
Jueves 4 de febrero de 2010| por Cartas
El desierto avanza cada año medio kilómetro y dos tercios del suelo patrio están erosionados. La tragedia inquieta a pocos. La clase política continúa con sus forcejeos, ahora, por el control del Legislativo. Nuestro mundo académico -igual que en Bizancio- discute cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler. La docencia está castrada de lo nacional y vegeta como eco de lo euroyanqui. Nos consumen foráneos debates y surgen grotescas modas legitimadas por la TV. Rebrota el "fetichismo jurídico", según el que basta una nueva Constitución para resolver los problemas.
Mientras, el escaso parche vegetal es destruido por incendios forestales y tala indiscriminada. Se espera, del nuevo régimen, una inversión sostenida en Conaf. Es insuficiente el cuerpo de guardabosques y se requiere incrementar la dotación de helicópteros. Constituye una irresponsabilidad que los ríos de la I, II, III, IV y XV regiones continúen desembocando en el Pacífico. Es urgente implementar una política hidráulica manifestada en represas. En el escudo debiera figurar como lema "¡Ni un litro de agua dulce al océano!" Así tendría asidero aquello de "tu campo de flores bordado" que anota Eusebio Lillo.
Profesor Pedro Godoy P., director del Centro de Estudios Chilenos