02 Diciembre 2021 19:38
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La nueva amenaza que enfrentan los elefantes de Kenia: el cultivo de paltas

Inversores compraron hectáreas cerca del parque nacional keniano Amboseli para cultivar paltas, situación que fue rechazada por ambientalistas debido a que obstaculiza la circulación de los paquidermos y hace una explotación excesiva del agua de la zona.

El alba apunta cuando aparece la silueta gigante de Tolstoi, un elefante cuyos colmillos llegan prácticamente al suelo y que vive desde hace casi cincuenta años en el parque nacional de Amboseli, al pie del Kilimanjaro, ahora amenazado por los cultivos de palta.

Tolstoi ha sobrevivido a los cazadores furtivos, a los ataques con lanza, a la sequía, pero la demanda creciente de paltas amenaza su reino.

Una explotación de 73 hectáreas situada cerca del célebre parque nacional keniano de Amboseli, santuario de numerosas especies de animales salvajes, está en el centro de una batalla jurídica.

Sus detractores -propietarios locales y grupos de protección de la naturaleza- aseguran que esta plantación obstaculiza la circulación de los elefantes y está en contra del uso histórico de estas tierras.

Sus inversores se defienden. Para ellos, no amenaza la fauna y crea empleos indispensables en tierras sin explotar.

Kenia, un gran productor de paltas, ha visto sus exportaciones aumentar exponencialmente con la moda de este “súper alimento” convertido en un imprescindible de las cartas de cafés y restaurantes hípster del mundo entero.

ORO VERDE

Sexto proveedor de Europa, las exportaciones de paltas de Kenia crecieron 33% hasta alcanzar los 127 millones de dólares en octubre de 2020, según la Asociación de Exportadores de Productos Frescos del país.

Durante ese año excepcional, la empresa keniana KiliAvo Fresh Ltd obtuvo la autorización de la Autoridad Nacional de Gestión del Medio Ambiente (NEMA) para instalar su explotación en tierras compradas a propietarios masai.

La vegetación del terreno, que se cercó, fue destruida. La explotación fue equipada con paneles solares, un vivero y perforaciones para explotar las napas freáticas.

Preocupados, los propietarios vecinos y grupos de protección de la naturaleza defienden que la agricultura a gran escala está prohibida en este lugar, debido a los planes para el uso de suelos en la región.

En septiembre, por la presión, NEMA ordenó a KiliAvo que suspenda sus actividades mientras se examina el caso. La empresa ha impugnado esta decisión ante el tribunal medioambiental de Kenia, donde está siendo instruido el caso.

Mientras tanto, prosiguen los cultivos. Una mañana a primeros de marzo, había tractores trabajando la tierra roja y los obreros agrícolas regaban filas de jóvenes paltas.

¿COHABITACIÓN IMPOSIBLE?

Aunque floreciente, el cultivo de palta en Kenia tiene mucha menos importancia que el turismo, que en 2019 generó 1.600 millones de dólares.

Pero el director de la producción y accionista de KiliAvo, Jeremiah Shuaka Saalash, asegura que la explotación ha “salvado” a muchos trabajadores del sector turístico, que se quedaron sin empleo por el Covid-19.

“Defiendo la idea de que se puede coexistir con la fauna y tener otra fuente de ingresos”, explica este masai nacido en la región, mientras subraya que cerca hay una explotación de frutas y verduras más grande.

Los propietarios vecinos y expertos de la fauna son categóricos: los dos no pueden cohabitar.

Un cultivo que consume grandes cantidades de agua como el de las paltas pone en peligro el ecosistema clasificado patrimonio mundial por la Unesco, que ya se enfrenta regularmente a la sequía.

Los elefantes ya se han topado con la verja eléctrica de KiliAvo, prueba, según ellos, de que se encuentra en las rutas que suelen transitar los paquidermos cuando se van de Amboseli para reproducirse, buscar agua y pasto.

¿Se imaginan que los elefantes de Amboseli mueran de hambre para que los europeos puedan comer paltas?”, espeta Paula Kahumbu, que dirige la ONG Wildlife Direct.

Según los detractores, autorizar KiliAvo a proseguir sus actividades creará un precedente peligroso, mientras que otros empresarios codician estas tierras.

En Kimana, localidad situada cerca de Amboseli, los carteles que proponen terrenos baratos dan una idea del riesgo.

Tolstoi y los 2.000 elefantes de este ecosistema ya tienen bastante con los autos para atravesar el santuario de Kimana, punto de paso esencial entre diferentes parques.

“Si seguimos así, el parque nacional de Amboseli va a morir”, advierte Daniel Ole Sambu de la Big Life Foundation, una ONG local: “Estos elefantes (…) se irán, y será el fin del parque. Esto significará el hundimiento del turismo en la región”.

“CULTURA PERDIDA”

La mayoría masai en torno a KiliAvo ha convertido sus tierras en reservas privadas, abiertas, donde la fauna y la ganadería -esencial para esta comunidad de pastores- pueden desplazarse y pacer libremente.

“Si (KiliAvo) gana, perderemos las reservas. La cultura masai se perderá completamente”, dice Samuel Kaanki, responsable de una asociación de 342 propietarios en torno a KiliAvo.

Para Paula Kahumbu, la agricultura comercial de Kenia “es mucho más peligrosa para los animales que la caza furtiva”.

Exhorta a los distribuidores extranjeros a informar sobre el origen de lo que compran, como el gigante británico Tesco, que rompió sus relaciones con una importante plantación de paltas keniana en octubre debido a los malos tratos a sus empleados.

“No se puede instalar un cultivo de paltas en una región salvaje como ésta”, zanja.

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