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Sábado 23 de junio de 2012| por Felipe Castro
No nos andemos con bobadas. Sebastián el Rata Echavarría no es el primero que afirmar que hasta la llegada de los impresionistas, las únicas formas de pintar una obra que requiriese de una dama posando eran: ir a la morgue, transvestir a un varón (fíjese en las fornidas sibilas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y dígame si esos brazos no son de muchacho) o contratar a una prostituta.
Y con la idea de reivindicar el rol de las prostitutas en la historia del arte, el colectivo “Dildo Roza” y la revista “Cariño Malo” inauguraron la exposición “Ábrete. La cortesana en la pintura”.
Montada en el céntrico Night Club Lido, en la calle Mac-Iver, la inauguración fue una instancia para romper con los espacios expositivos tradicionales, así como para despercudir el empaquetado –y regado, vaya paradoja- ambiente de las muestras de arte.
Entre las pinturas había propuestas que se fueron por el lado pornográfico, mientras otras hacían referencias claras al sexo como mercancía, ya sea desde una perspectiva crítica o reivindicativa.
En medio del espacio, en el segundo piso del Lido, se podía ver un retrato de cuerpo entero de una mujer desnuda y rubia, ataviada nada más que con unas botas color rosa y recostada sobre lo que parece ser un diván. Al mirarla con atención uno le encuentra un inevitable parecido a Luli, la muchacha de la tele.
“Sín Título” se llama la obra, del pintor Pablo Lincura, que no se encontraba presente en la inauguración, porque está en China. Por el momento es difícil conocer las motivaciones del artista y si realmente se trata de la bailarina. Nos quedamos con el enigma kitsch en tonos rosa.
Como corresponde, el acto inaugural “le llevó” espectáculo erótico varieté. La primera en presentarse fue -léase con voz de animador de topless- la espectacular Romina Saavedra, quien realizó un show revisteril cantando su propia versión del clásico “summertime”.

El plato fuerte lo puso una de las bailarinas del club Lido, que realizó un pooldance erótico ante el respetable público. El arte pocas veces es tan divertido, piensa uno, mientras mira a las mujeres del público, fascinadas al acceder a ese espacio reservado para los varones –y para las trabajadoras, claro- que es el night club.
“Nuevamente queremos probar con activaciones de espacio para el arte. Ahora es un night club, antiguamente probamos un cine porno, el Capri. Y nos queremos hacer responsables de la importancia de la prostituta en la pintura, que ha sido fundamental en la historia del arte. Nuestra expectativa es llevar al espectador hacia una experiencia estética nueva”, comenta Sebastián El Rata, de Dildo Roza.
La muestra estuvo en exhibición en el Lido sólo la noche del miércoles 20 de junio y se enmarcará en la Bi-anal de arte erótico que Dildo Roza está organizando para Noviembre en Santiago. Más información sobre los pintores y las pinturas en el sitio de Dildo Roza.