
Jueves 29 de diciembre de 2011| por Le Monde - foto: EFE
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A menos de un año de la elección presidencial estadounidense, el proceso de las primarias republicanas sigue estando ampliamente abierto y, cada semana, parece surgir de las encuestas un nuevo favorito entre los siete candidatos.
Desde hace algunos días, es el decano de los pretendientes, Ron Paul, quien genera las sorpresas, al ubicarse a la cabeza de las intenciones de voto en los cabildos de Iowa, primer estado que votará el 3 de enero.
Con 23% de las preferencias, superaría especialmente a Mitt Romney (20%), Newt Gingrich (14%) y Michele Bachmann (10%).
Pero ¿quién es aquel al que apodan en el Congreso “Doctor No”? Para sus partidarios, el ginecólogo es un candidato que se sitúa por fuera del sistema “corrupto” de Washington y puede enfrentar a los lobbys.
Se distingue igualmente por una política exterior no intervencionista y desea con ello abandonar toda ayuda al extranjero, incluida la destinada a Israel.
Ron Paul logra igualmente poner en el tapete ideas muy populares en el seno del electorado republicano, sobre todo la supresión de la Reserva Federal, la Fed.
Propone además reducir los gastos públicos en 1 billón de dólares desde 2013, suprimiendo cinco ministerios (educación, energía, comercio, interior y gestión del territorio).
Su última publicidad de campaña -espectacular por decir lo menos- permite apreciar al personaje. En ella, Ron Paul espera mostrarse como el hombre providencial de esta elección.
Sin embargo, a sus 76 años, Ron Paul no es un debutante en política. Si bien su experiencia puede constituir un activo considerable, su longevidad se presta para sacar a la luz antecedentes comprometedores.
Y el hombre fuerte del momento, al que muchos consideran el “padre espiritual” del movimiento ultraderechista Tea Party, se ha visto atrapado en los últimos días por algunos de sus antiguos escritos.
El “New York Times” publicó un florilegio de sus “newsletters” (puntos de vista enviados a los abonados a su sitio Web), redactados por el “abuelo del Tea Party” en los años 90, que contienen específicamente pasajes racistas, homofóbicos y antisemitas.
Así es como el diario estadounidense cita un fragmento de un relato sobre los disturbios de Los Angeles de 1992: “El orden pudo restablecerse en la ciudad solamente cuando los Negros pudieron hacerse de sus subsidios”.
El mismo tono queda también garantizado ese mismo año cuando se trata de afirmar que los seropositivos no debieran ser permitidos en los restaurantes, ya que “el sida se transmite por la saliva”.
Los mensajes en cuestión fueron incluso considerados, según el “New York Times”, como “una lectura aconsejada por el grupo neonazi Heritage Front”.
Aunque el interesado condenó después esas expresiones, como lo recuerda el “Huffington Post”, la polémica comienza a arreciar a medida que se acercan las primarias republicanas.