
Lunes 21 de noviembre de 2011| por Claudio Leiva Cortés/Nación.cl
Contra todo pronóstico, los organizadores del homenaje a Miguel Krassnoff Martchenko permitieron el ingreso de la prensa al Club Providencia. Varios medios tomaron ubicación en el salón donde se desarrolló el acto, a la espera de los típicos discursos patrióticos, pero con la cabeza puesta en los incidentes que ocurrirían afuera. Craso error de apreciación, porque la acción estuvo adentro.
El lanzamiento de la cuarta edición del libro “Miguel Krassnoff, prisionero por servir a Chile”, de la
historiadora Gisela Silva Encina, comenzó con la lectura de una carta del homenajeado, a cargo del locutor oficial del acto, Francisco Silva. Y mientras afuera se escuchaban los gritos de “¡asesinos!”, Silva hacía unos tibios chistes con los “cariñitos” que llegaban desde el exterior.
Pero las risas nerviosas de los cerca de 300 asistentes al homenaje, cambiaron a rostros preocupados cuando se produjo la primera irrupción de los manifestantes en el recinto. Por esas coincidencias del destino, decenas de participantes en la “funa” convocada contra el ex agente de la DINA abrieron a patadas un portón metálico que da hacia la calle… República de Cuba.
La voz de alarma llegó de inmediato hasta el salón del homenaje. “¡Están rompiendo el portón!”, gri
tó uno de los empleados del club y pidió ayuda a jóvenes asistentes que parecían ansiosos por responder a las agresiones. Tomaron palos y extintores y enfrentaron a los invasores que arrojaban piedras. Un solitario comandante de Carabineros ayudó a retomar el control de ese ingreso.
Paralelamente, los gases lacrimógenos empezaron a entrar al recinto. Incluso, una de las bombas antidisturbios cayó sobre el techo que da hacia avenida Pocuro y el tóxico humo se deslizó suavemente por encima de la hermosa e inmaculada piscina del club. Las puertas del salón se cerraron y los empleados del recinto comenzaron a repartir rodajas de limón en platillos.
Desde la recepción del club, se observaba que afuera la cosa era color de hormiga. Algunos invitados atrasados tuvieron que ingresar en medio de una turba que había llegado a pocos metros de la puerta principal. A estos rezagados los escupieron, les reventaron huevos en la cabeza, les rompieron
las camisas y los rayaron con spray en la espalda. Dos resultaron heridos por pedradas.
A estas alturas, el homenaje era lo de menos. Jóvenes pinochetistas y algunos veteranos querían “guerra” y gritaban “¡dejen entrar de a uno a esos comunistas conchasdesu… a ver si son tan valientes!”. Irónicamente, una de las manifestantes se coló por la entrada principal y alcanzó a gritar “¡dónde están los asesinos!”, antes de ser expulsada en medio de insultos. No fue detenida.
Los ánimos estaban sumamente caldeados. Uno de los invitados comentó “de verdad vinieron hartos asesinos, pero debieron haber venido muchos más…”. La ironía, si fue eso, no causó mucha gracia en su entorno, porque la parrilla no estaba para tirar toda la carne. De hecho, Carabineros hacía rato que era sobrepasado por los cuatro flancos del Club Providencia.
De hecho, una de las situaciones más críticas se produjo cuando Hermógenes Pérez de Arce daba un discurso contra los “abogados de izquierda” que -según él- siguen en el Ministerio del Interior. De pronto, se sintió el grito de “¡Están entrando por Jorge Matte!”, calle que está al poniente del club, al otro lado de República de Cuba. Nuevamente los “funadores” rompieron un acceso en completa impunidad.
En una muestra de la precaria situación del homenaje, el mismo comandante de Carabineros que había controlado la “invasión” por República de Cuba tomó la manguera que se usa para regar el inmaculado césped y comenzó a “reprimir” con un patético chorro de agua. Ob
viamente, esto aleonó aún más a los exaltados que, si se lo hubiesen propuesto, habrían llegado hasta la cocina.
Como sea, los manifestantes se replegaron y desde afuera comenzaron a gritarle amenazas a la distinguida concurrencia: “¡Van a tener que pasar la noche adentro, fascistas conchasdesu…, porque si salen los vamos a matar!”. Eran cerca de las 8 y media de la tarde y ya habían transcurrido tres horas desde el inicio de incidentes sin pausa por los cuatro costados del club.
El homenaje concluyó a las 20:55 horas con un sentido discurso de María de los Ángeles Bassa, esposa de Krassnoff. Los periodistas que peinan canas y que andan de terno tuvieron que salir del club con la credencial en la mano y con cara de “yo, na’ que ver”. Adentro, lo último que se escuchó fue la idea de la lanzar la quinta edición en Peldehue y sin avisarle a nadie.