Inicio » Opinin

  Guerra soterrada en Yemen

  Es probable que el fallido atentado de Navidad contra un avión de pasajeros estadounidense fuese preparado con antelación. Pero también es posible que el ataque contra Al Qaeda haya precipitado un intento de venganza. Siempre en el campo de lo hipotético, ello podría explicar la falta de pericia del frustrado terrorista nigeriano. Un notable contraste con el profesionalismo de los perpetradores de los ataques del 11-S-2001.

Domingo 10 de enero de 2010| por Ral Sohr

Era previsible que un Estado fallido en la península arábiga, tarde o temprano, se convertiría en un teatro de acción bélica. Hoy Yemen figura alto en la mira de Washington y otras capitales occidentales.

Si los fundamentalistas de Al Qaeda logran implantarse en el país, de 23 millones de habitantes y con un mísero ingreso per cápita de 2.300 dólares, no pasará mucho tiempo antes de que amaguen los yacimientos petroleros saudíes.

Semejante amenaza es algo que los países industrializados no están dispuestos a tolerar bajo ninguna circunstancia. Estados Unidos, ya bajo la Presidencia de Jimmy Carter, proclamó que utilizaría la fuerza militar para proteger sus intereses en el golfo Pérsico. Desde entonces ha librado dos guerras en la zona.

En la mañana del 12 de octubre de 2000, un pequeño bote se acercó al destructor USS Cole que cargaba combustible en el puerto de Aden.

Una vez a su costado detonó media tonelada de explosivos que mató a 17 tripulantes e hirió a 39 de ellos.

La acción fue reivindicada por Al Qaeda. Dos años más tarde escribí en La Nación: "El cielo lucía descubierto en el desierto yemenita. De pronto, de la nada, surgió una llamarada que fue a dar directo contra un jeep que corría por la carretera.

Era un misil disparado desde un avión no pilotado Predator operado por la CIA. Sus seis ocupantes perecieron calcinados. Oficialmente, nadie reclamó la autoría del hecho.

En Washington, sin embargo, funcionarios de alto nivel señalaron que era una operación contra Qaed Salim al-Harethi, uno de los principales líderes de la red Al Qaeda.

Los cinco viajeros restantes del vehículo fueron descritos como militantes de bajo nivel. Un funcionario del gobierno estadounidense, citado sin nombre por el periódico New York Times, dijo que la CIA tenía instrucciones que le daban amplios poderes para perseguir a terroristas de Al Qaeda en cualquier lugar del mundo. El vocero presidencial Ari Fleischer declaró al respecto que Estados Unidos está comprometido "en un tipo diferente de guerra, en un campo de batalla distinto" y agregó que "la mejor defensa es a veces una buena ofensiva".

El incidente marcó un hito. Fue un paso importante en el cambio de las reglas del juego en las relaciones internacionales.

Estados Unidos ponía así en práctica su anunciada doctrina de asesinar a presuntos terroristas buscados, allí donde se encuentren. El ataque recibió amplia cobertura mediática. Una señal de que Washington deseaba divulgar la acción.

Lo que fue un éxito militar resultó, a la postre, un revés político en Yemen, pues el gobierno yemenita perdió confianza en Washington. Pese a que sus autoridades pidieron a Estados Unidos que no publicitase el ataque, la solicitud fue ignorada.

El gobierno de Ali Abudullá Salé temió volverse en el blanco de las iras de los fundamentalistas y tomó distancia de Washington. Así, lo ganado probablemente fue menor a lo perdido en la indispensable alianza con el régimen yemenita.

Con altos y bajos, la lucha entre los integristas y las autoridades, respaldada por Occidente, se ha convertido en una constante.

En forma gradual, el régimen ha perdido el control de la mayor parte del territorio. Con el respaldo de la CIA, las fuerzas oficialistas lanzaron un ataque contra un campamento de instrucción de Al Qaeda.

El 17 de diciembre, la fuerza aérea realizó un intenso bombardeo que mató, según los partes militares, a 23 insurgentes.

Esta versión fue disputada por líderes tribales que denunciaron que la mayoría de las víctimas eran civiles. Al parecer un sector importante de los yemenitas creyó la última versión.

Varios parlamentarios pronunciaron encendidos discursos en contra Estados Unidos.

Es probable que el fallido atentado de Navidad contra un avión de pasajeros estadounidense fuese preparado con antelación. Pero también es posible que el ataque contra Al Qaeda haya precipitado un intento de venganza.

Siempre en el campo de lo hipotético, ello podría explicar la falta de pericia del frustrado terrorista nigeriano. Un notable contraste con el profesionalismo de los perpetradores de los ataques del 11-S-2001.

Cabe recordar el juicio del analista estadounidense Samuel P. Huntington, muy próximo a la CIA, que describió así, en su libro "El choque de las civilizaciones", los conflictos librados contra los yihadistas: "En esta cuasi-guerra, cada bando ha capitalizado sus fortalezas y explotado las debilidades de su contrario.

En el campo militar, ha sido en gran medida una guerra de terrorismo versus poder aéreo. Entrenados militantes islámicos aprovechan las sociedades abiertas de Occidente y ponen bombas en blancos seleccionados.

Militares profesionales occidentales aprovechan los cielos abiertos del Islam y lanzan bombas inteligentes contra blancos seleccionados".

El dilema para Estados Unidos es cómo neutralizar a Al Qaeda en la península arábiga sin abrir nuevos frentes bélicos. La expansión del conflicto podría fragilizar aun más a un país que ocupa una posición estratégica.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.