
Sábado 4 de septiembre de 2010
Se estima que entre un 5 y un 8% de la población sufre de enfermedad bipolar (EB), un mal que demora en promedio unos 12 años en ser diagnosticado porque suele confundirse con depresión unipolar y otros trastornos mentales.
Para entender este mal y buscando que las familias puedan entender mejor al paciente, el siquiatra de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, doctor Pedro Retamal, creó un libro que ya tiene su segunda edición en librerías titulado "Cómo Enfrentar la Enfermedad Bipolar, Guía para el Paciente y la Familia", un texto de 152 páginas publicado por la editorial Mediterráneo en el que se resume de manera didáctica y accesible las características de esta patología, abordada desde todas las perspectivas.
La enfermedad bipolar es un trastorno del ánimo en que la persona experimenta alternadamente fases de tristeza patológica y euforia o manía. Pero pese al mayor conocimiento respecto de este tipo de depresión, la psicoeducación sigue siendo fundamental para conseguir un buen apego al tratamiento que deber seguirse durante toda la vida.
Según explica Retamal, el trastorno bipolar se presenta de dos maneras: la EB tipo 1, en que la euforia y manía tienden a ser muy intensas, tanto que el paciente suele requerir hospitalización, y la EB tipo 2, caracterizada por aceleraciones más leves de hiperactividad que, sin embargo, también son causa de conflictos interpersonales. En esta última, la fase depresiva es 30 veces más usual que la aceleración hipomaníaca, de ahí que el diagnóstico sea complejo y pueda confundirse con depresión monopolar.
"Hay muchos individuos que son falsos negativos, eso significa que en atención primaria al menos el 20% de quienes fueron diagnosticados con depresión unipolar en realidad tenían EB y a nivel psiquiátrico esta cifra puede elevarse hasta el 50%. El problema está en que el tratamiento para una y otra patología es distinto, por lo tanto, las respuestas terapéuticas serán inadecuadas", dice el académico que además trabaja en el Hospital del Salvador.
Pero también hay falsos positivos, en menor cantidad, a los que tampoco les funcionan las terapias y se afecta la calidad de vida de los pacientes. "Ya que está de moda la EB algunos sujetos que tienen alteraciones de la personalidad, como los pacientes borderline, son mal diagnosticados y eso incide en su terapia", apunta el Dr. Retamal.
DAÑO CEREBRAL Y TRATAMIENTOS
A las dificultades del diagnóstico y los problemas con las terapias, se suma que la repetición de episodios depresivos y maníacos daña el cerebro provocando alteraciones cognitivas y psicosociales; mientras más tiempo pasa para llegar al diagnóstico adecuado, mayor es el daó. "Hay que enfatizar en los médicos que un cuadro depresivo podría corresponder a EB. Por eso, para hacer un análisis pertinente no basta con efectuar un estudio transversal que evalúe sólo lo que ocurre actualmente, sino también se requiere de uno evolutivo que considere lo acontecido en los años anteriores a la fase presente", explica.
Un diagnóstico acertado debe incluir también entrevistas con los familiares del enfermo y una historia genealógica del individuo. "Lo más importante es preguntar por los síntomas que aquejaban a los padres, abuelos, hermanos o tíos del paciente", comenta Retamal.
Confirmado el diagnóstico, los pacientes debieran iniciar un tratamiento que incluya el suministro permanente de estabilizadores del ánimo (litio es el más conocido), además de apoyo específico para las etapas agudas de depresión o manía. El apoyo y la psicoeducación también son fundamentales en este período.
"La persona debe hacerse cargo de su enfermedad, entenderla y tener claro que lo acompañará el resto de su vida, debido a lo cual debe controlarse en forma constante y tomar sus medicamentos, aunque esté en una fase en que se siente bien y cree que no los necesita. Lo relevante es evitar las recurrencias, por eso los familiares debieran conocer los detalles de la EB", añade el doctor Retamal.