010| por Claudio Avendao (*)

Es ya tradicional que en este período estival muchas personas y familias se desplazan hacia otros lugares de Chile en busca de parajes desconocidos o que les resultan interesantes (elección que también depende de las posibilidades financieras). Para algunos es una oportunidad de conocer y/o enseñar a sus hijos la multiplicidad de Chile(s) que existen, en especial para los citadinos que nos asomamos al "Chile profundo", como se dice en lenguaje cursi. En estos periplos resulta revelador encontrarse con comunidades y pueblos que, pese a compartir la misma bandera, tienen costumbres y sistemas de creencias diferentes, en otras palabras sistemas simbólicos y, en alguna medida, rasgos culturales divergentes a los propios. Más de alguien buscará la diferencia como una manera de conocer los pliegues del país, e intentará visitar lugares que tienen otros atributos, propios de sociedades "tradicionales" e incluso etnicidades distintas. Muchos esperan -tal vez desde el prejuicio- hallar grupos de personas viviendo en el pasado, estancados en años pretéritos, propios de situaciones superadas por la modernidad globalizada.

Sin embargo, al llegar a ciertos pueblos nos sorprende que desde las radios de las casas o negocios emane casi la misma música que se escucha en las ciudades y que los jóvenes visten ropas muy parecidas a nuestros hijos o vecinos del barrio. Probablemente esta similitud implique para algunos la constatación de los cambios que provoca la globalización homogeneizante, y para otros sea la expresión del avance del país: "la modernidad y el progreso ha llegado a todas las partes". En el medio, varios matices…

En un artículo sobre música sound y comunidades aymaras, Bernardo Guerrero (www.scielo.cl/pdf/udecada/v15n27/art02.pdf) comienza su trabajo relatándonos que, con ocasión de la fiesta patronal de Chijo, al interior de Iquique, pudo escuchar a tres grupos musicales tradicionales participando de la celebración; sin embargo, detrás se veía el escenario con los típicos parlantes negros, signo de que se esperaba la noche para amplificar el sonido de grupos de música sound, que animarían el baile de los jóvenes aymaras que estaban estudiando o trabajando en Iquique.

La situación puede tomarse como una demostración de la pérdida de identidad de los pueblos originarios frente a la invasión cultural de los chilenos y las dinámicas globales. No obstante, esto se debiera comprender como parte de los cambios culturales y de las identidades que estamos viviendo y que ya se han vivido. Los bronces, el bombo y la caja que utilizaban los músicos en Chijo no son autóctonos. Quizás fueron introducidos como influencia de los aprendizajes y adaptaciones de instrumentos durante la permanencia en el ejército o por la presencia de los circos. Sin embargo, ahora los vemos como algo "natural" de esas comunidades.

En Iquique existe una disquería y estudio de grabación, llamada Carrero Discos, ubicada en los alrededores del mercado y probablemente constituye uno de los pocos lugares en el país que producen música regional. Ahí podemos hallar desde los conjuntos que animan la noche en las boites vecinas, hasta los grupos de viento de la Quebrada de Tarapacá, que crean y recrean la música de los pueblos originarios, pasando por canciones escuchadas en las oficinas salitreras y pueblos en que cohabitaban chinos, nortinos, sureños, europeos y nativos de otras latitudes. Desde hace varias décadas Carrero Discos es la expresión simbólica de las identidades culturales que cambian y que no por eso dejan de ser auténticas.

No podemos operar con mapas mentales rígidos y esencialistas para entender las transformaciones culturales, esperando que los otros continúen estáticos y rígidos. Esto es más una visión egótica y reaccionaria.

En estos días estamos viviendo mediáticamente y los menos directamente el Rally Dakar. Su expresión gráfica es la estilizada imagen de un tuareg o algún miembro de las tribus del Sahara. Dakar es simbólicamente un fenómeno propio de la globalización y el avance tecnológico. En su desarrollo se mide la pericia de conductores de una gran gama de vehículos. Pero también tiene una importante dimensión comunicacional/cultural. Accedemos a sus avatares a partir de la comunicación mediada y podemos conocer a personas de culturas diferentes, gente de muchas nacionalidades que convive en una misma situación. Es un espacio multicultural en el que se pueden establecer instancias de diálogo y comunicación que alimenten interculturalidad. Lo que empezó en África ahora se vive en Chile y Argentina, con la participación de muchas nacionalidades. Sin embargo, los diálogos, apropiaciones y dominaciones a nivel cultural son elementos siempre presentes.

* Claudio Avendaño, director de Magíster Internacional en Comunicación UDP

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