
Domingo 13 de junio de 2010| por Vernica Muoz L.
Con diferentes edades y experiencia en colegios tan diversos como el Liceo Lastarria, que selecciona a sus alumnos, y el Colegio Lonquén, instalado en el área rural y con niños de gran vulnerabilidad socioeconómica, estos profesores tienen en común haber logrado un lugar destacado en la evaluación docente y haber ganado la Asignación de Excelencia Pedagógica (AEP) que entrega la cartera de Educación a los mejores maestros de colegios municipales y particulares que reciben subvención del Estado.
Ganan entre $430 mil y $780 mil mensuales líquidos. Coinciden en la necesidad de incrementar las remuneraciones para "trabajar más tranquilos" y hacer más atractiva la carrera ante otras profesiones; apuntan al fortalecimiento del liderazgo directivo y al casi olvidado "rigor"; a abrir más oportunidades de perfeccionamiento pertinente y a disminuir el número de alumnos por curso en las escuelas más vulnerables. Dicen que es importante tener altas expectativas sobre las posibilidades de sus alumnos y piden más incentivos según desempeño, que la sociedad revalorice el rol del profesor en la formación de las nuevas generaciones y no le temen a medir sus conocimientos y la calidad de lo que hacen en la sala de clases.
Reclaman porque muchos padres "transforman las escuelas en guarderías" y confiesan que siempre quisieron ser profesores, a pesar de las dificultades del trabajo diario.
Subir las expectativas
Luis Osvaldo López tiene sólo 27 años y con dos de ejercicio profesional ya ganó la AEP. Trabaja en la Escuela y Liceo Santa Teresita, establecimiento particular subvencionado de Independencia donde enseña a niños y niñas de gran vulnerabilidad social, de básica y media. Las familias pagan un financiamiento compartido de 27 mil pesos, pero muchos apoderados no cancelan porque no quieren o no pueden y la idea es avanzar a un colegio gratuito con la subvención preferencial.
Estudió Pedagogía en Historia en la Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez. Gana alrededor de 500 mil pesos con contrato de 38 horas. "Yo decidí educar y creo que amar la pedagogía es la clave", dice este orgulloso maestro y primer profesional en su familia.
Quiso postular a la AEP porque "quería medir mi desempeño docente y conocer el instrumento, pues tengo una visión muy crítica. Creo, por ejemplo, que no debieran grabarse las clases, sino que el ministerio debiera ir y ver una clase común y corriente del profesor, no preparada especialmente". Cuenta que no le interesó el trasfondo económico y que tampoco resultó ser una experiencia tan difícil.
"Me encantaría tener más perfeccionamiento, creo que es muy importante, pero mi realidad económica no lo permite", ya que las asignaciones del Estado para perfeccionamiento no benefician a los maestros del área particular subvencionada quienes, a su juicio, también debieran tener un sistema nacional de evaluación.
Para mejorar el aprendizajesen contextos difíciles, dice que hay que empezar porque el profesor tenga altas expectativas en relación a que sus alumnos podrán derrotar el círculo de pobreza y "ejercer una pedagogía crítica, autoevaluadora y coevaluadora". "Si me doy cuenta de que en un curso tengo 20 rojos, es porque hay un problema. Uno mismo tiene que vigilarse. Lamentablemente siento que el magisterio es más bien pobre en este sentido".
El 30% de los alumnos del colegio en que ejerce proviene de familias que subsisten gracias a programas especiales del Estado, la gran mayoría monoparentales, con bajas expectativas e insertos en un sector azotado por la droga. "Son estudiantes que no tienen motivaciones claras para asistir a clases, muchos lo hacen obligados, y carecen de proyecto de vida, pero hay que estimularlos para que salgan del círculo de la pobreza. Los apoderados están ausentes y si yo llamo a alguno no ya por problemas de conducta, sino de aprendizaje del alumno, no vienen". A pesar de esta complejidad, señala que hay gratificaciones: "Uno puede transformarse en líder positivo, yo enseño historia para ampliar horizontes y mostrarles que se puede salir de la pobreza. Además, se recibe mucho cariño porque son niños que, aunque sea crudo decirlo, tienen muy poco afecto en sus familias".
Como sus demás colegas, pide reducir el número de alumnos "porque con 40 ó 45 niños es muy difícil mantener la disciplina, pierdes mucho tiempo en eso y más si tienes alumnos integrados (con necesidades especiales). Apunta a mejorar los sueldos y poner más profesores en colegios de gran vulnerabilidad, "en esto debiera utilizarse la subvención preferencial", dice. Sobre el Simce es muy crítico. "No sé si sea el mejor instrumento para medir la calidad, porque tú ves que en los colegios de mejor resultado, los cursos más numerosos tienen 30 alumnos como máximo".
Al mismo tiempo, considera que un aspecto relevante es la fiscalización del uso de los recursos que el Estado aporta a las escuelas. "Hay que verificar que se usen en mejorar los aprendizajes efectivamente y no en otras cosas que a veces se privilegian y no tienen impacto en los alumnos", recalca.
Este profesor lanza sus dardos también a la formación inicial docente y es partidario de una prueba obligatoria para los egresados de pedagogía "así como los abogados rinden un examen de grado y el título se los otorga la Corte Suprema, no cualquier universidad o instituto" y agrega que "el Estado debe preocuparse más, porque hay instituciones que están regalando el título de profesor".
Disminuir alumnos por curso
Myriam Poblete tiene 35 años, estudió en la UMCE e hizo su práctica profesional en el Liceo Manuel de Salas. Sus 12 años de carrera han transcurrido en el Colegio Lonquén, un establecimiento rural que atiende a 400 niños y niñas de alta vulnerabilidad social y que depende de la municipalidad de Calera de Tango. Es profesora de Lenguaje de 5º a 8º y al hablar refleja entusiasmo por sus alumnos. Tiene 40 horas de contrato y gana 560 mil pesos líquidos, aunque incrementa sus ingresos participando en un centro de investigación en educación y haciendo clases particulares en un colegio privado vecino, al cual varias veces han tratado de atraerla, sin éxito. "Siempre me gustó enseñar, lo hacía con mis hermanos, y no me equivoqué, pero prefiero hacerlo aquí con niños de esta clase que son los que más necesitan. Además, el colegio es chico, tiene un muy buen clima y trabajar en una escuela municipal me ha permitido perfeccionarme y tener estabilidad laboral", afirma.
Pone énfasis en el perfeccionamiento y agradece las oportunidades que le ha ofrecido el municipio. Con un proyecto sobre salas temáticas, postuló y ganó una pasantía en Cuba el 2005. Después de un año y medio volvió al colegio para concretar su iniciativa. "Ahora hay salas temáticas de todas las asignaturas y es muy bueno porque aquí tengo todos los libros a mano y está decorada con cosas alusivas a lenguaje como la imagen de Pablo Neruda. Son los alumnos los que se trasladan con sus cosas, lo que al principio costó, pero aprendieron a actuar con responsabilidad", nos cuenta.
Dice que las escuelas ya no necesitan más tecnología e implementos. "Lo que necesitamos es reducir el número de alumnos por curso, porque es muy difícil que todos aprendan si tenemos 45 niños en la sala, de los cuales al menos 10 son de integración (con algún déficit)". Además, pide cerrar las carreras de pedagogía online o aquellas que se imparten sólo los sábados. "Yo estudié durante cinco años todos los días, ¿cómo no va a ser distinto?", reclama.
También apunta a los sueldos, de hecho postuló a la AEP por el incentivo económico que implica, y al "trabajo para la casa" que todos los profesores se llevan, porque no les alcanzan las horas para corregir pruebas y preparar clases. "Los profesores estamos formando personas y todo lo que hagamos o dejemos de hacer va a influir en las futuras generaciones, pero se nos cuestiona mucho y se nos valora poco. Se nos implantó, por ejemplo, una evaluación docente muy rígida y estresante", señala esta profesora.
Liderazgo directivo
Gloria Contreras es profesora de Matemáticas en 5º y 6º básico, justamente la asignatura que ha estado en la polémica en los últimos días tras los resultados del Simce. Estudió en la Universidad Técnica del Estado y entró a trabajar en 1979, en Pudahuel, cuando todavía las escuelas eran del Ministerio de Educación. Con 30 años de experiencia ganó la AEP en 2004 y ahora forma parte de la Red Maestros de Maestros del Mineduc que le permite extender su experiencia en la sala de clases a otros docentes. Actualmente trabaja en el Colegio Inmaculada Concepción de Vitacura, establecimiento particular subvencionado con 300 puntos en el Simce, pero antes trabajó en escuelas de menos recursos. Con 31 horas de contrato, percibe una renta mensual de 430 mil pesos líquidos, y está haciendo un magíster en Didáctica Matemática, con financiamiento propio, en la Universidad Católica de Valparaíso a donde viaja todos los viernes.
No comparte la idea de aumentar las horas para esta asignatura como planteó el ministro de Educación. "Mi experiencia es que la jornada escolar completa no ha mejorado los aprendizajes y los colegios han pasado a ser casi guarderías. No tiene sentido aumentar las horas de clases si no hay profesores con la preparación adecuada y un liderazgo claro para decir hacia donde vamos y qué queremos como colegio", explica. Y apunta a la necesidad de formar docentes de Matemáticas para básica "porque a veces se pone en cursos de 5º a 8º básico a profesores de media que no tienen experiencia en tratar con niños que se están asomando a la pubertad".
Es categórica. "Detrás de los buenos resultados en el Simce siempre hay un buen equipo de trabajo y un buen liderazgo directivo, eso es esencial porque el profesor solo no hace nada", recalca. Además, pone énfasis en algo que escuchamos repetidamente: "Hay que tener altas expectativas de nuestros alumnos y trabajar con mucha rigurosidad". Al mismo tiempo, asegura que "los niños no están acostumbrados a trabajar en el ritmo que se requiere hoy que no es la mecanización, sino pensar y argumentar en matemáticas".
Trabajo compartido con la familia
Magdalena Díaz y Sissi Corona trabajan desde hace 19 y 14 años, respectivamente, en el Liceo José Victorino Lastarria de Providencia, establecimiento emblemático fundado en 1913 y que atiende a 3.300 alumnos, desde kinder hasta educación de adultos, en tres jornadas.
Ambas tienen 22 años de ejercicio profesional, ganaron la AEP en 2009 y obtuvieron un lugar destacado en la evaluación docente. Sissi es profesora de Tecnología, egresada de la Universidad de Playa Ancha y gana $670 mil, mientras que Magdalena estudió en el Pedagógico, enseña Historia y percibe una remuneración de $780 mil.
Reconocen que la evaluación docente les costó, "porque hay que hacer trabajo extra muy estresante, aparte de la gran cantidad de pega que ya nos llevamos para la casa a diario. Nos expusieron a un instrumento de evaluación desconocido, pero a pesar de ello lo hicimos bien". Sissi Corona reconoce que su principal motivación para postular a la AEP fue económica, debido a los bajos sueldos de los docentes que se desempeñan en el área municipal. En el caso de Magdalena, algunos amigos la motivaron, pero "después me dejaron sola, aunque seguí porque creo que me lo merezco. Soy una buena profesora".
Coinciden en que lo relevante es comprender que "este es un tema país, de la sociedad y no sólo del profesor. El 50% del resultado lo hace el docente y el otro 50% la casa y el alumno". En este sentido, en el liceo no tienen problemas, porque el establecimiento las apoya y sus alumnos, en general, están motivados a aprender.
"Sería bueno reducir las horas frente a cursos y contar con más tiempo para preparar las clases, también mejorar los sueldos", dicen al unísono y se muestran críticas frente al aumento de horas de Matemáticas. "Se olvidan de que para que ese alumno aprenda más debe comprender. Los niños de hoy están conectados con todo el mundo y conocen muchas cosas, pero no comprenden", sentencia Magdalena.