
Domingo 29 de agosto de 2010| por Felipe Castro / La Nacin Domingo
Érase una vez una princesa que estaba dormida, o tremendamente sola, o insoportablemente aburrida. Un buen día llega un príncipe encantado, de preferencia rubio, con ojos azules y dientes blancos, brillantes y derechitos. Montado en su noble corcel, despoja a la muchacha de su letargo y la lleva a vivir a un castillo encantado donde son felices para siempre. Sin cabros chicos gritones, sin una pega irritante y sin fines de mes a los que llegar.
Algo así es lo que dicen a grandes rasgos casi todos los cuentos infantiles que las madres y padres transmiten a sus hijas y que, encontrando su imagen arquetípica en la historia de la dulce Blancanieves, terminan generando demasiadas expectativas en la pequeña que escucha e imagina sonriendo cómo se viene el panorama cuando sea grande.
El duro aterrizaje en la realidad es objeto de muchas de las desilusiones que a la siquiatra Cinthia Cassan le toca presenciar en los talleres de sexualidad que realiza, donde sólo son convocadas mujeres. En un acto de catarsis afloran miedos, frustraciones y latas de la vida en pareja, que surgen sobre todo cuando de la apasionante montaña rusa que es el enamoramiento, se pasa al tranquilo y monótono carrusel que puede ser el amor en su etapa madura.
"Una de las cosas más comunes es cuando se desmitifica la complementariedad absoluta con el hombre amado, complementariedad que en un comienzo es sexual también", indica la especialista de origen argentino, afincada en Santiago el suficiente tiempo como para que cueste un poco pillar su acento trasandino. "Parece que la gente piensa que todo tiene que ser como en las películas lo que, trasladado al plano sexual, se traduce en el querer vivir en una constante película pornográfica. O sea, se vive pensando cómo el sexo debe ser y no en cómo disfrutarlo".
Es así como en esta búsqueda del "deber ser", la doctora Cassan fue notando que hay una serie de mitos e ideales que persiguen constantemente a la mujer y que son culpables de muchos de los dolores de cabeza y frustraciones, tanto en el plano emotivo como en el plano sexual.
"En esta cultura estamos perseguidos por el mito de Príapo (ver recuadro), que es este dios del bosque que tenía una potencia sexual eterna, permanente, sin ninguna caída. Pero resulta que en la realidad, vivimos momentos donde las cosas se dan al revés: nos encontramos con hombres desganados, sin deseo y mujeres con ganas, con libertad sexual e independencia económica que, sin embargo, las aleja de establecer una pareja con un hombre", acusa la doctora, que desde su experiencia clínica comprende plenamente las astronómicas ventas del Viagra y sus derivados.
No me venga con cuentos
"El mito es un relato ordenador, una explicación de la realidad. Pero por lo mismo, como relato, siempre es relativo", explica el sicólogo e investigador Gonzalo Abrigo, quien insiste en que cuando se derriba un mito, siempre habrá otro atrasito de él, esperando para ser levantado. "Sin duda el mito del príncipe azul sigue muy vigente gracias a Disney y a Hollywood. Y no sólo afecta a las mujeres, sino que también a varones que asumen esta posición, este juego de príncipes azules, para luego devenir en grises, para desventura de la mujer".
En relación al mito de Príapo, Abrigo plantea que "pese a ser un mito más ligado a la adultez, surge como fantasía que sólo aspira a la satisfacción sexual como felicidad absoluta. O sea, el miembro y la disponibilidad sexual como fuente de felicidad eterna, independiente de la convivencia o el proyecto afectivo, o como tótem ordenador de una relación", dice el especialista que nuevamente observa en los varones una tendencia a comprar el cuento: "Basta con escuchar una conversación sobre mujeres entre amigotes que beben cerveza en un after office".
"Creo que el mito del enamoramiento sigue siendo el relato más efectivo de la vida cultural, alimentado permanentemente por la ficción novelística, la música popular y las artes en general.
Este es el relato con mayor aprobación social. Sigue siendo un intocable de la cultura a pesar de todos los porrazos que ofrece la tragedia shakespereana", remata el especialista.
Autoayúdese
A los talleres de la doctora Cassan llegan mujeres con dificultades sexuales concretas e innegables; algunas sin dificultades sexuales pero con ganas de armar pareja y preguntándose porqué la cosa no funciona. Otras que tienen pareja pero que ven poco disfrute sexual al interior de la misma. "Te diría que la situación actual es bastante complicada a nivel de parejas y sexualidad", sentencia.
Una vez al interior del grupo se potencia entre las asistentes el autoconocimiento, "el contacto consigo mismas, con su propia sexualidad, fantasías y deseos, para así lograr un estado mayor de plenitud y satisfacción". Para ello es importante generar instancias para escucharse a sí mismas y a las demás, reflexionar sobre los propios modos de goce y de obtención de placer.
Otra cosa importante es trabajar sobre los eternos juegos de seducción. "Muchas mujeres se quejan de que el hombre en el período de conquista les regala flores, demuestra interés, lo que decae notoriamente con el paso del tiempo", indica la siquiatra. "En este punto hay que tratar de buscar por qué esto se acaba y entender que en parte es porque es normal. Una vez que esto se comprende, hay que favorecer que se permitan espacios para que se genere el deseo. Saber que el deseo nace con la distancia, con la novedad. Que si estamos todo el tiempo juntos y te llamo a cada rato para saber dónde estás, no hay espacio para que el otro te llame", apunta.
Y de nuevo, no ser flojas y pensar que la seducción se encuentra en una película o se copia de un manual, ya que según la especialista argentina "hay que encontrar los propios modos de ser. Esto no pasa por ponerse tal faldita o por ponerse tal sostén. La cosa está en encontrar en cada pareja qué es lo que los hace contactarse con lo que les erotiza. Gran parte de los problemas es pensar en que hay un modo "correcto" de seducir y una ropa o un escenario "correctos" para este juego. Pero ojo, que ahí radica el pensar que también existe el cuerpo, los pechos o los labios "correctos". Y cuando lo que se busca no es un encuentro casual si no el amor y la pasión sostenida, no lo hacen tales labios o tal cuerpo. Y ahí es donde las mujeres estamos confundidas".
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Las versiones de su origen son disímiles, pero se trata básicamente del hijo de un dios (que puede ser Dionisio, Hermes, Zeus o Adonis, según la versión) y una diosa (que puede ser Quione o Afrodita), que siempre figuró como segundón, relegado a ser una divinidad campestre y guardián del hogar y las cosechas. Se solía representar con un enorme pene en perpetua erección o en posición fálica, símbolo de la fuerza fecundadora de la naturaleza. Su función era la de garantizar una abundante cosecha, alejar el mal de ojo y su estatua protegía las huertas de los ladrones. Por sus condiciones físicas, su figura siempre fue utilizada por los poetas en situaciones cómicas y obscenas, y tuvo un protagonismo literario mayor del que gozó en los ritos y la religión, si bien las figuras fálicas enmascaradas destacaban en muchas ocasiones festivas, tanto en Grecia como en el mundo romano. Sin embargo, a pesar de estar tan "bien dotado", su vida amorosa fue muy triste; su primer amor, la ninfa Lotis, suplicó aterrorizada a los dioses ser convertida en planta antes de ceder a sus requerimientos amorosos y éstos la transformaron en el loto. Su otra amada, la diosa Vesta, le rechazó de tantas maneras que el dios intentó acostarse con ella mientras dormía, pero un asno la despertó con sus rebuznos y escapó a tiempo. Desde entonces en los desfiles en honor a la diosa le colocan al animal guirnaldas de flores. |
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LA VIDA ES LARGA Y DURA Los talleres de sexualidad femenina de la doctora Cinthia Cassan (cinthcass@gmail.com) se realizan idealmente los jueves al atardecer. En parte gracias a ellos la especialista conoce no sólo por libro los misterios de la sexualidad en general. Y como extranjera afincada en Chile, es una observadora lúcida del panorama sexual nacional, que prefiere descomponer por edades: -Adolescencia: hay una liberalidad sexual con poco cuidado. He ahí el número de embarazos que es tan amplio en este país. Es un tema que siempre está en el tapete, que involucra a muchos actores y que siempre genera preguntas en torno a la educación en el país. -Universidad (20-30): tienden a haber dos sectores: los que se dedican a vivir la sexualidad ligada al goce sexual y otros que se preocupan por una constante búsqueda de la pareja. -Casamiento: período de plenitud hasta el nacimiento del primer hijo, desde el cual empieza a decaer la buena sexualidad y los esposos pasan a convertirse más en padres que en amantes. Éste es también un momento muy interesante, en el cual hay que empezar a cultivar el cómo mantener el erotismo a lo largo de la vida en una situación de pareja estable. -Salida de los hijos del hogar: cuando las parejas no recobraron, después de los hijos, una vida de disfrute entre ellos, de intereses, de compartir una intimidad que en general va asociada a la vida sexual pero no es sólo eso, se tienden a generar quiebres. -Adultos mayores: se está generando un quiebre con percepciones anteriores, que implican una valorización de la sexualidad en adultos mayores. |