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Lunes 23 de enero de 2012| por Jens Glüsing / Der Spiegel - foto: EFE
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El epicentro del poder brasileño se encuentra en el cuarto piso del Palacio del Planalto de Brasilia, la capital de la nación.
La ministra de planificación Miriam Belchior pasa de prisa rumbo al despacho de la jefa de gabinete Gleisi Hoffmann, para analizar con ella un programa de inversiones por varios miles de millones de reales destinado a combatir la pobreza. Es saludada a su paso por Ideli Salvatti, la mujer que maneja las relaciones del Gobierno con el Congreso.
Dos pisos más abajo, la secretaria de prensa Helena Chagas habla por teléfono. Dondequiera uno mire en este palacio de mármol blanco, hay mujeres ministras, mujeres asesoras, mujeres expertas y mujeres subsecretarias.
Dilma Rousseff es la primera Jefa de Estado mujer del país más grande de América Latina y ha designado mujeres en muchos de los más importantes cargos de su Gobierno. Hay 10 de ellas en el gabinete y en su círculo íntimo de asesores, todas, menos uno, son mujeres.
Pero esto no se debe a un tema de cuotas. “Dada a elegir entre un hombre y una mujer con las mismas calificaciones, ella prefiere contratar a una mujer”, dice Gilberto Carvalho, quien dirige la oficina presidencial.
No es difícil encontrar mujeres preparadas. Las mujeres brasileñas estudian por más tiempo y van a la universidad en mayores números que sus contrapartes masculinos. Aunque el país tiene su buena dosis de machismo, la sociedad misma tiene características claramente matriarcales. Los hombres mandan en la calle, pero las mujeres dominan en todo lo demás.
Un tercio de las familias son dirigidas por mujeres. Los beneficios infantiles, conocidos como “bolsa familia”, se les pagan a las mujeres porque son más responsables con el dinero.
Aún así, las mujeres que trabajan ganan un tercio menos que los hombres en el mismo puesto. Las cuotas sólo existen en la política: por ley, 30% de todos los candidatos en las elecciones para alcaldes, gobernadores y parlamentarios deben ser mujeres.
Hasta ahora, esta estipulación sólo se ha cumplido muy parcialmente. “Los partidos políticos aseguran que no pueden encontrar suficientes mujeres calificadas”, dice Marta Suplicy, vicepresidenta del Senado. “Pero eso es una excusa. Simplemente no le ponen mucho empeño”, dice.
Los más enconados opositores a las iniciativas para promover a las mujeres se encuentran en el Congreso brasileño.
Los grupos religiosos y alianzas patriarcales masculinas bloquean todo intento de liberalización en temas como, por ejemplo, el aborto. “Afortunadamente tenemos fuerza en el Gobierno y debemos agradecer por ello a la Presidenta”, dice Suplicy.
Gilberto Carvalho, el popular jefe de la Oficina Presidencial, es el único macho influyente. Carvalho trabajó para el predecesor de Rousseff, Lula da Silva, durante ocho años, y nadie sabe moverse mejor que él por los corredores laberínticos del poder.
“Gilbertinho”, como le llaman afectuosamente las mujeres de Rousseff, es como un hermano mayor para ellas.
Carvalho recuerda que los hombres utilizaban con frecuencia expresiones machistas en el palacio presidencial durante la época de Lula. Sin embargo, eso no impidió que Lula preparara a una mujer como su sucesora.
Rousseff gobierna ahora sobre el bastión tradicionalmente masculino de Brasilia con puño de hierro. Ya ha reemplazado a 7 ministros, 6 de ellos por corrupción.
Los patriarcas de los partidos afectados en su coalición de Gobierno se golpearon el pecho y la amenazaron, pero la Mandataria se negó a dejarse intimidar.
La limpieza política de Rousseff ha sido claramente efectiva. Ninguno de sus antecesores fue tan popular al año de sus presidencias como ella es ahora.
No le tomó mucho tiempo salirse de la sombra de Lula, convertido en héroe nacional.
Pero la dama de hierro de Brasil tiene liderazgo muy diferente que el de su jovial antecesor. “Lula actuaba por impulso e instinto”, dice Carvalho. En cambio, Rousseff es más distante de su equipo.
Y odia negociar con los pesos pesados de los partidos, los gobernadores y los parlamentarios. Lula viajaba todas las semanas a algún rincón diferente de este gigantesco país y rara vez pasaba más de dos días seguidos en la capital.
Los dos son también muy diferentes en su enfoque de la política exterior. El Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad fue recibido por Lula con los brazos abiertos. Pero evitó deliberadamente Brasil durante su reciente viaje por América Latina. Ello se debió en parte a que Rousseff criticó al régimen de Teherán, antes incluso de asumir la Presidencia, por el trato medieval que da a las mujeres.
Rousseff vive en el Palacio Alvorada, la residencia oficial de los presidentes brasileños, con su madre y una tía. Su confidente más cercano es Carlos Araújo, un ex guerrillero, camarada de armas suyo, que también es su ex esposo y padre de su hija.
El diario “O Globo” califica a las más poderosos colaboradoras de la Jefa de Estado “las Amazonas del PT” (por el Partido de los Trabajadores).
El grupo incluye a la jefa de gabinete, la ministra de Planificación y la ministra de Relaciones Institucionales, responsable del contacto con el Parlamento.
La cara más conocida del trío es la jefa de gabinete, Gleisi Hoffmann. Los hombres del Congreso se burlaban de esta rubia de ojos color miel, llamándola “la Barbie de Dilma”. Pero Hoffmann es una ruda administradora y prontamente puso en su sitio a los parlamentarios.
Actualmente, Hoffmann está supervisando el financiamiento de los estadios que albergarán el campeonato mundial de fútbol 2014, así como la ampliación de los puertos y proyectos de energía.
“Las mujeres tienen que trabajar el doble de los hombres para obtener el mismo reconocimiento”, dice Hoffmann. Rara vez llega a su casa antes de las 10 de la noche, cuando sus hijos están en cama, cuidados por una empleada doméstica. “Esto es típico de este país: las mujeres cuidan a las mujeres”, explica.
Una mujer para hacerse cargo de Petrobras
La gigante Petrobras anunció este lunes que cambiará su presidente y nominó para el puesto a la actual directora de Gas y Energía, Maria das Graças Foster, primera mujer que estaría a cargo de la petrolera con el desafío de ampliar los horizontes de la mayor empresa brasileña.
El ministro de Hacienda y “presidente del Consejo de Administración (de Petrobras), Guido Mantega, manifestó que enviará como propuesta a ser considerada en la próxima reunión (del órgano), el 9 de febrero, la nominación de la actual directora de Gas y Energía, Maria das Graças Foster, para presidir Petrobras”, informó la empresa petrolera en una escueta nota oficial.
Foster, de 58 años, tiene un perfil técnico y un carácter de hierro, y es de la entera confianza de la Presidenta Dilma Rousseff, según analistas del sector, y sustituiría a Sergio Gabrielli, de 62 años, en la Presidencia de la gigante petrolera desde 2005.
El anuncio fue realizado luego de que la prensa brasileña informara de un cambio en la dirección de Petrobras tras resultados financieros decepcionantes.
Mientras en 2010, Petrobras era la tercera petrolera en el mundo en valor de mercado con 228.000 millones de dólares, a fines de 2011 valía poco más de 156.000 millones, según el diario “O Globo” de este lunes.