Inicio » Opinin

  Femicidio o feminicidio: ¿cómo lo hacen los medios?

  Es una tarea relevante cambiar las formas parciales o erróneas de representación medial si aspiramos a construir una sociedad abierta, diversa y que respete derechos de todos y todas. La unidimensionalidad de la mujer es como lo que ocurre con niños y niñas (tratados como "menores") o los pobres (tildados como "pasivos").

Miércoles 14 de octubre de 2009| por Claudio Avendao Ruz, director magster internacional en Comunicacin UDP

La representación de la mujer en los medios es un tema que se viene investigando desde los '60. Y que surgió como un área de denuncia de estereotipos mediáticos que la reducen a ciertas categorías únicas y repetibles, lo que se ejemplifica en mostrar un "cuerpo atractivo", que corresponde a estándares de la mujer bella y deseable según cánones del momento. La publicidad, las películas y ciertos programas de televisión, hace años la reducían a la categoría de un objeto de atractivo sexual para el hombre. Larga batalla han dado los grupos feministas para cambiar esto, aunque probablemente no con todo el éxito deseado, porque aún vemos la vigencia de esas representaciones. Es probable que muchos opinen que cuestionarlas es rebuscado, porque en el fondo todos-sabemos-que-las-cosas-no-son-así. Lo cual revela, al menos, que en el espacio mediático estas representaciones son parte de un sistema de creencias en que las ideas contradictorias se asoman como algo incómodo, erosionando lo "normal" de nuestras formas de pensar.

Pero es una tarea relevante cambiar las formas parciales o erróneas de representación medial si aspiramos a construir una sociedad abierta, diversa y que respete derechos de todos y todas. La unidimensionalidad de la mujer es como lo que ocurre con niños y niñas (tratados como "menores") o los pobres (tildados como "pasivos"). Es necesario propender a una educación en medios que amplíe la mirada, aunque implique un esfuerzo para periodistas, directivos mediales y nosotros como público.

Un artículo en la revista F@ro de Valparaíso sobre el tratamiento en la prensa del femicidio nos ofrece evidencia y útiles distinciones para entender el fenómeno que aborda, y también sobre los modos en que los medios escritos construyen la realidad medial (web.upla.cl/revistafaro/02_monografico/08_lagos.html). La autora del texto, Claudia Lagos, propone usar el concepto feminicidio en vez de femicidio, porque permite una mejor comprensión del hecho: "Ya que no sólo da cuenta de la violencia criminal sobre las mujeres, como 'hechos aislados, únicos, meros casos de crónica roja, excepcionales. Son, a todas luces, resultados de procesos de violencia contra la mujer por motivos de género más profundos y de larga data, enraizados en las estructuras culturales, en los relatos simbólicos, en las instituciones'".

Es un trabajo cualitativo que involucra 17 asesinatos de mujeres, de tipo feminicidio íntimo, en que existía alguna relación afectiva entre asesino y víctima. La autora distingue tres tipos de representación, que dan cuenta de una cierta manera en que los medios escritos la relatan. Las formas de narración implican una representación, al menos parcial, de hechos descontextualizados y aislados de lo cultural, social e institucional en que debiera entenderse la construcción de género en nuestra sociedad.

Un primer enfoque del "relatar" es concebir el feminicidio como drama y tragedia, que los hechos son vistos como algo inevitable, fuera de la voluntad del hombre, un "arranque de locura" de parte del autor, algo así como una tragedia que sucede sin que podamos hacer nada, del mismo modo en que una tragedia natural (ejemplo: una inundación, un terremoto o un aluvión) termina con la vida de las personas. Una segunda mirada está asociada a construirlo como un hecho sangriento, en la "escena del crimen" participa tal o cual persona, que procedió de manera tal y concluyó en un asesinato: un relato en que hay personajes, conflicto y desenlace sangriento, es una especie de teatralización en que pareciera que no hay "nombres", ni situaciones sociales en que estén insertos los involucrados, no es una acción propia de la voluntad. Distingue un tercer tipo: "locura de amor", que pone énfasis en lo emocional, lo sentimental, que subyace en la acción criminal. El asesinato de la mujer se debió a un "acto de locura" por un cambio en cómo se relacionaba una pareja, lo que llevó al hombre a resolver la situación asesinando.

Según la autora, subyace a estas conductas el ideal romántico, que da al hombre un carácter activo y a la mujer el pasivo. Cuando surge un problema que cambia esta situación de roles, se resuelve con el asesinato de la mujer, enmarcado en una relación afectiva que lleva al hombre a actuar desquiciadamente, enceguecido por la emoción. Se presenta al asesino como "normal" y el asesinato como algo aislado.

Las formas de representación elaboradas por la autora pueden servir para analizar otro tipo de fenómeno que tiende a aislarlos de la situación que se da en la sociedad. No da cuenta de las dimensiones culturales y sociales y, por tanto, parecen "hechos puntuales". Esta visión, ciertamente, no facilita ni pone en cuestión la institucionalización del fenómeno, no insta al debate en otros planos (el legal y educativo) ni al cambio del paradigma. La descontextualización no genera las condiciones para la transformación y el intercambio de ideas, reduce los fenómenos a acciones individuales y motivaciones particulares, lo que no ayuda ni a la comprensión de ellos ni a la consolidación de una sociedad más consciente y solidaria.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.