
Domingo 17 de junio de 2012| por Claudio Leiva Cortés
El miércoles pasado, en un hospital de Granada, ciudad española donde asesinaron al gran Federico García Lorca, los bomberos le salvaron el pene a un sujeto de 52 años que había introducido el miembro en un tubo de acero de 2 centímetros de diámetro, para satisfacer un extraña desviación sexual.
Chile también tiene algo que aportar en este tema. El 6 de marzo de 1998, bomberos de la 7ª Compañía de Santiago le preservaron el aparato reproductor a un individuo de 50 años, natural de San Bernardo, que “le
hizo el amor a un rodamiento”, tal como tituló el diario La Cuarta en una portada que actualmente es de culto. El matutino popular se agotó antes de llegar a los quioscos.
De lo poco que se conoce de este sujeto, sólo se sabe que llegó tapado con una manta a la Posta Central. Cuando le preguntaron por el motivo, dijo que "tengo un problema personal entre las piernas". Una enfermera le respondió "ah, venéreas, vaya a sacar número al consultorio". El desconocido se quedó sentado dos horas hasta que un guardia lo "apretó". El misterioso individuo abrió la frazada y mostró el pene atrapado en un rodamiento.
En ese delicado operativo de rescate fue figura principal el entonces teniente de la 7ª Compañía, Jorge Alarcón Castañeda (53), quien manipuló directamente la herramienta de corte que liberó a al paciente en la Posta Central. En exclusiva para Chile y el mundo, Alarcón habló con Nación.cl sobre esos angustiantes momentos.
- ¿Cómo partió todo?
- Todavía me acuerdo… (se escuchan risitas). Eran las 7 de la tarde cuando de la central de alarma recibimos un llamado para concurrir a la Posta Central, porque una persona tenía una extremidad trabada. Nos dijeron eso nomás.
- ¿Ningún indicio de lo que se trataba?
- Nada. Llegamos a la posta y un médico nos recibió en el estacionamiento de las ambulancias. Nos pre
guntó qué tipo de herramientas teníamos para cortar metales. Lo llevé al carrobomba y le mostré una galletera de 24 centímetros de pulgada. Es como un esmeril portátil de 30 centímetros de diámetro.
- ¿Y no tenían nada más de precisión, tomando en cuenta que…?
- Era lo único aplicable. El doc miró la herramienta y nos dijo ‘ahora vamos a ver el problema de nosotros’. Nos llevó a un box de emergencia. Yo iba mentalmente preparado para una pierna, un brazo o una mano atrapada en algo, pero el médico me miraba nomás. No decía nada. Llegamos al box y vimos que había un paciente en la camilla con sus brazos y piernas como corresponde.
- ¿Chan?
- No entendíamos nada, hasta que de repente el doctor le levantó las sábanas al paciente y… ¡ahí lo vimos! El doc nos dijo ‘éste es el problema, señores’. El pobre tipo tenía el pene metido en un rodamiento y no lo podía sacar. ¡Estaba enorme de inflamado!
- No era para la risa, ¿cierto?
- Noooo, pero las enfermeras pasaban y decían ‘córtenselo nomás a ese degenerado’… En el box estaban el doctor, los traumatólogos y un dentista que había llegado con sus instrumentos para ver si podía hacer algo. En total, como siete personas más el paciente.
- ¿Y qué decía él?
- Naaada, estaba p’adentro, y eso que sólo tenía anestesia local. Nunca dijo cómo se había metido en ese problema. Después de examinar el problema, el médico tratante me preguntó ‘¿qué hacemos?´. Ahí fuimos a buscar la galletera y nos dispusimos a cortar con el mayor cuidado posible.
- Bomberos chicos buenos…
- Un bombero lo intentó primero, pero no pudo. Y yo, como oficial a cargo del operativo, tuve que asumir la tarea. Mientras los traumatólogos le metían unos palillos entre el rodamiento y el pene, y se lo tomaban con las manos para afirmarlo, yo apliqué la cortadora. Nos demoramos 40 minutos en el primer corte.
- Tienen que haberle pegado su raspón, ¿o no?
- Varios, imposible no hacerlo, pero por suerte estaba anestesiado. Los traumatólogos le echaban agüita al miembro mientras yo cortaba. El problema fue que este primer corte no soltó el rodamiento. Hicimos otro por atrás y después de otros 40 minutos el rodamiento saltó en dos partes como un resorte. Fue impresionante, todos gritamos de alegría.
- ¿Cómo fue esa escena?
- El dentista era el que más leseaba. Me dijo que yo era el único cirujano que no había pasado por la universidad. La verdad, después de que saltó el rodamiento todo fue chacota.
- ¿Y qué dijo el paciente?
- Ni pío. Después me contaron que había estado esperando dos horas para que lo atendieran, hasta que un guardia le preguntó qué necesitaba. Andaba tapado con una frazada, la abrió y lo llevaron de urgencia al box, porque tenía el pene a punto de reventarle. Me dijeron que se le veía bonito, ¡jaaaa…!, perdón.
- ¿Cómo terminó todo?
- El paciente se fue y nunca más supimos de él, ni siquiera agradeció. Por lo menos, en todos los cuarteles de Santiago pusieron un rodamiento y un cartel que decía: ‘En caso de emergencia, llamar la 7ª Compañía’.
Actualmente, Jorge Alarcón Castañeda –de profesión prevencionista de riesgo- trabaja en una empresa contratista que presta servicios a la minera Collahuasi, en Iquique. Para concluir dijo que este tipo de accidentes son muy extraños. “Tuvieron que pasar 14 años para que ocurriera algo parecido en España”, reflexionó.