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Domingo 10 de enero de 2010| por Luis Barrales*/ La Nacin Domingo
Frei es fome. Y tal vez eso baste para entenderlo como el peor candidato que pudo escoger la Concertación. Pero detrás de él, bastante detrás, casi al medio, casi abajo hay todavía una grupo de personas buenas.
Mujeres sobre todo que han constituido uno de los pocos contrapesos al poder inmisericorde del mercado a través de políticas públicas donde predomina la humanidad. No las medidas revolucionarias, porque entendamos que no se puede, entre otras cosas porque la gente no las quiere.
Entendamos que han pasado veinte años y, contra lo que creímos, nos hemos vuelto todos un poco más fachos y ya no hay espacio para el ideal y lo único digno que nos puede quedar es aguantar con los dientes apretados y no concederles a los perros el triunfo de tener el poder total.
Porque son los mismos perros de toda la historia infame de la derecha, los mismos viejos mastines terratenientes que han parido una jauría neoliberal cebada en las lucas que salen de la sangre del perraje quiltro.
Vengo de Laja, un pueblo chico perdido en el medio de Chile y el horror papelero, y hoy saltan felices por su Piñera los mismos que sapeaban vecinos y compañeros de pega pa'l '73, los mismos que defendieron con furia canina a Pinocho en su canazo en Londres, los mismos que aplaudían rabiosos en su dicha cuando detuvieron a los 19 hombres y mocosos que después fusilaron y tiraron como restos de animal faenado en los bosques de pino de algún patrón de fundo que se rajó con la fosa común. No olvidemos, aunque no lo hayamos vivido.
Porque si no lo vivimos también nosotros fue porque algunos sudaron sangre para evitarnos esa barbarie de una clase contra la otra.
Desde los albores de la Revolución Francesa, los aristócratas defendían los privilegios de su clase sentados a la derecha del presidente, mientras el tercer Estado, ese nacido de los eternos conceptos lilis de la libertad, la igualdad y la fraternidad, defendía y proponía a la chusma como soberanos de ellos mismos.
El momio tiene una cara horrenda. Pero no nos engañemos, es sólo una máscara. Detrás hay un rostro más horrendo e inhumano aún. Y el momio sabe que exponiéndose como tal no podrá ser querido nunca. Por eso se encargó de dejar las leyes listas para verse representado en los poderes del Estado y así impedir que la voluntad de la gente arruinara sus codicias.
Y mientras, seguían explotando y torturando ahora con las herramientas del mercado, lavando cabezas, haciéndonos estúpidos frente a la tele que ellos controlan, haciendo sigilosamente que nos sospecháramos odio a nosotros mismos, de modo que, ya bien tontos y enajenados, cayéramos en las redes de su propaganda fanática y reaccionaría que es el terreno natural de ellos.
Porque su miedo antiguo como la Biblia nace de la conciencia de haber hecho algo malo, algo fallito, algo ladrón. Y a fuerza de mercado nos hemos convertido en los mismos seres humanos de mierda que ellos, pero sin sus privilegios de plata que financia felicidades, sino con nuestra miseria de pueblo llano.
Y empezamos a creerle sus bravuconadas porque así nos estábamos entendiendo en nuestro diario vivir, con la familia, con el vecino, con el distinto. Y nuestros sueños de niños se volvieron puro pragmatismo y empezamos a salvarnos solos, y a cuidarnos el culo, y a matar nuestro propio chancho y a transformarnos en todo eso que odiamos y ellos siempre quisieron. Pero no les demos su última victoria.
No les demos la razón y los convirtamos en los príncipes que siempre se han seguido creyendo, aún cuando nosotros a palos contra sus fusiles les quitamos la arrogancia de creerse en el derecho a gobernarnos, porque Dios se los había dicho. Porque Dios también es facho según su línea editorial.
Así que les hablo a mis amigos, a los que aún nos queda un algo de lucidez aunque aquello suene horrorosamente arrogante y no sea más que un triste consuelo de clase.
Los momios no me interesan, simplemente porque me interesan más los seres humanos y me meto por la raja su descaro en la queja de exigir imparcialidad en los medios cuando son dueños de más del 90% de ellos. Así que insulten en sus posteos como acostumbran, están en su derecho, igual que yo.
Les hablo a ustedes, mis amigos, ante la imposibilidad de poder hablarle al pueblo real, porque estás míseras palabras no podrán competir jamás con la propaganda reaccionaria ni con la razón más que de sobra de sus vidas de miseria y su inalienable derecho a tener esperanza, aunque ahora la estén poniendo en el peor de los casos.
Hoy no soñamos, pero no permitamos que el derecho a soñar se cambie por el derecho a comprar. A la Concertación cobrémosle y cobrémosle caro, pero no un precio que tenga que pagar la gente buena, que es a la que más le deben.
Que paguen las cúpulas, pero no mi mami ni las suyas, no mi abuelita ni mis sobrinos, no los viejitos con otro 7% despojado de su miseria por un hijo de puta que habita en las babas de Piñera. No los hijos que están empezando a criar ni los cabros del liceo. No la gente buena que hace que a veces este país parezca un poema.
*Dramaturgo chileno, autor de "Las niñas araña" y "H.P." (Hans Pozo).