
Martes 20 de abril de 2010| por Cartas
América Latina vive momentos de esperanza en materia de integración regional. Desde la creación de Unasur, muchas iniciativas han sido tomadas para valorizar la congruencia de intereses entre los diferentes estados. En los episodios de conflictos internos este organismo regional ha sido capaz de interponerse para lograr un consenso y apaciguar la crisis, el mejor ejemplo ha sido 2008. Unasur con su presidenta pro témpore Michelle Bachelet logró reunir a casi todos los mandatarios de la región en Santiago. Con ello, se ha podido generar un consenso para evitar una crisis institucional y política que podría haber llevado a Evo Morales a dejar el poder. Existe gran interés en fomentar la integración. Pero debe haber instancias para formalizarlo.
Cuando uno habla de integración latinoamericana se encuentra con varios intentos que todavía siguen vigentes pero que no logran la madurez suficiente para formar verdaderos actores regionales. ¿Cuál debe ser la voz de América Latina? Lo único posible ha sido organizar una cumbre de mandatarios para fomentar la cooperación, pero donde se organizan reuniones bilaterales. La OEA tampoco es un organismo que permite afirmar la región como bloque.
El Grupo de Río sería el único que engloba a toda América Latina y que podría generar una verdadera integración, dada su capacidad en haber organizado una cooperación estrecha con la UE con reuniones multilaterales cada dos años, tanto a nivel presidencial como ministerial. Su función no es más que fomentar la concertación política, el diálogo, pero la integración latinoamericana debe buscar su propio modelo. Hay ejemplos, aunque cada región tiene sus particularidades y deben ser tomadas en cuenta. La multitud o superposición de organismos demuestra la poca claridad de cómo y en qué dirección deben integrarse los países latinoamericanos.
Pierre Lebret, Santiago