
Miércoles 8 de septiembre de 2010| por CLAUDIO AVENDAÑO
Este año se ha cristalizado una serie de cambios en el sistema de comunicaciones, que tiene como su eje más destacado la propiedad de la televisión. Los avatares de la venta de Chilevisión se han convertido en un tema político de máxima relevancia y debate, no sólo porque se ha visto involucrado el Presidente de la República durante un período de su mandato, sino porque la comunicación mediada ha ido adquiriendo mayor centralidad en política, economía, trabajo, educación, es decir, en los ámbitos sociales básicos de la sociedad chilena. Por algo se habla de Sociedad de la Información/Comunicación/Conocimiento
La adquisición de Time Warner implica, además, la introducción de un jugador mediático de primera fila mundial; aunque ya había grupos empresariales hispanoamericanos en nuestro sistema medial, ahora aparece un rasgo distintivo: la inclusión de nuestros medios y sistemas de producción audiovisuales en las dinámicas globales. Tendencia que se venía observando desde hace mucho, con la exportación de formatos y programas, pero posiblemente la escala sea mayor de ahora en adelante. Esto sin considerar la sempiterna importación de programas, característica de la televisión en nuestro país y región desde su nacimiento.
Time Warner reafirmará probablemente lo que ha sucedido desde hace mucho con sectores de la economía como las industrias de la pesca, celulosa, fruta y minería, entre otras. Así, hemos observado de qué manera los sectores productivos mencionados se incorporan con éxito en la globalización económica. Sin embargo, también hemos visto situaciones como el accidente de los 33 mineros, que da cuenta de la precaria realidad de la pequeña y mediana industria. Acostumbrados a mirar sólo las grandes empresas, no hemos visualizado las condiciones en que trabaja y vive un parte importantísima de los trabajadores de estos rubros productivos.
El impulso de Time Warner hacia las dinámicas de comunicación globales necesariamente nos debe inducir a pensar en los ámbitos de la comunicación que no están ni estarán incluidos en las lógicas globales. Por un lado, los medios regionales y, por otra parte, el tercer sector de la comunicación. En el primer caso, hay una constante situación de fragilidad de medios escritos, televisión y radiales. Agrupaciones como la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) han estado siempre preocupadas por esta situación. También la Archi (Asociación Chilena de Radiodifusores) realiza estudios y promueve acciones para darle sustentabilidad a este sector. Estos medios son vitales para sus regiones y ciudades, y son muy valorados por los sujetos, como se demostró con la radio para el terremoto del 27 de febrero.
El tercer sector de la comunicación involucra a los medios audiovisuales, radiales, escritos y multimediales sin fines de lucro y, aun más, llevan en su ADN cooperar y abrir espacios de comunicación participativos, especialmente vinculados a la realidad en que están domiciliados. Es muy necesario asegurar el funcionamiento y la sustentabilidad de estos medios, porque representan realidades locales que es necesario mantener y desarrollar.
Además, ayudan a visibilizar las realidades cercanas a las experiencias cotidianas de los sujetos de esas comunidades; a su vez, contribuyen al fortalecimiento de las identidades y las expresiones culturales únicas, transformándose en espacios simbólicos nutritivos para la vida de los sujetos y sus colectivos. No todo lo que brilla mediáticamente está en Santiago, Nueva York o Barcelona. En todas las regiones, ciudades y localidades, las personas necesitan construir y sentir un nosotros, es decir, su sentido de comunidad, incluso en los barrios de las grandes ciudades. Éste es el valor del tercer sector, irrenunciable aspecto a considerar en cualquier diseño político en comunicación.