
Domingo 6 de septiembre de 2009| por Mariela Vallejos / La Nacin Domingo
¿Cómo era el toque de queda, profe?, pregunta Francisca (15) con sonrisa pícara. Su mamá le ha contado de las fiestas de "toque a toque" que se hacían cuando ella era adolescente y que duraban toda la noche. Para Francisca "toque de queda" suena divertido. Un compañero se burla y la llama ignorante. Un tío le contó a él de los allanamientos que se hacían en su población al amanecer. Para ese niño, "toque de queda" es sinónimo de peligro.
-Mi papá salía del trabajo tarde -comienza a relatar con voz apagada la profesora de Historia- tenía que volver a la casa antes de que empezara el toque. Pero, a veces, se atrasaba, y mi mamá se ponía nerviosa. Decía que si no se apuraba, un día le iban a disparar.
Tres historias personales, tres percepciones de la realidad y una gran dificultad para compartirlas en una comunidad que necesita entender el pasado para construir futuro.
¿Cómo reaccionan los jóvenes al estudiar la historia de Chile en los últimos 30 años del siglo XX? ¿De qué manera enseñan esta materia los profesores y cómo les afecta a ellos mismos? Los investigadores María Isabel Toledo (Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, UDP) y Abraham Magendzo (Escuela de Educación Universidad Academia de Humanismo Cristiano) realizaron un "Estudio exploratorio de la enseñanza y aprendizaje de la subunidad: Régimen militar y transición a la democracia", cuya primera etapa culminó en 2007. Los especialistas, que son los únicos en Chile que han indagado el efecto de la enseñanza de la historia reciente en la comunidad escolar, trabajaron en 2007 y 2008 con financiamiento Fondecyt y Unesco, sobre una muestra de más de 260 establecimientos de la Región Metropolitana (RM). La subunidad aludida fue desarrollada por el Ministerio de Educación (Mineduc) como parte del primer esfuerzo sistemático realizado en Chile por incorporar el tema de los derechos humanos a la enseñanza. Un esfuerzo centrado en sólo dos cursos (sexto básico y segundo medio), y que aún no cuenta con métodos de evaluación, realidad que Toledo y Magendzo proponen cambiar.
Los investigadores abordaron la experiencia de jóvenes y profesores de segundo medio de establecimientos particular-pagado, particular-subvencionado y municipalizado.
¿Hallazgos? El estudio -contó Toledo a LND- detectó dificultades para enseñar esta subunidad debido a las fuertes emociones involucradas: "pena, rabia y frustración tanto en profesores como en alumnos", las que quedaron evidenciadas en grabaciones de clases y experiencias fuera de las aulas. La antropóloga atribuye la emotividad a la cercanía entre participantes y víctimas: "Casi un tercio de los profesores y alumnos tienen familiares que han sido víctimas de la represión. Entonces, cuando eso entra en la sala y viene una materia que aborda un tema tan delicado como éste, hay una enorme necesidad de compartir experiencias, pero también se requiere el desarrollo de nuevas estrategias de pedagogía con que los profesores no cuentan hoy", sostiene.
La necesidad de franqueza emerge con fuerza. "Cuando se habla en clase de represión y tortura, los niños quieren respuestas claras, preguntan qué es, y encuentran adultos a los que les cuesta referirse al tema por el dolor que implica", dice Toledo.
Grabaciones de la interacción entre educadores y alumnos dan cuenta de esta dificultad: "Vamos a ir a un lugar donde la vida fue tocada", dice, por ejemplo una profesora antes de entrar con un grupo de estudiantes a la ex Villa Grimaldi. Según la antropóloga, el eufemismo empleado por la educadora da cuenta de emociones que ella reprimió con el propósito de proteger a los alumnos.
Pero aclara que los niños perciben la carga de todos modos: "Lo que los adultos no explican, los niños lo escuchan detrás de las puertas, lo advierten en las emociones que embargan a sus padres y abuelos, y lo ven en reportajes y en internet".
Por ello, Toledo afirma que es importante que los traumas del pasado reciente del país sean abordados más ampliamente por la comunidad escolar. Destaca que el interés por aprender sobre la historia reciente es muy alto. Aunque la actual generación corresponde a nietos de quienes vivieron la dictadura "han recibido una carga emocional, y han escuchado más de los que nosotros creemos", afirma. Pero advierte que los jóvenes creen que siempre se les oculta algo debido al "trauma sicosocial que produjo la dictadura". El desafío para la educación es poner al alcance de los alumnos elementos que les permitan formar su propia opinión. "Para ello, debemos aceptar que no opinarán igual que nuestra generación. La memoria es una representación viva y cada generación tiene la suya propia", afirma.
El estudio detectó también que los profesores (especialmente los de Historia) deben enseñar la subunidad sin mayor apoyo de la comunidad, con herramientas emocionales propias lo que les genera una carga desmedida. Para facilitar la tarea a los profesores, los investigadores recomiendan que el Mineduc entregue orientaciones pedagógicas más claras que las contenidas en el marco curricular y en los programas de estudio, y que promueva "encuentros, diálogos y foros entre profesores que permitan, entre otras cosas, compartir experiencias de buena práctica".
A Toledo le parece clave "el empleo de metodologías activas y críticas que se hagan cargo de los sentimientos de los involucrados y permitan la libre expresión de las opiniones personales de los estudiantes y la construcción de sus propias interpretaciones referidas al pasado reciente". E insiste en la importancia de que los docentes evalúen los aprendizajes logrados por los estudiantes. "La acción de evaluar valoriza los contenidos a enseñar", explica. Y, junto a Magendzo, advierte: "Sabemos que en esta sociedad, la transmisión generacional (familiar) se rompe en la tercera generación, por tanto, ahora es el momento para que la institución escolar tome una decisión: o se hace cargo de la historia, aun cuando es polémica, o pasa al olvido".
Una reflexión ética que salga al paso del olvido es lo que propone María Luisa Sepúlveda, presidenta de la Fundación Colecciones de la Memoria y de los Derechos Humanos. Sostiene que la historia reciente no es fácil de abordar en el currículo porque tampoco es fácil para la sociedad en su conjunto.
"Ha habido gestos de reparación hacia las víctimas que pareciera que son acogidos por todos, pero después pasa a ser un tema sólo de las víctimas. Conozco profesores que han tocado la materia y han llegado los apoderados acusándolos de promover política partidista", afirma.
Agrega que los jóvenes están tan divididos como los adultos en sus posiciones y se sienten intermediados por los conflictos adultos. Pero valoran la información amplia: "Cuando hemos hecho encuestas para saber lo que esperan, los jóvenes quieren tener la oportunidad de conocer las distintas versiones, no en un sentido de empate, sino para tener los elementos que les permitan desarrollar un juicio propio", destaca. Sepúlveda confía en que el Museo de la Memoria (que se inaugurará a fin de año) sirva de "instancia reparatoria para que a través del conocimiento de lo sucedido haya una reflexión ética para prevenir atentados a la dignidad humana". Finalmente, Sepúlveda valora la enseñanza transversal del respeto a los derechos humanos que propone incorporar a las clases de Educación Cívica: "Si no hay respeto por la persona humana, mal puede haber respeto por la democracia. Una cosa es conocer lo que pasó y otra, que debe ir de la mano es la reflexión sobre cómo interactuamos hoy", subraya.
-¿O sea que no eran buenas las fiestas de toque a toque, profe?, quiere saber Francisca.
-Claro que eran buenas, como todas las fiestas, concede la educadora. Y agrega, pero también pasaban otras cosas durante la noche. Como las que hemos escuchado contar a tus compañeros.
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DERECHOS HUMANOS EN EL CURRÍCULUM NACIONAL El el actual currículum educacional, los derechos humanos, incorporados como temática por el Mineduc en 1996, se consideran como un Objetivo Fundamental Transversal para el estudio y comprensión de la sociedad en Educación Básica y Media. Se busca que los estudiantes aprendan a reconocer, respetar y defender la igualdad de derechos esenciales de todas las personas, sin distinción de sexo, edad, condición física, etnia, religión o situación económica. Algunos contenidos apuntan a relevar derechos y responsabilidades individuales, como el reconocimiento de su ejercicio en la familia, la escuela, el trabajo, la comunidad y el Estado. En la enseñanza media se busca promover la capacidad de conocer, comprender y actuar en concordancia con el principio ético que reconoce que todos los "seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". Los alumnos de 1º medio deben conocer la institucionalidad política regional y nacional, los derechos y deberes ciudadanos contenidos en la Constitución Política del Estado de Chile y manejar algunos conceptos básicos de ciencia política. Objetivo: valorar la organización política democrática y pluralista y comprometerse con el ejercicio de los deberes y derechos que ella implica. Entre las actividades sugeridas para el aula, está analizar las condiciones históricas que condujeron al golpe militar de 1973, contrastando diferentes visiones historiográficas. Los estudiantes recopilan información en libros, audio, videos o películas respecto al golpe militar, los meses que lo antecedieron y siguientes. Indagan entre sus familiares acerca de la forma en que se recibieron las primeras informaciones y sus reacciones iniciales. Comparten la información con el curso. A los profesores se les insta a reforzar la necesidad del respeto mutuo: "El docente deberá solicitar ese respeto cuando los estudiantes compartan sus conocimientos y las vivencias de sus familiares ante el curso", aconseja el ministerio. Como textos de apoyo, el Mineduc sugiere considerar la Introducción histórica del Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación (o Informe Rettig), escrita por Gonzalo Vial, y capítulos de libros como "La forja de ilusiones", de Tomás Moulian; "Chile perplejo", de Alfredo Jocelyn-Holt; y "Democracia en Chile: lecciones para la gobernabilidad", de Edgardo Boeninger. |

