
Domingo 5 de septiembre de 2010| por Felipe Castro
Aún en estos días hay quienes sienten que les pisan los callos cuando se cita al buen Darwin recordando que nuestros antepasados viven en alguna selva de Borneo comiendo frutos silvestres, retozando en el follaje y frotándose mutuamente. Pero así es la cosa. Somos mamíferos, bípedos, primates y en vez de reproducirnos por esporas, recurrimos a ese curioso mecanismo evolutivo que es el sexo, con su despliegue de rituales y misterios que los biólogos intentan descifrar al alero del método científico.
En el departamento de zoología de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación hay un pequeño museo de animales disecados que haría poner el grito en el cielo a cualquier vegano. El polvo sobre ellos hace notar que fue en otro tiempo que lo instalaron, sobre todo al ver la piel seca de un mono araña que perdió la cola hace rato y que mira con ojos de vidrio al curioso espectador. A su lado, el profesor Marcial Beltrami explica algunos comportamientos que nos vuelven verdaderos "animales en la cama" y que, a la hora de perpetuar la especie, nos igualan a chimpancés, gorilas y loros.
"Somos mamíferos, por lo tanto, tenemos adaptaciones que se entienden muy bien al observar las diferencias reproductivas que tenemos los machos y las hembras", explica el académico. Esta diferenciación se evidencia fuertemente en la producción de gametos, que son las células reproductivas que posee cada sexo. O sea, espermatozoides en machos y óvulos en hembras.
"Para graficarlo de una manera simple, algo que predispone fuertemente las relaciones entre los géneros es que los espermatozoides son baratos y se producen muchos a la vez. Mientras tanto, a la hembra la producción de óvulos le requiere un gasto de energía muy grande y para producir uno solo por vez. O sea, el gameto femenino es más caro", ejemplifica el presidente de la Sociedad Chilena de Etología, rama de la biología y de la sicología experimental que estudia el comportamiento de los animales en libertad, como los pajarillos.
Lo anterior permite comprender algunos temas clave en el comportamiento sexual humano. Éstos se hacen evidentes en lugares tan disímiles como la discoteque Aliens, de Bellavista, o el after office de Cerro Castillo, donde los machos desarrollan, cada uno como puede, una serie de estrategias de cortejo para ser elegidos por la selectiva hembra. O sea, como decía el viejo y sabio Darwin, es a los machos a quienes les toca la pega de competir.
Porque esto es África
El profesor Beltrami es claro al indicar que en nuestro caso, como homo sapiens sapiens, la biología predispone, pero no define nuestros comportamientos, ya que desde que nos "bajamos del árbol" hemos ido construyendo ese raro armatoste de símbolos y cosas llamado cultura. Sin embargo, hay muchas ecuaciones que nos hacen sentido cuando vemos a un futbolista porfiado como él solo con una bella modelo. O cuando miramos con envidia al veterano Michael
Douglas con la lozana Catherine Zeta Jones. O cuando nos enteramos que el genial y decadente Charly García está saliendo de nuevo y por enésima vez con una preciosa veinteañera.
El estudio de Davis Buss, de 1993, resulta incómodo al punto de ser políticamente incorrecto a la hora de dar cuenta de algunas realidades ligadas a lo anterior. En éste se comprobó que debido a la energía invertida por la hembra en la producción del óvulo y el desarrollo intrauterino, para relaciones a largo plazo las mujeres consideran factores que en la cultura actual implican éxito de la especie y se relacionan con acceso a bienes simbólicos y materiales. Por eso a un alto porcentaje de ellas les llaman la atención hombres que sean exitosos en su medio, independiente de que sean bellos, feos, viejos o jóvenes. He ahí las innumerables parejas futbolista-modelo o rockero viejo-muchacha bella.
Vinculado a lo anterior, en el reino animal las señales de cortejo que hacen aves como el loro tricahue, por ejemplo, sirven para inferir, a través de gestos como la regurgitación de alimento del macho a la hembra, que el varón será un padre preocupado de la crianza. Trasladado al campo humano, estas señales se manifiestan en ternura, preocupación, cortesía y una cierta ambición por "ser alguien en la vida", que suelen ser indicadores de que se busca algo más que una noche de aventura loca.
Por su parte, para las relaciones a largo plazo, los hombres se fijan en las llamadas "señales honestas", que son indicadores de calidad biológica. Caderas anchas, cintura de avispa, labios gruesos -que son evidencia de un alto contenido de estrógenos- y una edad cercana al peak reproductivo de la mujer, que es a los 23 años, son la delicia de los varones cuando quieren ponerse serios y sentar cabeza.
Por el caso contrario, para relaciones pasajeras, el hombre es menos selectivo en términos físicos y adscribe al milenario axioma "haud esse distortus feminae, autem piscolas lenis", lo que en buen chileno quiere decir que no hay mujeres feas, sino piscolas suaves. Siguiendo en el campo del encuentro furtivo, ahí es donde la mujer se deja llevar por las "señales honestas" y elige varones cargados de hormonas, musculosos y sexualmente atractivos, sin fijarse mucho si leen de corrido.
Reggaetón y selección natural
La asimetría se define como la diferencia que existe en la forma (comúnmente tamaño) entre la mitad izquierda y la mitad derecha de un rasgo. O sea, se podría decir que mientras más asimétrico, se es menos atractivo hacia el sexo opuesto según varias investigaciones.
Una y otra vez se ha comprobado, según cuenta José Antonio Muñoz, estudiante de doctorado en Comportamiento Animal y Humano en la Universidad Complutense de Madrid, que "los individuos con un menor valor de asimetría fluctuante tienen una mayor tasa de apareamiento".
El joven titulado de la UMCE se encuentra realizando un estudio, que paralelamente se lleva a cabo en Chile y España, para saber si "algunos rasgos corporales como la simetría facial son señales que guardan relación con los mecanismos de competencia que utilizan los adolescentes para intentar conseguir una pareja y limitar el acceso de otros (u otras) a posibles parejas dentro de una población determinada".
Los resultados aún están por definirse y analizarse, pero claramente demuestran que, al igual como las junglas de Borneo, una discoteque puede ser un lugar perfecto para sacar conclusiones relacionadas a la selección natural como la que dice que estamos en un mundo salvaje, sometido a las leyes naturales. O contraponiéndolo a las palabras del profesor Beltrami: "La biología marca tendencias, pero no es algo absoluto. La cultura, en este sentido, puede potenciar tendencias o las puede reprimir, pero no las va a hacer desaparecer".
Y aunque puede sonar contradictorio con lo afirmado anteriormente e imposible de corroborar por la ciencia, sea asimétrico o simétrico, la buena fortuna hace pensar en esa voz popular que dice que en el tema del sexo casi todos tienen su misterioso encanto escondido. O como diría la señora Eduvigis saliendo de misa y recordando sus deliciosos pecados: "A nadie le falta Dios". //LND