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  La colombianización de Piñera

  El Plan Araucanía es la adaptación del Plan Colombia. La integración de componentes securitarios y social-clientelares hace que responda claramente a la concepción uribista que propone involucrar a la sociedad civil, y no sólo a los órganos de seguridad, en el proceso militar frente a grupos armados al margen de la ley.

Lunes 7 de septiembre de 2009| por lvaro Ramis, presidente Asociacin Chilena de ONGs Accin

Es conocida la afinidad política entre Sebastián Piñera y el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe. En los últimos años esta vinculación se ha traducido en un alto nivel de relaciones que ha permitido al candidato de la Alianza entrevistarse en varias oportunidades con el Mandatario. Esta cercanía va mucho más allá de la simpatía; es la que explica el reciente anuncio de parte del senador Alberto Espina de un Plan Araucanía, que incluiría componentes policiales, políticos, institucionales, económicos y sociales, y que sería el corazón de la propuesta programática para enfrentar el conflicto entre el Estado chileno y las comunidades mapuches. Es un programa que muestra claras influencias uribistas y traduce al conflicto mapuche la política de "seguridad democrática" impuesta por Uribe desde 2002, versión remozada de la política de seguridad nacional promovida en América Latina en las décadas de 1970 y 1980.

La propuesta no sólo cerrará la posibilidad de lograr el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios, imponiendo el concepto de que "la nación chilena es una, indivisible y multicultural". El Plan Araucanía es la adaptación del Plan Colombia. La integración de componentes securitarios y social-clientelares hace que responda claramente a la concepción uribista que propone involucrar a la sociedad civil, y no sólo a los órganos de seguridad, en el proceso militar frente a grupos armados al margen de la ley. Este diseño implicaría el fortalecimiento de las redes de vigilantes privados, el ofrecimiento de recompensas a informantes, la creación de rondas policiales entre los propios campesinos y el aumento del presupuesto asignado a la defensa nacional.

El Plan Colombia ha operado como cuantiosa inyección de recursos, que ha permitido doblar el tamaño de las Fuerzas Armadas durante la última década. La perversión de este sistema de alza desenfrenada de recursos ha llegado a su paroxismo en los reiterados casos de "falsos positivos", que estimula a los militares a "fabricar" bajas de la guerrilla a fin de cobrar recompensas en dinero. Lamentablemente, lejos de detener la violencia, la implementación de la "seguridad democrática" ha significado la agudización de su conflicto interno y ha empeorado la situación de los derechos humanos. El plan ha brindado los recursos financieros, militares y políticos para desarrollar a gran escala esa política, que se ha expandido con los efectos ya conocidos en cuanto a desplazamientos forzosos, ejecuciones extrajudiciales, tortura, militarización de comunidades rurales, deforestación de zonas amazónicas y, lo más grave, que los grupos paramilitares controlen amplias zonas, imponiendo su control a los civiles, que se han visto expuestos en mayor grado a la intensidad del conflicto.

La hipótesis del componente paramilitar adquiere pleno sentido si se analizan las declaraciones del Comando Hernán Trizano a Las Noticias de Victoria, que aseguró el 29 de julio: "Los máximos dirigentes mapuches van a desaparecer del mundo, a partir de dos cartuchos de dinamita que colocaremos en sus cinturones si continúan con sus demandas por tierras". Anunciando una solución final a un conflicto de 500 años, el anónimo vocero paramilitar aseguró: "El Comando Hernán Trizano a partir del próximo lunes dará término al conflicto mapuche. Para ello utilizará armas y explosivos que darán que hablar en todo Chile". Este tipo de anuncios presagian una peligrosa colombianización del territorio indígena.

En julio de 2008, Piñera llegó a Bogotá diciendo: "He venido a conocer el estilo del Presidente Álvaro Uribe". Fue invitado junto al senador por la Araucanía Alberto Espina y el senador por Los Ríos Andrés Allamand a recorrer la selva colombiana en el avión presidencial. Uribe entregó a Piñera información sobre supuestos lazos de las FARC con movimientos mapuches, que nunca se han podido corroborar. Lo importante de esos datos es que empezó a preparar el marco justificatorio para un dispositivo de control social que sólo tiene precedentes en los años de la dictadura de Pinochet. Envuelto en ropajes "democráticos", el Plan Araucanía vinculará mediáticamente a las organizaciones indígenas con movimientos insurgentes para criminalizar sus demandas como terrorismo puro y duro. Lo único que se puede esperar es que la militarización de los territorios mapuches, que ha operado en los años recientes de facto, se institucionalizará y escalará a nivel exponencial, permitiendo importar el modelo colombiano en la realidad chilena.

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