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  Lo que el genoma humano no ha cumplido

  Tras su secuenciación completa el 2001, Francis Collins, uno de los líderes del proyecto que permitió la hazaña genética, afirmó que el 2010 ya habría drogas especialmente diseñadas para tratar enfermedades de cada ser humano, pero sus afirmaciones se han diluido igual que las expectativas inmediatas que generó su investigación.

Lunes 7 de junio de 2010| por Philip Ball (*)

Hace dos años, el primer borrador del genoma humano fue saludado como una nueva era en la medicina genética. Según Francis Collins, líder del Consorcio para la Secuencia del Genoma Humano y actual jefe del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, el conocimiento obtenido permitiría diseñar curas específicas al perfil genético individual de un paciente, una visión que sugirió podría hacerse realidad para el 2010. Usted habrá notado que ello no ha ocurrido.

El impacto médico del Proyecto de Genoma Humano (HGP, en inglés) ha sido hasta ahora mínimo. La afirmación de Collins el 2001 de que "se crearán nuevas 'drogas de diseñador', basadas en los genes, para la diabetes, la hipertensión, las enfermedades mentales y muchas otras condiciones", ya no parece ser un resultado inevitable de la decodificación de los aproximadamente 21 mil genes humanos. ¿Estábamos engañados?

No exactamente. Pero la distancia entre las promesas y los logros refleja el hecho de que el HGP fue, como los descensos en la Luna, un triunfo de la capacidad tecnológica más que del conocimiento científico. Es normal que quienes prometen avances científicos sean lentos en concretarlos. Y no hay duda de que conocer la secuencia de la totalidad de los 3 mil millones de componentes de nuestro ADN ayudará a la investigación sobre los orígenes y evolución de los humanos.

Nuevas medicinas

Pero ¿por qué no se han traducido los datos del genoma en nuevas medicinas, que es su verdadero argumento de venta? En parte porque pasar del conocimiento de un gen ligado a una enfermedad a una terapia viable ha demostrado ser inmensamente engorroso, incluso para una enfermedad como la fibrosis quística, causada por un solo gen con falla.

Cuando los componentes genéticos implican todo un conjunto de genes, como ocurre en muchos males comunes como el cáncer y las enfermedades cardíacas, la tarea es aún más difícil. El problema real, sin embargo, es que simplemente no entendemos qué hace un genoma. De más está decir que esto es embarazoso, especialmente para un proyecto que cuesta unos 3 mil millones de dólares.

El HGP no estuvo impulsado por una hipótesis, más bien fue un engaño colectivo de que los beneficios aplicados iban a salir de alguna manera de todos los datos. Esta actitud no salió de la ignorancia de los científicos, sino de su errónea percepción del conocimiento. Para ponerlo en forma cruda, la visión sobre la genética antes del desarrollo del HGP era más o menos la siguiente: nuestros genomas están formados por genes que dirigen la síntesis de las proteínas. Estos genes están alojados en una gran cantidad de "ADN basura" que la evolución jamás ha arrancado. La translación de gen a proteína se da sobre una base de más o menos uno a uno, vía la mediación de las moléculas de ácido ribonucleico que actúan como plantillas para la concentración de proteínas.

Desde 1993, cuando se inició el proyecto HGP, ha habido pocas revisiones de esta teoría. Un gen en particular podría no tener una relación única con una particular proteína. La mayor parte del ADN basura no es para nada basura, sino que tiene un rol biológico que todavía se desconoce. Los genes no están necesariamente colocados de una simple manera lineal en los genomas. La actividad de los genes se ve afectada por muchas cosas no explícitamente codificadas en el genoma, tales como de qué manera se presenta el material cromosómico y de qué manera se les individualiza con detectores químicos. Incluso en enfermedades como la diabetes, que tienen un claro componente heredado, los genes conocidos implicados parecen representar sólo una pequeña proporción de la herencia. El resto ha sido calificado como la "materia oscura" del genoma: una admisión de total ignorancia.

Después de que Francis Crack y James Watson descifraron el enigma de la estructura molecular del ADN en 1953, los genetistas no pudieron resistir la presunción de que no quedaba nada por conquistar. Comenzaron a ver el ADN como el "libro de la vida", el que podía leerse como un manual de instrucciones. Parece ahora que el genoma podría ser menos una lista de piezas y más como el sistema del clima, lleno de complicadas retroalimentaciones e interdependencias.

Determinismo genético

Uno de los legados más perniciosos del paradigma establecido fue un nuevo determinismo genético: que somos lo que nuestros genes nos hacen ser. Por supuesto, los genetistas protestarán: no creemos realmente eso, es sólo un atajo conveniente. Pero Watson, uno de los promotores clave del HGP, dijo durante la génesis del proyecto que "solíamos pensar que nuestro destino estaba en las estrellas; ahora sabemos, en gran medida, que nuestro destino está en nuestros genes".

Otra noción desafortunada tras el HGP fue que se podía hacer ciencia sin hipótesis o ideas. Como lo define Jim Collins, de la Universidad de Boston: "Hemos cometido el error de equiparar la recolección de información con un incremento correspondiente en el conocimiento y el entendimiento".

¿Qué viene entonces ahora? Es posible que aquello que todavía no conocemos del genoma sea una masa horrible y ardua de detalles. Pero los ingenieros que escudriñan en el cuerpo humano argumentarían que la robusta operación de algo tan complejo debe depender de algunos principios generales amplios. Conocemos sin duda uno de ellos (la relación entre la secuencia del gen y la estructura de la proteína), pero ya no podemos seguir engañándonos con que ésta es la historia completa. Y no descubriremos las otras sumergiéndonos en el océanos de datos del próximo "oma": el proteoma, el epigenoma, el metaboloma. Necesitamos un pensamiento original.

(*) Philip Ball, escritor científico, su libro más reciente es "El instinto de la música".

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