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Miércoles 2 de diciembre de 2009| por Emilio Leighton V., desde Madrid
"Necesito del mar porque me enseña, no sé si aprendo música o conciencia", expresa el poema "El mar" de libro "Memorial de Isla Negra" (1962-64) de Pablo Neruda, y que define perfectamente su fuerte relación y la inspiración que fue el gran océano para el intelectual.
Esa conexión y obsesión del poeta chileno ha sido recogida por el Instituto Cervantes de Madrid con ayuda de la Universidad de Chile, en la exposición Amor al Mar que se extenderá hasta el 24 de enero, y donde se muestran por primeras vez al público, 400 de las más de 9 mil caracolas (esqueleto del molusco) que el Nobel de Literatura donó a la casa de Bello en 1954.
Junto a estas bellas estructuras espirales geométricas también se montaron plataformas con una antología cronológica de las obras nerudianas, su biografía, sus fotografías en el mar, una pequeña biblioteca privada y pequeños amplificadores que reviven su voz recitando su poesía.
"Estas conchas muestran que su experiencia poética retorna siempre a su núcleo: la metáfora regresa, enrollándose, hacia su origen", señaló el escritor Carlos Franz y agregó que "los poemas de Neruda, donde menciona explícitamente a las caracolas, no son sino los más literales en una poesía que ve en el mar y sus seres un espejo de la naturaleza".
Una de las características que impresiona de la exposición Amor al mar es el nivel de las "conchitas". El comisario de la exposición, el chileno Pedro Núñez, explicó que se eligieron las caracolas más espectaculares, las más bellas en cuanto a estructura y a atracción. "En Chile quedaron las más modestas y las que tenía Pablo Neruda más cariño", señaló.
Asimismo, el artista plástico Núñez recalcó que "muchas de las caracolas están extintas y son únicas en el mundo".
¿Por quÉ se inaugura en Madrid?
El agregado cultural en Madrid, Carlos Franz destacó que la idea era unir a los dos países y "porque Madrid es la capital de la lengua española y es donde Neruda vivió momentos emocionales muy fuertes como la Guerra Civil, donde conoció a la Generación del 27, e hizo muchos amigos como Federico García Lorca y Rafael Alberti".
En tanto, Sonia Montecino, directora del Archivo Central de la Universidad de Chile y una de las personas que posibilitó junto con la embajada chilena en Madrid esta obra de arte, señaló que "Neruda quería especialmente la que le regaló Mao Zedong".
Además, la académica contó la táctica que tenía Neruda, como buen chileno, para conseguir las conchas. "Era muy conocido en el ambiente que Neruda las pedía directamente cuando le gustaban o simplemente se las llevaba y nadie podía decirle que no: era Pablo Neruda".
Sin duda, Neruda era un coleccionista y niño a la vez, y gozaba, cuando viajaba por los continentes, recogiendo caracolas en las playas más alejadas o comprarlas en los mercadillos del mundo.
"Era un naturalista, un ecologista, que tenía una obsesión con las caracolas, pero no sólo las coleccionaba sino que también las estudiaba, las clasificaba. Es más, creó todo un mapa malacológico, estudió las conchas. Incluso cuando pasaba por los mercadillos del mundo, compraba libros de malacología (conchalogía) para coleccionarlos y aprender todo sobre el mar y las caracolas", explicó la directora del Archivo.