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La maldición del coltán

Es lamentable que en la gran mayoría de los casos no hayan adoptado las medidas en directo rechazo a lo que ocurre en la RDC. Ahora actúan por temor a las repercusiones de mercado. Es, en todo caso, positivo que las grandes corporaciones estén sometidas a un control ético. Es una de las ventajas de la globalización de los mercados.

Viernes 17 de septiembre de 2010| por RAÚL SOHR

Hablas en tu celular
y hablas y hablas
y ríes en tu celular
sin saber cómo se hizo
y menos cómo funciona
pero qué importa eso
lo grave es que no sabes
como yo tampoco sabía
que muchos mueren en el Congo
porque en sus montañas hay coltán
(además de oro y diamantes)
usado para los condensadores
de los teléfonos celulares
por el control de los minerales
corporaciones multinacionales
hacen esa guerra inacabable
cinco millones de muertos en 15 años
y no quieren que se sepa
país de inmensa riqueza
con población pobrísima
80% de las reservas mundiales
del coltán están en el Congo...

Éste es fragmento del muy descriptivo poema “El celular”, del nicaragüense Ernesto Cardenal. El coltán es un mineral escaso, que se extrae en regiones del este de la República Democrática del Congo (RDC). Es empleado, entre otras cosas, para mantener la carga de las baterías. Pero se ha ganado un sitial a la cabeza de los llamados “minerales sangrientos”. Esto, porque su explotación es controlada por milicias rebeldes y militares que mantienen una guerra que ha cobrado unos 5,4 millones de vidas.

En su mayoría, las víctimas han muerto de hambre y enfermedades en las zonas devastadas por un conflicto que empezó en 1996 y que, con altos y bajos, no cesa de diezmar a la población. Pese a que rara vez se escucha hablar de su desarrollo, es uno de los enfrentamientos más mortíferos desde la Segunda Guerra Mundial. Las guerras no importa donde ocurran, siempre tienen algo en común: son caras y, en este caso, los bandos en disputa utilizan diamantes y los minerales sangrientos para comprar armas y equipos. Personas ajenas a la lucha y muchos niños son secuestrados y obligados a trabajar como esclavos en los piques de los cuales se extraen el coltán y otros minerales. Estados Unidos ha introducido una nueva ley que exige la trazabilidad del coltán, prohibiendo la compra de fuentes que participan en la guerra. Estas exigencias serán aplicadas a empresas como Apple, Hewlett-Packard, Intel y las demás del rubro. Pero no será fácil establecer el origen del mineral, que es enviado a países intermediarios, como Malasia o Ruanda, para ser refinado. Hay quienes proponen la aplicación de una versión del llamado “modelo Kimberley”, que regula a los diamantes. Éste consiste en un sistema de certificación integrado por decenas de gobiernos para evitar el comercio de diamantes cuya explotación alienta guerras.

La modelo Naomi Campbell fue citada a prestar declaraciones ante el Tribunal de La Haya por haber aceptado el obsequio de algunas “sucias piedras”, como ella llamó a los diamantes. Más que sucios, eran ensangrentados. Y su caso ha servido como una advertencia a no tocar lo que proviene de los campos de la muerte africanos.

En Estados Unidos y Europa crecen las legiones de consumidores con conciencia ética. Las grandes empresas de teléfonos celulares mantienen una dura lucha por la supremacía de mercado. Mantener inmaculados sus respectivos logos es una condición indispensable para el éxito. Aquéllos que sean alcanzados por campañas que sindiquen sus productos como “teléfonos sangrientos” pagarán un alto precio en prestigio, un intangible muy cotizado. Los fabricantes lo saben y comienzan a tomar el asunto con seriedad.

Es lamentable que en la gran mayoría de los casos no hayan adoptado las medidas en directo rechazo a lo que ocurre en la RDC. Ahora actúan por temor a las repercusiones de mercado. Es, en todo caso, positivo que las grandes corporaciones estén sometidas a un control ético. Es una de las ventajas de la globalización de los mercados.

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