La Nación

Inicio » Opinin

El gran triunfo de James Hamilton

En una sociedad pacata y acostumbrada a poner la basura debajo de la alfombra, el profesional no derramó un vómito verbal sobre las vejaciones a las que fue sometido. Lo que hizo fue exponer y reflexionar, con altura de miras, sobre las consecuencias que acarrean las desmedidas atribuciones en una sola persona.

Martes 22 de marzo de 2011| por Juan Costeau/Nación.cl

Cuando la televisión chilena presenta tongos tan burdos y predecibles para subir el rating (como fue la supuesta pelea entre Ricarte Soto y Raquel Argandoña en “Buenos días a todos”), lo que pasó la noche del domingo es una bocanada de esperanza.

En “Mi nombre es”, el programa de talentos de Canal 13, sucedió algo que, hasta hace unos meses atrás, era una quimera. Un transformista llamado Jonathan apareció imitando a Beyoncé. Fue un saludable ejercicio de tolerancia e integración y una palada de tierra al excesivo conservadurismo de esa estación que, afortunadamente, descansa en paz.

Si eso fue un acto sorpresivo, lo que vimos en “Tolerancia cero” fue algo inimaginable para el standard clásico de la televisión. James Hamilton, médico de profesión y uno de los abusados por el sacerdote Fernando Karadima, asistió como invitado estelar.

Más allá de los durísimos conceptos que emitió contra el poder en las sombras de cierta parte de la élite católica, Hamilton abrió un camino casi siempre intransitable en la pantalla chica y, también, en los medios de comunicación locales: decir la verdad.

En una sociedad pacata y acostumbrada a poner la basura debajo de la alfombra, el profesional no derramó un vómito verbal sobre las vejaciones a las que fue sometido. Lo que hizo fue exponer y reflexionar, con altura de miras, sobre las consecuencias que acarrean las desmedidas atribuciones en una sola persona.

¿Algunos ejemplos? Cuando comparó a Marcial Maciel, el líder de los Legionarios de Cristo e íntimo amigo de Juan Pablo II, con Karadima, sentenció que el mexicano se drogaba y estaba enloquecido. El  padre chileno, en tanto, no bebía una gota de alcohol y le fascinaba tener el control total. Lo suyo, dijo, era perversidad pura.

También esbozó la conducta religiosa casi enfermiza de una parte de la aristocracia local. Muchos de ellos, afirmó, concurren a la iglesia para exculpar sus pecados. Esas opiniones de una franqueza inaudita e inédita en la televisión lograron un rápido efecto: escandalizaron a Juan Carlos Eichholz, el más conservador de los panelistas.

Su molestia evidenciada en su rostro desencajado llegó a un clímax que no pudo tolerar. “Estamos en televisión”, le espetó, incluso, a Hamilton en un equivocado juicio a su postura sincera y, por sobre todo, decente.

En paz consigo mismo, el gran triunfo del doctor fueron sus frases finales. Afirmó que su hijo de 15 años estaba de acuerdo con su gesto de valentía y orgulloso de su progenitor. “Este será tu legado”, le manifestó. Cuesta encontrar instancias de verdadero sinceramiento en la pantalla. “Tolerancia cero”, sin querer lo logró. La realidad sin artificios le ganó a la mentira. Y plasmó otra certeza: cuánto cambiaría para bien la sociedad chilena si hubiesen más James Hamilton y menos Juan Carlos Heichholz. Seríamos, definitivamente, otro país.

Redes Sociales »

RSS»

Opinin

La Nación

Serrano 14, Oficina 601-603, Santiago
Teléfono: 56 2 - 2632 5014

Director Responsable: Samuel Romo Jara
Representante Legal: Luis Novoa Miranda

© Comunicaciones LANET S.A. 2014
Se prohíbe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.