
Viernes 18 de diciembre de 2009| por SERGIO MUÑOZ
La derecha aún no ha ganado la batalla presidencial, pero ya muestra su soberbia. Aunque sacó una ventaja significativa en la primera vuelta, hoy existe un escenario frente al cual las fuerzas progresistas tenderán a converger.
Frei se ganó en las urnas el derecho a representar a esas fuerzas. Su tarea es difícil sin duda, pero nadie podría negar el temple que ha demostrado en las actuales circunstancias.
Electoralmente, la derecha no es más de lo que era hace diez años, cuando Lavín compitió con Lagos, ni hace cuatro años, cuando Piñera compitió con Bachelet, pero esta vez se benefició de un escenario en el que abundaron los elementos de dispersión en el campo de la centroizquierda. Es evidente que se vio favorecida por un cuadro en el que competían un candidato concertacionista y dos ex concertacionistas.
En todo caso, si se trata de números, es útil detenerse en los resultados de la otra elección nacional del 13 de diciembre, la de diputados. La lista de la Concertación y el Juntos Podemos obtuvo 44,36%; la de la Coalición por el Cambio, 43,44; la de Nueva Mayoría, 4,56%, y la de Chile Limpio, 5,40%. No es arbitrario afirmar que la mayoría de los votantes de Nueva Mayoría y Chile Limpio (que eligió tres diputados) están más cerca de Frei que de Piñera.
Si la competencia se hubiera dado en el cuadro de un país en crisis, con la mayoría de la población sufriendo penurias económicas, con desorden social, inestabilidad institucional y una Presidenta mal evaluada, la derecha habría obtenido probablemente mayoría absoluta en primera vuelta. Pero la situación es muy distinta.
A la derecha le gustaría que los electores no tuvieran en cuenta el presente para decidir sobre el futuro. O sea, que pasaran por alto que Chile progresa, que sus instituciones son sólidas, que la economía tiene bases sanas, que mejora la situación de amplios sectores populares y que la Presidenta cuenta con el apoyo mayoritario de los ciudadanos. Pero esa es la realidad.
La elección no se produce en el vacío. Es muy positivo que el Banco Central mantenga las proyecciones de crecimiento entre 4,5% y 5,5% y de 2,5% de inflación para 2010, lo que configura un cuadro favorable para la demanda interna. A esto, se agrega el ingreso de Chile a la OCDE, que debería estimular la inversión extranjera. Se trata de datos muy relevantes para afianzar la reactivación y alentar la creación de empleos.
El país real no se define por las querellas partidarias que amplifica El Mercurio, sino por la estabilidad institucional, el dinamismo económico y los avances en materia de protección social. No es posible prescindir de ello al momento de votar.
Vamos a elegir Presidente de la República. O sea, estamos obligados a pensar en el rumbo de la nación. Esto significa bregar para que los intereses del país estén bien defendidos y para impedir que los grupos corporativos impongan sus criterios. Gobernar no es lo mismo que manejar negocios privados.
Marcela Sabat, diputada electa de RN, declaró a una radio que le molestaba que a su candidato presidencial lo acusaran de ladrón. Cuando le pidieron que precisara quiénes decían tal cosa, respondió: "Cuando lo atacan y dicen que en el fondo está robando, actuando mal, a eso me refiero".
Nadie ha dicho que Piñera sea un ladrón. Lo que sí se ha dicho es que hay dudas fundadas acerca de sus métodos en el mundo de los negocios. Hace unas semanas, fue entrevistado en Canal 13 por los periodistas Constanza Santa María y Daniel Matamala, y no pudo deshacer la impresión de que en la compra de acciones de LAN, en julio de 2006, operó un sistema en el que fue determinante una orden de compra dictada sobre la base de antecedentes que permitían tener seguridad de las ganancias. Es explicable que Piñera se incomode cuando alguien le recuerda este episodio, en particular la multa de 360 millones de pesos que debió pagar luego de la investigación de la Superintendencia de Valores y Seguros.
No es un problema en sí mismo que un aspirante a la Presidencia sea rico. Pero sí lo es que sus métodos sean cuestionables. Y también lo es que llegue a producirse en Chile una concentración del poder económico, político y de los medios de comunicación en las mismas manos.
En comparación con lo que está en juego, cualquier diferencia en el seno de las corrientes progresistas pasa a segundo plano. Chile tiene que seguir avanzando.
Claudio Orrego señaló en La Segunda que no basta con levantar un discurso antiderechista o de miedo a la concentración del poder, porque la mayoría de la gente vota por proyectos positivos y que, por lo tanto, se necesita entregar esperanza y optimismo. Estoy de acuerdo. Sucede, además, que el mayor "proyecto positivo" está en curso y puede mostrar grandes éxitos, y parece que algunos concertacionistas todavía no se dan cuenta. Haberlo perdido de vista en ciertos momentos ha sido una de las principales fuentes de confusión en la coalición gobernante. Las veleidades han tenido un alto costo.
La candidatura de Frei debe catalizar la corriente mayoritaria que está a favor de continuar y profundizar la línea de acción de la Presidenta Bachelet. Esta es la batalla por asegurar que los frutos del progreso lleguen a todos, que la sociedad chilena sea más inclusiva, que se premie el mérito y no el origen social o la militancia, que el Estado refuerce su compromiso con la protección social.
Este es el momento de unir fuerzas y avanzar por el camino ancho. Ese es el sentir de la calle. Los partidos de la Concertación no deben distraerse de lo principal. Los parlamentarios, ya liberados de la presión de sus propias campañas, deben encabezar el esfuerzo por asegurar que la mayoría social y política que existe en Chile se exprese como mayoría electoral el 17 de enero.