Inicio » Opinin

  El precedente hondureño

  Los perdedores del triste episodio hondureño son los demócratas de la región. La señal que emana de Tegucigalpa es inquietante.

Viernes 29 de enero de 2010| por Ral Sohr

Los golpistas hondureños ganaron la partida. Porfirio Lobo juró como Presidente constitucional y Manuel Zelaya, el Mandatario democráticamente electo y depuesto por militares golpistas en junio, salió al exilio en República Dominicana. La saga que comenzó con la pugna creada por la insistencia de Zelaya por convocar a una asamblea constituyente adquirió características de una opereta tragicómica. Un Presidente sacado de su cama en pijamas por militares armados hasta los dientes es un cliché que, de pasada, refuerza la mala reputación de América Latina en el mundo. Luego episodios aún no aclarados: ¿por qué Zelaya es llevado por los golpistas a la base aérea de Palmerola, donde están apostadas tropas estadounidenses?

Washington reaccionó con lentitud sospechosa ante la gravedad de los hechos. Da la impresión de que en las primeras horas dejó que los conjurados operaran con libertad. La inminencia de un golpe de Estado era un secreto a voces en Tegucigalpa. ¿A Estados Unidos le resultaba más importante la salida de un aliado del Presidente Hugo Chávez que la defensa del orden constitucional? Lo primero es táctica política, en tanto que lo segundo son principios. En definitiva, la Casa Blanca optó por una postura pragmática y reconoció los resultados electorales, realizados en condiciones anómalas, que dieron la victoria a Lobo.

El grueso de los estados latinoamericanos y caribeños condenaron el golpe. Los motivos para esta postura son evidentes. El grueso de las naciones del hemisferio han vivido bajo variopintos regímenes de facto. En consecuencia, todos los que han recuperado la democracia, a altos costos, tienen sólidas razones para repudiar los pronunciamientos militares.

Brasil tomó el liderazgo de los estados democráticos. Desde el comienzo condenó a los golpistas y luego, una vez que Zelaya retornó en forma clandestina al país, le dio asilo en su embajada. El grueso de los países hemisféricos se alinearon tras Brasilia. Chile tuvo una postura de firme rechazo desde una segunda línea. Con todo, la fuerza de Brasil y el resto de los países latinoamericanos no fue suficiente para lograr la vuelta del Mandatario electo al palacio presidencial. Pese a que existieron acuerdos para lograrlo, ellos fueron eludidos con habilidad por los golpistas.

Roberto Micheletti, el jefe del gobierno golpista, demostró ser un hábil táctico que supo deflectar las presiones y ganar tiempo. La jugada final fue "llevar a juicio" a los militares golpistas. Como era previsible, la Corte Suprema, que formó parte de la conspiración, concluyó por boca de su presidente Jorge Rivera: "No se ha acreditado que los imputados hayan actuado con dolo, sino más bien teniendo en mente fines justificables, como lo eran preservar la democracia de la República de Honduras y evitar el derramamiento de sangre". En consecuencia, sobreseimiento definitivo y cosa juzgada. Luego el Parlamento votó una amnistía. En Honduras hubo cambio de régimen y los responsables se exculpan, como de costumbre, unos a otros.

Los perdedores del triste episodio hondureño son los demócratas de la región. La señal que emana de Tegucigalpa es inquietante. Si uno de los países más pobres y débiles consigue imponer sus términos, con mayor razón lo podrán lograr otros en estados más poderosos. Como en situaciones anteriores, quedó en evidencia la esterilidad de la Organización de Estados Americanos (OEA). Pese a los esfuerzos de José Miguel Insulza, su secretario general, y del Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, no consiguieron que los acuerdos labrados, llamados de San José-Tegucigalpa, fuesen respetados por los golpistas.

La democracia se ha fragilizado en la región. En Paraguay han abundado los ruidos de sables. Según algunos analistas, en Asunción, han sido las presiones de Brasil y Argentina las que han impedido un conato golpista. Pero la defensa del sistema democrático es, ante todo, la responsabilidad de cada pueblo.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.