21 Junio 2021 15:36
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Ernesto Garratt cuenta sobre el Chile ucrónico que retrata su última novela “Error de continuidad”

El periodista y escritor conversó con La Nación sobre el diálogo de ficción-realidad de la historia, la utilización del lenguaje en el contexto criollo; la ciencia ficción como género para hablar del presente, su modo narrativo, y sobre la injerencia de la pandemia y el estallido social en su texto.

“Daniel Villanueva comienza a ser parte de la producción chileno-norteamericana ‘The Worst Time Traveller’, con la estrella Starlet Johnson filmando en Chile en plena pandemia. Es un trabajo caído del cielo para él: cesante y con un matrimonio en crisis y con una hija pequeña con TEA (Trastorno del Espectro Autista) que requiere tratamiento”, presenta en la contraportada el último libro del periodista y escritor Ernesto Garratt.

“Error de continuidad” (Aurea ediciones) está ambientado en un Santiago ucrónico con todos los esténtores de la ciencia ficción, lleno de humor negro y referencias cinéfilas. Esto último se conecta con su carrera como crítico de cine y su trabajo periodístico que lo ha llevado a entrevistar a directores como Quentin Tarantino, Francis Ford Copolla, Martin Scorsese, entre otros.

El también autor de “Allegados” y “Casa Propia”, se encuentra trabajando actualmente en su campaña para ser convencionalista en la Convención Constitucional por el Distrito 18, y desarrollando otra novela.

Garratt conversó con La Nación sobre el diálogo de ficción-realidad de la historia, la utilización del lenguaje en el contexto criollo, la ciencia ficción como género para hablar del presente, su modo narrativo, y sobre la injerencia de la pandemia y el estallido social en su texto.

Tu libro tiene mucha referencia cinéfila, ¿es algo que tiene que ver con tu carrera como crítico de cine? 

-Sí, completamente, tiene que ver con la cinefilia, con el hecho de romper ese halo fantasioso de correr la cortina y decir qué pasa cuando estás en frente de alguien súper famoso como Scarlett Johansson y que en el libro aparece ficcionada, o cuando estás en un estudio de cine que me ha tocado a mí ir a rodajes, estar con actores como Brad Pitt y Clint Eastwod en los rodajes como periodista. Quería enfrentarme a eso, a ese choque de lo que representa la cinefilia, el amor por el cine y el asombro, pero también quería aterrizarlo a un punto de vista más vano o errático y lograr secuencias de humor, de aterrizar todo esto a un plano humano y con las temáticas del libro que tienen que ver con cultura pop.

Añade: “Quería que fuera un libro súper democrático que cualquiera que haya visto el “plan básico de cine de viajes en el tiempo”,  de dimensiones paralelas y ciencia ficción, pudiera sentirse enganchado, pudiera entender las referencias y asimilar lo que pasa en nuestra realidad y la del libro: que parece una línea arruinada por Marty Mcfy y el Doc, ya que en ese mundo está Piñera, está en pandemia, han habido negligencias, se violan los derechos humanos, entonces quería plantear esa realidad pero desde la ficción, aunque es la realidad”.

En este sentido, el libro es de ciencia ficción, pero trata varios tópicos y temas nacionales como la identidad.

-Es que el “rollo” de la identidad me parece súper importante, porque estamos refundando e intentando refundar Chile a través de una nueva Constitución, entonces estamos definiendo la identidad que vamos a tener. En este momento hay un choque esquizofrénico entre lo que somos y lo que los fascistas de élite quieren que seamos. Esto no es Suecia, porque a pesar de la riqueza infinita que tiene este país, es un país de muchas pobrezas, de mestizaje, de piel morena, no hay rubiedad, y quería jugar con esa identidad. Es por eso que el personaje principal es un personaje súper promedio: con guata, de polera apretada, rasgos mestizos, como todos nosotros o la mayoría de los chilenos. Yo quería que en la historia del libro, mediante este juego de superposiciones de realidades, dimensiones y viajes en el tiempo, pudiera esta misma realidad ser trastocada, traspapelada, cambiada, y en ese cambio subrayar la búsqueda, lo que realmente uno puede ser, lo que uno realmente es. Es súper importante para mí que este libro más allá que hable de una película de Hollywood y que se hable de estrellas famosas y que tenga este “spanglish” como forma de hablar, sea un libro sobre la búsqueda de la identidad.

¿Por ello que las aclaraciones a pie de página, son aclaraciones muy chilenas, casi como una “broma interna”?

-Es que el lenguaje chileno se escapa de las imposiciones, de las reglas de la RAE (Real Academia de la Lengua Española) y arma su propia manera de reordenarse pese a las imposiciones que involucra la élite. El “hablamiento” es lo que me interesaba rescatar. A mí me gusta como hablamos, como armamos frases los chilenos, la rapidez, el hablar en chiquitito o el garabato; es súper rica la manera en que hemos, de alguna manera, desconstruido el español clásico. Y esto no lo veo en la literatura nacional, a menos que sea un viaje etnográfico de un escritor a la clase baja, no existe esa espontaneidad y quería que la tuviera. Quería justamente hablar de eso, de cómo en el fondo uno es “hablando chileno”, cómo enfrenta eso. Y de hecho, un personaje lo dice en mi novela, que cuando tú te vas afuera o estás viviendo en el extranjero, que fue en mi caso cuando me tocó estar dos semanas afuera en Cannes, y te pones a hablar en otro idioma, el chiste cambia y piensas de otra manera.

“Si te pones a hablar en inglés, te reseteas -agrega. De repente, las cosas tienen más sentido y dejas de pensar en ese idioma y en ese lastre de la pena chilena, porque la forma de hablar del chileno es súper triste, pese a la talla, es como una defensa contra una tragedia mayor. Quería exponer eso también. Siento que en el fondo es muy importante rescatar nuestra manera de hablar sin exponerlo como si fuera “un freak en una jaula de un circo” para que un cuico de turno lo admire, sino simplemente como es. Por eso que este libro está hecho para las personas que son la mayoría de Chile y que no somos cuicos; el 80% no somos cuicos y no votamos Rechazo. Somos personas que queremos un Chile mejor y queremos que se nos escuche, es para la gente que tiene rabia, quiere cambios y encontrar la felicidad en un país que tiene muchísimo dinero acumulado en un cruel e inhumano 1%”.

“ME ENCANTA LA CIENCIA FICCIÓN”

¿Y por qué abordaste estos temas, pero desde la ciencia ficción?

-Porque me encanta la ciencia ficción. Me encanta abordar temas que parecen imposibles pero que en la física cuántica y los principios de la ciencia están demostrando que son posibles. Ya estamos viviendo en un futuro que podría ser alterno, donde interactuamos con inteligencias artificiales y tecnologías que pensamos que eran imposibles. Entonces siento que esto ya se convirtió en una ucronía. O sea, ve alrededor: estamos con un virus que nos tiene en jaque a todos. Para mí el género literario que estamos viviendo en la actualidad, y que debería ser la moda, es la ciencia ficción, aunque no me interesan las modas, pero es el género que mejor representa lo que está pasando en el aquí y ahora.

La hija del protagonista, en un principio, tiene trastornos del espectro autista el cual a medida que avanza la novela y cambian las realidades alternas, deja de afectarla. ¿Qué buscaste retratar en ello?

En el fondo, quería hablar de cómo este modelo afecta a personas de clase media, modelo que se supone funciona para esta clase, y reflejar cómo el tener hijos con necesidades educativas especiales es realmente un desafío y un tema en este país donde realmente no existe ningún derecho. Si tú quieres derechos tienes que comprártelos. Quería presentar lo angustioso que es crecer y vivir en un país que es así de cruel, que es súper espartano, porque aquí no solo sobrevive el más fuerte, sino el millonario que hace la mejor pillería.

Remarca: “Es que si tuviéramos millonarios en Chile que por último inventaron algo como Facebook o Amazon, o algo que en verdad sea admirable desde un punto de vista creativo, bacán. Pero lo que hicieron en Chile fue crear un sistema de robo legal llamado Isapre, llamado AFP, donde nos sacan dinero para capitalizar su propia empresa. O sea, yo no puedo elegir no poner esa plata en manos de privados para que mi dinero después ellos lo apuesten en la bolsa y lo inyecten a sus propias empresas. Eso me angustia, porque lo mismo hacen con la salud, con la educación, las pensiones, y tener una hija con necesidades educativas especiales que es lo que quería poner en el libro, y la experiencia mía y de personas cercanas, es angustiante, porque te das cuenta que estás abandonado a un Estado que no existe y que está controlado por privados que solo satisfacen sus necesidades y avaricias personales o como grupos corporativos”.

O sea, usar la ucronía para abordar el realismo.

– La idea era bajarlo a un nivel humano y mostrar esa realidad, porque el Estado en este país no te ayuda en nada, lo único que hace es estar preocupado de andar dando perdonazos a personas como Ponce Lerou, Johnson, Penta, personas y empresas que nos hacen daño. El Estado protege a los victimarios y a las víctimas las deja abandonadas. Los niños con necesidades educativas especiales son personas que merecen toda nuestra atención y preocupación y el Estado no se preocupa por ellos, de cualquier clase social que sean. Entonces me preocupaba mucho la infancia y tener a la figura del futuro de una niña con necesidades educativas especiales, que si no fuera por sus padres, por una preocupación básica, está a merced de todo y del abandono total.

En tu libro “Allegados” narraste con un “flujo de conciencia” y en este otro libro también, ¿por que como autor usas este estilo?

-Le echo la culpa a Henry Miller

¿Por qué?

-Él lo hace, y me encanta cómo lo hace, siempre me gustó. Creo que hacerlo era difícil porque tienes que conjugar tiempo, estructuras, tienes que pensar súper bien lo que vas a decir para meter las ideas y tener además la oportunidad de darle voces a los demás, no solo que sea tu flujo de conciencia hablando desde un punto de vista pasivo. Entonces, fue un desafío, pero me gusta hacerlo. Hay un tema que te lo enseñan cuando haces periodismo, que tienes que tener claro que tienes que emocionar al lector y también hacerlo pensar. Tienes que darle el ejemplo y después la prueba de por qué ese ejemplo es así. Tienes que manejar la emoción pura y la razón, entonces en el flujo de conciencia tienes que aplicar esa estrategia, porque tienes que ejemplificar, mover al lector a través de emociones, pero tienes que mostrarle un constructo también de por qué piensas así, qué te hizo pensar así, por qué piensas así.

“No es solamente decir ‘Piñera es un estafador’, por ejemplo, sino también decir que este modelo no funciona porque te afecta de esta manera, por eso servía mucho la idea de una hija con TEA y de un país en crisis como el que estamos ahora. Entonces era muy importante manejar eso y hacerlo útil a esta historia en particular, que no es solo una denuncia sino también es un viaje de un personaje que va a través de distintas realidades y que va buscando una redención por sus propios errores. Aunque quizá no esté tan equivocado, porque en el fondo lo que quería en este libro era dignificar el error, dignificar la capacidad de equivocarnos, porque este modelo te hace sentir que estás equivocado todo el rato”, subraya.

¿Cómo fue retratar la pandemia, en plena pandemia?

-La pandemia está pasando, es interesante. En ese sentido, jugué harto o quería jugar harto con lo que estamos viviendo, que son los espacios de cautela, los espacios donde tienes que estar con mucho control y protocolo. Por ejemplo, al momento de hacer las películas hay protocolos, al momento de estar en la casa también hay protocolos, y también esa necesidad de vincularte a otro con una serie de barrera, pasadas por la metáfora, con el cedazo de la nacionalidad. En el fondo, tienes que hablar con otras personas en otro idioma, y estás súper distante, entonces hay mucha distancia entre cada uno, no solo la física, sino las que involucra vivir más que nunca en mundos distintos. Y además está la idea de que la pandemia, en un momento del libro, está súper controlada porque no gobierna Piñera, se supone que en esa realidad gobernaba Guiller y después de Nueva Zelanda éramos el segundo mejor país del mundo, porque se preocuparon de las personas y no de los negocios.

“Entonces, también tiene que ver con el what if, me gusta mucho manejar eso. Entonces se filma la película en Chile porque hay más impunidad para filmarlas acá, porque se supone que había ganado Joe Biden en mi versión y justo pasó. Tuve cueva, le achunté, ja, ja”..

Hay una atención en tus obras sobre abordar temas sociales, en este sentido, ¿cómo fue lidiar con un tema tan reciente como el proceso constitucional?

-Sucede que si tú planteabas en tu trabajo o en tu círculo cercano algunos temas que incomodaban socialmente o políticamente, eras resentido, comunista. Pero después del 18 de octubre del 2019 y el inicio del proceso constituyente, lo que ocurre es que lo que uno habla no es una ensoñación, aunque siguen diciendo cosas como que “Chile está polarizado”, pero es como 80-20 esa “división”, en realidad aquí no hay polarización, hay una visión general y mayoritaria de un Chile más justo donde tú puedas encontrar la felicidad, y no una deuda constante en tu vida para sobrevivir.

“¿Cómo es posible que la mayoría de los chilenos tengan que endeudarse con tarjetas retail para poder comprar la comida? ¿O que no tengan derechos de salud, derechos sociales? Al final el derecho a la propiedad es una alusión a la ideología y los pilares neoliberales de los siniestros ‘Chicago Boys’. Eso es súper interesante recalcarlo en la literatura y los medios artísticos, y en general en todo el mundo, no solo en mis libros”, dice.

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