
Miércoles 25 de agosto de 2010| por TIM KING
Le Monde es el journal de reference de Francia, al que se acude no por noticias, sino por una opinión sobre ellas: reflexiones profundas en prosa grave. Pero, como la prensa impresa en todas partes está perdiendo lectores rápido, de 406 mil hace nueve años a 288 mil en 2009. En meses recientes se convocó a presentar ofertas para rescatarlo, y desde entonces se ha desatado una batalla por el privilegio de inyectar millones en el afligido periódico, 26% de propiedad estatal.
Ahora, con el apoyo del personal de Le Monde, se han alineado nuevos inversionistas, como un ex socio de Yves Saint Laurent; un emprendedor de internet con reputación de corrupto, y un acaudalado banquero de inversiones. La historia de cómo se llegó aquí (una que implica anticuadas prácticas laborales, ricos hambrientos de poder e intriga a los más altos niveles del poder político), es una deprimente ilustración del estado de Francia.
Los problemas de lectoría se ven agravados por una planta impresora con exceso de personal y pasada de moda, arcaicas políticas laborales y una deuda sustancial a causa de una política de adquisiciones mal concebida. Un préstamo a dos años sacó de sus problemas al diario en marzo de 2009; se concedió a condición de que el diario reestructure sus finanzas antes de marzo de 2011. En forma urgente, hubo que encontrar 10 millones de euros para pagarle al personal este verano europeo.
Los primeros oferentes fueron grupos mediáticos extranjeros. Pero la deuda real era mucho mayor de lo que se les había hecho creer. Al descubrir el engorroso sistema de toma de decisiones de Le Monde y la insistencia del gobierno de una compensación de 466 mil euros por cada impresor subempleado despedido, se retiraron rápidamente. La segunda línea de inversionistas potenciales fue más interesante. Dos consorcios rivales mayoritariamente franceses conocidos como POP y BNP. La fuerza motora tras POP era Stephane Richard, joven jefe de France Telecom. Sólo dos meses antes del intento, él había manejado la oficina del ministro de Hacienda. Lo acompañaba Claude Perdriel, de 84 años, cuya primera fortuna vino de servicios a adultos en Minitel, el excéntrico precursor francés de internet. Ahora es dueño de una revista semanal de actualidades.
Las credenciales del consorcio BNP eran incluso más improbables. Un integrante es Pierre Berge, locuaz activista de 80 años de edad por los derechos gay, cofundador de la Casa de Alta Costura Yves Saint Laurent, el socio de negocios de toda la vida (y ex amante) de su costurero epónimo y miembro fundador de Pink TV. Otro es Xavier Niel, un poco convencional hombre de negocios de 43 años, quien hizo su primera fortuna con sitios Minitel eróticamente orientados, luego con shows parisinos picantes y al final con un proveedor de internet: Free. Niel es anti-establishment y usa ahora su dinero para financiar un web investigativo de noticias llamado Mediapart. Finalmente, está Matthieu Pigasse, 42 años, vicepresidente del banco Lazard. Si bien los tres son socialistas, hicieron sus fortunas en la nueva economía y son parte del pequeño e incestuoso mundo de los ambiciosos nuevos millonarios parisinos, ayudándose y sin embargo odiándose unos a otros, haciendo negocios mientras insultan a sus socios tras sus espaldas.
Pero nada de esto hubiese sido más que un temblor en una taza de té parisina si el Presidente Sarkozy no hubiera interferido con asombrosa torpeza. El personal de Le Monde tiene derecho a veto respecto de la propiedad y Sarkozy no quería que eligieran a BNP. Usó el pasado de Xavier Niel como pretexto, pero los nexos de BNP con el PS son lo que objeta. Pierre Berge financia a Ségolène Royal, potencial candidata en la próxima presidencial. Matthieu Pigasse es cercano a Dominique Strauss-Kahn, jefe del FMI y lejos el político más popular de Francia y otro potencial candidato. Espera ser ministro de Hacienda del futuro gobierno de esa línea.
Sarkozy teme que, en sus manos, Le Monde será un buque insignia socialista en la campaña de 2012. Las objeciones contra la postulación de BNP son obvias, pero su preferencia por POP está motivada por su deseo de controlar el contenido del diario, dado su subsidio estatal. El Presidente ha amenazado con retirar el financiamiento gubernamental si Le Monde opta por BNP. Como incidente aislado pudo haber pasado inadvertido, pero la interferencia de Sarkozy en los medios se está convirtiendo en hábito. Actúa como si tuviera el derecho de impedir que la prensa le dé a alguien el enorme peldaño hacia el poder que le dieron a él.
La libertad de prensa versus la información responsable es un tema candente en Francia. Dos ministros perdieron sus empleos en junio después de revelaciones sobre abusos de poder. A comienzos de julio, el web de noticias financiado parcialmente por Xavier Niel, del consorcio BNP, apuntó a un tercero: el ministro de Obras, Solidaridad y Servicios Públicos, Eric Woerth. Como tesorero del gobernante partido UMP, se lo acusa de haber aceptado ilegalmente grandes donaciones en dinero efectivo de la heredera de LÓreal, Liliana Bettencourt, para financiar la campaña electoral de Sarkozy en 2007.
BNP tiene hasta septiembre para diseñar una forma de recapitalizar al diario: una aceptable no sólo para un banco sino para el personal, que ejerce un veto notoriamente conservador. Pero las finanzas son sólo una parte de la respuesta. Más importante, y más difícil, será encontrar una manera de hacer relevante a Le Monde en la sociedad en evolución de Francia.
* PROSPECT, DERECHOS EXCLUSIVOS PARA LA NACIÓN