
Jueves 21 de junio de 2012| por Claudio Leiva Cortés
¿Sabía Ud. que una larva de mosca puede dar la data de muerte de una víctima? ¿O si ésta consumió alguna sustancia? ¿Incluso si un menor o un anciano fallecieron por abandono? Éstas son algunas de las maravillas que puede hacer la entomología forense, ciencia que estudia la fauna de insectos presente en los cadáveres en sus distintos estados de descomposición.
Una charla sobre los últimos avances de esta disciplina la dio el sargento 2° Aarón Jara Peñailillo, entomólogo del Laboratorio de Criminalística de Carabineros (Labocar), en el seminario “Actualización de la Investigación Científica, Primer Encuentro entre Peritos y Abogados”, que se realizó entre el lunes y miércoles pasados en la Universidad Santo Tomás de Valdivia.
El miércoles, el sargento Jara se explayó sobre el tema “Entomología al servicio de la justicia” y dio ejemplos de su exitosa aplicación en algunos crímenes que provocaron conmoción pública, como el brutal descuartizamiento del joven Hans Pozo en marzo de 2006 en la capital. De hecho, este caso inauguró la entomología forense en Chile y Jara fue su primer especialista.
El sargento explicó a los asistentes al seminario que tras analizar las diez partes en que fue seccionado el cuerpo de Hans Pozo, éstas presentaban larvas de moscas necrófagas en el mismo estado de desarrollo. Esto llevó a los investigadores a concluir que los restos estuvieron refrigerados antes de ser arrojados en diferentes partes en Puente Alto y San Bernardo.
Pero como el cuerpo del joven de 20 años no cabía en un refrigerador doméstico, la policía comenzó la búsqueda de un sospechoso que tuviera un congelador industrial en el sector donde vivía Pozo, en Santa Rosa con Venancia Leiva. De esa forma, el OS-9 de Carabineros llegó hasta la heladería de Jorge Martínez Arévalo, quien se suicidó en ese mismo local cuando estaba a punto de ser detenido.
En su charla, el sargento Jara explicó que la principal aplicación de la entomología forense es la determinación del intervalo postmortem o data de muerte, es decir, el tiempo transcurrido entre el fallecimiento de la víctima y el momento en que es hallado el cadáver. Esta data se puede determinar según el estado de desarrollo de las larvas de moscas necrófagas.
Explicó que los cadáveres presentan cuatro etapas de descomposición:
1.- Cromática (se pierde el color y el cuerpo adquiere un blanco pálido).
2.- Enfisematosa (hinchazón por los gases).
3.- Policuativa (desaparecen los gases y los líquidos putrefactos y se desprenden el pelo y las uñas).
4.- Esqueletización (se pierden todos los tejidos y aflora la osamenta).
En cada una de estas etapas, indicó Jara, aparece una serie de insectos que buscan un tipo específico de alimentos y esta particularidad permite su aplicación en casos muy difíciles de resolver.
Pero la entomología forense, añadió el especialista del Labocar en el seminario, también tiene otra aplicación tan importante como la anterior: descubrir si el cuerpo fue trasladado de un sitio a otro y si la víctima murió en el mismo lugar en que fue encontrada.
Precisamente, el sargento Jara ayudó a aclarar el asesinato de la universitaria Cecilia Julio, asesinada en Antofagasta en diciembre de 2010. Su análisis determinó que la joven no murió en el taller de Daniel Rojas Pool, como afirmaba este sujeto, sino que en el desierto, donde fue encontrada un mes después de desaparecer. Gracias a este peritaje, se confirmó que Rojas secuestró y asesinó a Cecilia Julio.
Otras aplicaciones de la entomología forense son la detección de drogas y medicamentos (al consumir el cadáver, las larvas también ingieren los químicos); posible estado de abandono de la víctima (es el caso de ancianos y menores infectados con insectos antes de morir), y eventuales negligencias médicas (por ejemplo, mal aseo quirúrgico).
Pero no sólo se usa en cadáveres. En casos de violaciones, se examina a la víctima en búsqueda del Pthirus pubis (ladilla) y después se revisa a los sospechosos, para ir cerrando el círculo, especialmente cuando estos ultrajes ocurren dentro de una familia.
El sargento tiene 20 años en la institución y 10 en el Labocar, estudió Entomología General en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de la capital, pero la enfocó al ámbito forense. Luego se especializó en el SAG e hizo una pasantía en el Museo de Historia Natural de Buenos Aires. También es miembro de la Asociación Europea de Entomólogos Forenses.
En su exposición también recalcó que la entomología forense es una ciencia relativamente desconocida y de poco uso por parte de los fiscales. En ese sentido, destacó que esta disciplina puede ser de gran utilidad para el esclarecimiento de los homicidios más complicados, todo gracias al estudio de los insectos presentes en el cadáver y en la escena del crimen.