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  El cambio de tendencia

  La derecha compitió con ventaja en primera vuelta debido a la fragmentación de la centroizquierda. Pero eso cambió. El empuje y la mística están hoy de parte de Frei.

Martes 5 de enero de 2010| por Sergio Muoz Riveros

La derecha enfrenta hoy un escenario muy inconfortable debido al ascendente proceso de reunificación de las fuerzas de centroizquierda. Por eso, su prensa amplifica los yerros y pasos en falso de las cúpulas concertacionistas, el último de los cuales fue la comedia de equivocaciones provocada por las renuncias de Gómez y Auth. A pesar de todo, las posibilidades de Frei siguen plenamente abiertas.

Ya llegará el momento en que los partidos de la Concertación examinen crudamente su propio desempeño e inicien la renovación que necesitan. Pero ésta es la hora de la lealtad con la causa unitaria. En la recta final, las vacilaciones son simplemente imperdonables. Lo que se espera, por ejemplo, es que los diputados y senadores concertacionistas recién elegidos asuman ahora su responsabilidad nacional.

La primera tarea de esos parlamentarios es pedirles a sus votantes que cierren filas con Frei, que hoy representa a todos los que se oponen a un retroceso y desean que el país siga avanzando por la senda de la Presidenta Bachelet.

Frei ha mostrado una nítida voluntad integradora de las corrientes progresistas. Su programa incorporó varias propuestas que habían levantado Arrate y Enríquez-Ominami, lo que ha sido bien acogido entre los votantes de éstos.

La actitud de Arrate ha sido encomiable en la actual coyuntura. La de Enríquez-Ominami, en cambio, parece estar determinada por otras prioridades. En cualquier caso, haya o no un explícito pronunciamiento suyo, lo concreto es que quienes lo apoyaron están tomando sus propias decisiones, y que la gran mayoría se inclina por Frei.

No existe la tercera vía. En el voto sólo aparecerán los nombres de Frei y Piñera. Si alguien pone en primer lugar sus críticas o ataques a Frei es porque quiere que gane Piñera. Al revés, si The Clinic concentra su fuego satírico en Piñera, habrá que entender que, por lo menos, prefiere que él no llegue a La Moneda.

Frente a la definición en curso, tienen una enorme responsabilidad los alcaldes y concejales, los dirigentes gremiales y sociales, todos aquellos que, debido a su notoriedad pública, son figuras de referencia para mucha gente. Nadie puede lavarse las manos. Así lo entendió, por ejemplo, el alcalde de Punta Arenas, Vladimiro Mimica, que votó en primera vuelta por MEO y ahora respalda a Frei.

La mayor desventaja que enfrenta Piñera es el Chile real, que no calza con la descripción angustiosa y tremendista que él hace. Su discurso necesitaría un país en crisis, económicamente en ruinas, socialmente fracturado, sin perspectivas, y sucede que Chile progresa a buen ritmo y que tiene auspiciosas perspectivas económicas para 2010. Lo insólito es que él hable de "cambio" y a la vez enarbole una copia programática de lo hecho por la Concertación. Hay muchos problemas pendientes, pero el requisito para enfrentarlos es asegurar el rumbo progresista. Una tarea esencial es, por cierto, la dignificación de la política y el servicio público, lo que incluye reformar la ley de partidos, para que entre el aire fresco en ellos, y cambiar el sistema binominal, que ha sido un foco de corrupción.

La renovación de la política exige, por supuesto, terminar con la turbia relación entre los negocios y la política, de la cual el candidato de la derecha es el portaestandarte. ¿Le puede importar tal renovación a la derecha, en cuyos partidos son inseparables las redes del poder político y el poder económico? ¿Le interesa siquiera al propio Piñera, que está convencido de que el poder es uno solo y hay que usarlo sin complejos? Es obvio que no.

La derecha compitió con ventaja en primera vuelta debido a la fragmentación de la centroizquierda. Pero eso cambió. El empuje y la mística están hoy de parte de Frei.

Esta es la batalla más dura enfrentada por las fuerzas progresistas desde la recuperación de la democracia. Pero eso mismo constituye un estímulo. Es, sin duda, una de esas batallas que se ganan con el corazón.

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