
Jueves 28 de enero de 2010| por Editorial
El ministro de Defensa, Francisco Vidal, y el comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), el general Ricardo Ortega, han anunciado el término del proceso de modernización de la flota de la rama castrense. Ésta se inició durante la administración del Presidente Ricardo Lagos con la compleja decisión que hubo que adoptar respecto a la adquisición de una decena de cazabombarderos nuevos F-16 a Estados Unidos (EEUU). A éstos se han sumado, según el desarrollo del programa de adquisiciones, otros 34 F-16 de segunda mano, adquiridos a Holanda, y tres aviones cisterna KC 135, así como doce naves Super Tucano de instrucción y 12 helicópteros Bell 412.
De este modo, la primera línea de combate de la FACh quedará integrada por 44 naves F-16 y 16 F-5. Esta formación constituye, sin duda, uno de los bloques más compactos y modernos de la zona en el campo de la aviación militar, lo que ha transformado a la FACh en una "potencia" regional, al decir del titular de Defensa. Esta cualificación del material de que dispone la Fuerza Aérea, como es lógico en el plano de las relaciones internacionales, puede causar cierta inquietud en el exterior e incluso análisis crítico de expertos y think tanks multilaterales independientes, que suelen ubicar a Chile dentro de las naciones del área que más gastan en armamento en términos del porcentaje de su PIB. Esta observación, en todo caso, es también habitualmente refutada por nuestras autoridades, que subrayan las dificultades comparativas y los distintos instrumentos de medición que se utilizan.
En rigor, sólo con Argentina se podrían contrastar montos de inversión, debido a que en el marco de las medidas de confianza mutua se estandarizaron parámetros bajo la supervisión de Cepal. Aunque se intentó avanzar con Perú en una dirección similar, la particular relación con este país -y su decisión de instalar un litigio limítrofe ante la Corte de La Haya- trabaron un eventual acuerdo.
Con todo, la modernización de la FACh y de las otras instituciones armadas, financiada con los altos precios mundiales del cobre en el marco de la respectiva Ley Reservada, precisamente por su sensibilidad respecto del escenario vecinal, demanda señales moderadoras tanto en el nivel de los hechos como del discurso público.
En este contexto han resultado llamativas, por tanto, las expresiones del general Ortega, que entre otras líneas manifestó: "Todos los que nos están mirando, todos los que están alrededor nuestro, saben que tenemos capacidad de golpear fuerte". Si bien también el alto oficial reivindicó el principio disuasivo que encuadra la política nacional de compra de sistemas de armas para las Fuerzas Armadas (FFAA), el concepto mismo de disuasión supone la idea de la contención, de la existencia de una advertencia implícita o latente en relación a un potencial oponente, en la línea de inhibir eventuales propósitos agresivos. Por lo mismo resultan fundamentales la frialdad y prudencia de los actores políticos y militares en un ámbito como la defensa nacional, donde todos los estados son particularmente sensibles y vigilantes.