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Domingo 13 de mayo de 2012| por Patricia Schüller G.
Marcelo Ortiz, estudiante de 4° medio del Liceo Manuel Barros Borgoño, en plena movilización estudiantil, entró un día a una sala de clases y escuchó a un profesor que explicaba a un grupo de secundarios el funcionamiento de una célula, haciendo un parangón con lo que ocurre al interior de una fábrica.
Eran los días en que los alumnos y profesores se reunían a estudiar y repasar materias, mientras los colegios permanecían tomados y los secundarios gritaban sus demandas en las calles. Marcelo es un convencido que la explicación que dio el maestro acerca de cómo opera una célula nunca se les olvidará a los escolares.
La experiencia la puso como ejemplo al detallar cómo se realizó la autogestión en su plantel durante el lanzamiento del libro “Trazas de utopía: La experiencia de autogestión de cuatro liceos chilenos durante 2011”, que se realizó el jueves pasado en la Sala Ricardo Donoso del Archivo Nacional.
El documento, de 134 páginas, publicado por Editorial Quimantú, el Centro Alerta /OPECH y el Colectivo Diatriba recoge, a través de entrevistas a estudiantes , profesores y apoderados, las vivencias y prácticas emancipadoras que desarrollaron el Liceo Eduardo de la Barra, de Valparaíso; el Liceo Luis Galecio Corvera A-90, de San Miguel; el Liceo Manuel Barros Borgoño, de Santiago, y el Colegio República de Brasil D-519, de Concepción.
La contratapa del libro resume el objetivo del proyecto: plasmar la autogestión que es “un proyecto para el presente, que recupere la herencia del pasado, pero fundamentalmente que tenga como horizonte de mañana esa utopía que nos permite seguir soñando con un mundo mejor…”.
El reloj marca las 19 horas y la Sala Ricardo Donoso está repleta. Estudiantes, profesores y también algunos apoderados no quieren perderse detalles del lanzamiento de este libro cuya idea nació en septiembre del año pasado, en un viaje a Concepción, recuerda Mario Ramos, coordinador de Quimantú.
Explica que este trabajo responde a la línea de acción que está desarrollando la editorial. “Nos estamos acercando a gente que está haciendo un trabajo concreto en el movimiento social o que está realizando estudios al respecto”.
El libro es fundamentalmente una experiencia de autogestión, subraya a Nación.cl. “Quimantú es en la actualidad una editorial autónoma, independiente y autogestionada. Y el lema que nos guía es que las cosas se construyen a pulso”, señala.

Aprovechando las semanas que estuvieron en toma, los estudiantes, profesores y apoderados del Liceo A-90 de San Miguel, ubicado en calle Darío Salas 5270, que fue cerrado por la Municipalidad de San Miguel, ensayaron un proyecto educativo que consistía, entre otros aspectos, la reducción de las horas pedagógicas.
Los profesores combinaban sus clases tradicionales con clases no tradicionales donde se trataban temas de contingencia.
Cristóbal Espinoza, vocero de los alumnos, cuenta que mientras estuvo tomado el liceo cerca de 132 estudiantes estuvieron en clases “con 7 profesores. Redujimos las horas escolares e invitábamos a gente importante a dar charlas”.
A causa de las movilizaciones estudiantiles, el recinto permaneció 7 meses tomado y la autoridad municipal señaló que era “inviable” que continuara funcionando.
El estudiante de 3° medio, ahora alumno del Liceo Andrés Bello, de San Miguel, dice que el libro plasma “cómo quisimos la educación y cómo la formamos. La autogestión la vemos como la democratización de nuestros espacios y la autonomía organizativa".
Subraya en este punto que "se debe terminar con el decreto 524 que rige los centros de alumnos y las formas de organización dentro de los liceos. Y que al final conlleva a más represión al interior de los colegios".
Marcelo Ortiz, del Barros Borgoño, remarca que lo más importante de la experiencia “fue la retroalimentación que se produjo entre alumno y profesor. Ya no podemos estar pensando en que el maestro viene a instalarse a la clase a pasar materia sin que importe si el estudiante aprende o no”.
“Se pueden llevar muchas ideas de la autogestión a la sala de clases como es la horizontalidad en la relación entre docente y alumno. Y no significa que se le falte el respeto al profesor ”, añade.
La experiencia vivida en el Colegio República de Brasil D-519 es relatada en el libro por el estudiante de 4° medio Oscar Aguilera, cuando se le pregunta ¿qué materia, asignaturas o talleres se hacen en el colegio autogestionado?
“En un principio se tomó Matemática y Lenguaje, después, porque al principio teníamos pocos profesores. Incluso tuvimos que hacer clases nosotros los mismos alumnos. Después se agregó Inglés, y creo que esos han sido los 3 ramos”, cuenta.
En el caso del Liceo Eduardo de la Barra, de Valparaíso, el texto registra lo ocurrido el 2 de noviembre del año pasado, en el marco de una conversación con los estudiantes Jean González, de 2° medio, y Karina Risco, del mismo curso.
Jean cuenta que “la experiencia de la autogestión empieza por la necesidad de saber, de cultivarse como persona, ya que en el liceo común y corriente solamente nos vomitan información o conocimiento y nosotros en las pruebas seguimos vomitando eso y así sucesivamente. En cambio acá compartimos conocimiento mutuamente y satisfacemos esas necesidades: de saber porque queremos, no porque tenemos que saberlo”.
Karina agrega: “También nace como una experiencia buena, porque aquí aprendemos a pensar qué es lo mejor de esta experiencia de autogestión ya que nosotros mismos nos educamos”.